Cortina de sellos

Escribe Antonio Jiménez que la tentación del gobernante en apuros por desviar el foco de atención ciudadana hacia otros asuntos, lejos de su persona y responsabilidad, es más antigua que la humedad.

Una mediocre película de Barry Levinson narra de forma extrema y descarnada los intentos de un presidente de Estados Unidos por liberarse de una acusación de abusos a una menor «fabricando» una «cortina de humo», que así se titula el filme, en forma de conflicto bélico en Albania para desviar la atención de su caso.

Dustin Hoffman y Robert de Niro, en los papeles de asesor presidencial y director cinematográfico, cumplen con el cometido y filman imágenes de una supuesta guerra en un estudio que, sin embargo, no impide que al final la cortina se descuelgue y la farsa quede al descubierto en todo su perverso y miserable montaje.

La realidad, a veces, iguala y supera a la ficción. De Clinton se decía que cada vez que arreciaba el caso Levinsky, ordenaba bombardear el Irak de Sadam Hussein.

El negocio de los sellos estaba en la agenda de los sabuesos de la Agencia Tributaria desde hacía más de un año, pero hete aquí que no se desveló justo hasta un día después de que un juzgado hiciera pública la sentencia condenatoria del caso Bono-Alonso que le costó el cargo al delegado del gobierno en Madrid.

Estamos demasiado curtidos en miserias políticas como para aceptar más casualidades o inocentes coincidencias. El caso de los sellos ha estallado, y hay quien opina que a la Agencia Tributaria se le ha ido la mano y ya veremos si no acaba como Rumasa, pero no ha conseguido desviar la atención sobre las responsabilidades políticas del ministro Alonso en la detención ilegal de los dos militantes del PP.

Los populares han mordido carne gubernamental y por más que Zapatero califique como bufonadas sus excesos por denunciar el asunto, éstos no van a soltar la pieza.

Otra cosa es que consigan abatirla, pero que se prepare el titular de Defensa para sufrir un largo y penoso quinario político, casi similar al que algunos de sus colegas de gobierno, entonces en la oposición, depararon a su antecesor popular Federico Trillo. Al fin y al cabo no es más que jarabe de la misma receta política.

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