¿Qué consejo ofrecería Keynes a Paulson?

¿Qué consejo ofrecería Keynes a Paulson?

(David Ignatius / PD).-En tiempos así, en los que hasta los analistas más sosegados se preguntan si nos dirigimos a otra Gran Depresión, es inteligente respirar hondo, enfriar la cabeza y desempolvar un ejemplar del tratado de John Maynard Keynes de 1936, modestamente titulado “Teoría general del empleo, el interés y el dinero.»

La mayoría de nosotros recordamos a Keynes de nuestras clases de económicas como el tipo que defendía el gasto deficitario durante los períodos de ralentización económica para estimular el crecimiento. Y ciertamente eso era parte de su argumento. Pero al retomar «Teoría general,» lo sorprendente es que es un libro acerca de los períodos de pánico económico y la psicología del mercado que los produce – y la necesidad posterior de intervención pública. Partes del mismo podrían haberse redactado esta semana para describir la cascada de descubiertos de Bear Stearns, Lehman Brothers y AIG.

El problema de los mercados financieros, argumentaba Keynes, consiste en que los inversores caen presa periódicamente de una forma extrema de lo que él llamaba “apetito de liquidez,” que les vuelve recelosos de invertir su dinero en nada que no sean las inversiones más seguras. “Es la naturaleza de los mercados de inversión organizados… que cuando la desilusión se apodera del mercado excesivamente optimista y no justificado técnicamente, lo hace con fuerza súbita e incluso catastrófica,” escribía. “Una vez que anida la duda, se propaga rápidamente.”

Esa es una descripción bastante buena de lo que viene sucediendo en Wall Street durante los últimos meses. Hemos pasado de una burbuja de entusiasmo injustificado, en la que los tipos de interés tenían poco que ver con el riesgo, hasta un estado de pánico en el cual las instituciones financieras son tan alérgicas al riesgo que no quieren prestar a nadie. Como observaba Keynes, “el objeto real y privado de la inversión más diestra hoy es… ser más listo que nadie, y endosar a otro el valor de cambio sin valor o en caída libre.”

La revolucionaria idea de Keynes fue que los mercados financieros no se auto-corrigen inherentemente, como había defendido la economía clásica. Abandonado a su suerte, Wall Street podría quedarse en una trampa de liquidez en la que los mercados permanecieran congelados y la inversión productiva se detuviera. De forma que recae en el gobierno tomar medidas que restauren la confianza y estimulen la inversión. “Concluyo que el deber de poner orden en el volumen de inversión actual no puede confiarse con seguridad a manos privadas,” escribía.

Lo cual nos lleva al Secretario de Hacienda Henry Paulson y la crisis financiera actual. Desde que interviniera para rescatar en marzo a Bear Stearns, Paulson ha estado intentando inyectar efectivo en los mercados, que se están atascando a causa del extremo apetito por la liquidez de los inversores. Pero cada medida de rescate no hace sino despejar el terreno al siguiente desastre — de forma que Paulson salta de Bear Stearns a Fannie y Freddie pasando por AIG, y ahora a una promesa de adquisición pública de valores de respaldo hipotecario valorada en 700.000 millones de dólares o más.

¿Qué consejo ofrecería Keynes a Paulson y al presidente de la Reserva Ben Bernanke? Su primera reacción, pienso yo, sería reiterar que los mercados, dejados por su cuenta, no van a solucionar este tipo de crisis. Necesitan ayuda gubernamental – en este caso, a una escala que habría intimidado hasta a Keynes – incluyendo la protección de los préstamos hipotecarios, apuntalar el mercado con protección crediticia, y otras medidas. Pero si estas medidas son adoptadas paulatinamente, sin amplio apoyo político, podrían servir sólo para sumarse a la inquietud de la opinión pública. En realidad ese es el verdadero temor ahora mismo: Un período de pánico en Wall Street se puede convertir en un periodo de pánico a pie de calle.

El biógrafo de Keynes, Robert Skidelsky, deja claro que a cada paso de la carrera de Keynes, intentaba pensar en general en las implicaciones políticas y sociales de la política económica. Eso fue obvio en su célebre denuncia de los onerosos pagos de compensaciones germanas, que advirtió correctamente conducirían a una futura guerra; fue obvio en la magnanimidad del sistema financiero internacional post-Segunda Guerra Mundial que ayudó a crear en Bretton Woods.

Un plan de rescate verdaderamente Keynesiano debería servir para más que para rescatar a inversores imprudentes. ¿Cómo encajarán las piezas en el diseño general? Bien, si los contribuyentes van a adquirir una porción de la compañía aseguradora más grande de la nación, tal vez esa compañía pueda servir de piedra angular de un nuevo sistema de cobertura sanitaria universal privado. Si el contribuyente va a adquirir activos inmobiliarios por valor de 700.000 millones de dólares, tal vez los beneficios eventuales puedan financiar nuevas inversiones en infraestructura o tecnología energética.

Keynes practicaba el inglés frívolo de un profesor de Cambridge, pero escuche lo que decía: “Cuando el desarrollo de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que la labor se desempeñe de forma desafortunada.» Keynes no habría intentado nacionalizar ese casino; a título personal fue un inversor activo. Pero nos recuerda que los intereses públicos son atendidos mejor sobre todo por instituciones públicas.

© 2008, The Washington Post Writers Group

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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