Fernando Martín, el paleto que se creyó Onassis

Fernando Martín, el paleto que se creyó Onassis

(PD).- La historia de Fernando Martín es la de un provinciano sin convicciones, con una enorme ambición económica y una autoestima disparada. “Es” -dicen los que lo conocen a fondo- “un fanfarrón con escrúpulos muy justos”.

Según cuenta Fernando Giner en la revista Época, esta última nota explica en buena parte por qué la banca privada y, desde luego, la oficial, el Instituto de Crédito Oficial (ICO), no se han fiado de él. Martín quería que éste le concediera 150 millones de euros en base a una promesa y dos proyectos; la promesa era la que, según él y sus allegados, le había hecho personalmente el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero, por una vez, las cosas no parecen ser totalmente como las ha contado Martín: lo cierto es que Zapatero recibió, eso es cierto, una petición, más o menos formalizada, del aún presidente de Martinsa-Fadesa para que el ICO se comprometiera en la salvación de la más importante inmobiliaria del país.

Pero Zapatero, con su talante habitual, no se pronunció ni a favor ni en contra; sí pudo decirle incluso (esta vez por persona interpuesta) que el problema era que la Unión Europea no admite la posibilidad de ayudas directas del Estado.

Es absolutamente seguro, sin embargo, que en la reunión que mantuvo con la Oficina Económica del Gobierno, los responsables de ésta le ofrecieron garantías de ayuda.

¿Qué tipo de garantías? Nadie quiere reconocerlas ahora. Pero Fernando Martín, en su suficiencia un tanto aldeana, entendió que el asunto estaba resuelto y por ello presentó al ICO una triple promoción en Marruecos, Hungría y Polonia; es decir, urgía el dinero no para enjugar pérdidas domésticas, sino para financiar viviendas en estos tres países, donde se supone que la crisis no tiene la misma virulencia que en España.

Además, Martín, asesorado quizás por su consejero delegado de ida y vuelta (el otra vez directivo de Caja Madrid Carlos Vela), ofreció abrir una ampliación de capital antes del próximo mes de octubre por valor de 300 millones de euros. Tampoco esta idea tuvo gran acogida, ni en los medios financieros privados, ni en los públicos.

Así, Martinsa-Fadesa, el sueño desmedido de un antiguo químico que en sus inicios hizo piruetas políticas, primero entre los liberales de Ignacio Camuñas, del que era prácticamente un secretario, y luego como responsable de Organización de UCD en Valladolid, se vino abajo hasta tal punto que el pasado martes, con la cotización cerrada por mandato de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la empresa de la que Martín posee un 45% apenas llegaba a los 680 millones de euros de cotización, siendo así que la deuda estimada de la sociedad asciende a más de 5.000 millones de euros. Es decir, bancarrota.

En estas condiciones, el porvenir empresarial e incluso personal de Martín está extraordinariamente comprometido; no goza de confianza empresarial alguna y el Estado, que sí ha ayudado a otras empresas en crisis como Urbis o la Habitat de Bruno Figueras, no tiene la menor intención de sacarlo del pozo en que le ha introducido su desmedida presunción. Queda por conocer ahora cuál es la auténtica situación económica del propio Martín, porque si, como se advierte, tiene un endeudamiento particular sobre las acciones de Martinsa, no es improbable que incluso su peculio individual quede afectado hasta extremos ahora mismo no mesurables.

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