Díaz Ferrán: «No podemos evitar la recesión, sólo intentar que caigan menos empresas»

(PD).- Gerardo Díaz Ferrán lleva poco mas de un año al frente de la patronal. El abandono voluntario de José María Cuevas le precipitó de la presidencia de la Confederación Empresarial Independiente de Madrid (CEIM) al todopoderoso trono de la CEOE. De Madrid al cielo, nunca mejor dicho. Sin embargo, no falta quien le echa en cara que no es un presidente electo, que no tiene el aval de las urnas.

A Díaz Ferrán le ha tocado bailar con la más fea, tanto dentro de su casa como fuera, con la crisis. El pasado 30 de septiembre acudió, con la patronal europea, a visitar al presidente de turno de la UE, Nicolas Sarkozy.

Comparte con él su análisis global de la situación financiera, «se trata de una crisis del capitalismo especulativo».

Como reseña Isabel Acosta en la entrevista que le hace en El Economista, Díaz Ferrán advierte de que no podemos ahora abrazar la ley del péndulo, «hay que resolver las cosas que se han hecho mal».

¿Cómo ve ahora la crisis, tras las recientes medidas adoptadas por el Gobierno?

Con más confianza. El problema de los empresarios es la falta de financiación, tanto en créditos nuevos como en renovaciones de los ya existentes, y de manera muy especial los créditos para circulante y tesorería. Las medidas que se han tomado en España, tanto los 30.000 millones de euros, ampliables a 50.000 millones, para comprar activos como los avales por un total de 100.000 millones van a contribuir al grave problema de falta de liquidez de las entidades financieras y así facilitarán que puedan dar créditos a las empresas.

Yo vi hace tiempo el grave problema que existía sobre la necesidad de financiación de las pymes. Ya el 9 de enero, durante una comida en Moncloa, se lo dije al presidente del Gobierno. Después se me criticó por alguna de mis declaraciones.

Nuestra preocupación ahora se basa en que la burocracia, tanto en España como fuera, puede retrasar mucho los reglamentos que se tendrán que aprobar para que funcionen estas medidas. Nos llegan rumores de que ese desarrollo podría durar hasta marzo y eso sería terrorífico. Pedimos al Gobierno que, ya que se han tomado estas medidas acertadas, se aceleren. Si hace falta no se duerme. Así que, confianza, por un lado, y preocupación, por otro.

El Banco de España gestionará los 100.000 millones, pero han surgido críticas sobre el resto. ¿Cómo ve que la partida de 50.000 millones se gestione por cargos políticos, como Solbes, Vegara u Ocaña?

Lo que queremos es que se haga con transparencia y de forma adecuada, tanto los avales como la compra de activos.

¿Y por un grupo de expertos independientes?

Ya hay suficientes funcionarios, direcciones generales, comisiones parlamentarias, como para formar un órgano nuevo para un tema concreto, necesitamos austeridad. Ya tenemos el Banco de España y el Ministerio de Economía. La compra de activos va a ser de activos de calidad y entiendo que no tiene por qué haber una discrecionalidad en esos repartos.

Ahora bien, sería bueno que las propias entidades financieras a través de las organizaciones que las representan -tanto la Asociación Española de Banca (AEB) como la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA)- pudieran participar en cualquier organismo que se dedicara a hacer esto.

Si las medidas se aplican rápidamente, ¿será suficiente para que lleguen a la economía real?

Sí, esa inyección de liquidez es un respiro suficiente para las entidades financieras y para que el crédito pueda llegar a las empresas y a las familias. Ahora bien, la compra de activos entre 30.000 y 50.000 millones de euros es corta. Ya el Gobierno ha transmitido que si hace falta se ampliaría. Y los 100.000 millones son hasta el 31 de diciembre. Así que para 2009 seguro que es necesaria otra medida parecida y probablemente superior.

Ha dicho que España camina hacia la recesión. ¿Cree que con estas medidas la podemos evitar?

No podemos evitar la recesión, estas medidas son para que caigan menos empresas y para que haya menor destrucción de empleo, pero la recesión no veo posibilidad alguna de evitarla.

Pero, ¿habla de una recesión larga? ¿Dos años?

Los más optimistas piensan que en el último trimestre de 2009 empezaremos a tocar el fondo de la crisis. Los menos dicen que empezaremos a salir en el primer trimestre de 2010 y ahí se queda todo: de 2010 para adelante ya nadie es capaz de hacer ningún tipo de previsiones. Lo que sí parece claro es que en 2009 España va a estar en crecimiento cero o en el entorno del cero y eso quiere decir recesión. Como dijo el Rey el otro día, en una expresión que comparto, «hay que aguantar el tirón». Creo que no se puede explicar mejor.

¿Está en el grupo de los optimistas o en el de los pesimistas?

Yo siempre en el de los optimistas. Quien no es optimista no es empresario.

En el ultimo encuentro entre Zapatero y Rajoy se habló de acometer reformas estructurales, aunque no se detallaron, ¿cuáles estima usted necesarias?

Las reformas estructurales que necesitamos son, primero, para paliar algo la crisis, para crear un clima de confianza, que en estos casos es fundamental. Eso puede suponer que un buen número de empresarios tomen la decisión de coger a un trabajador más y somos muchos millones de empresarios. Podría repercutir en la creación de 300.000 empleos.

¿Reformas necesarias? La liberalización de los mercados en general, que es la que realmente puede incidir en el IPC. También hace falta flexibilizar el mercado de trabajo. Ahí nos implicamos de lleno en el diálogo social. Con flexibilizar queremos decir que las normas reduzcan el absentismo laboral, que crece de manera alarmante, al nivel medio de los países con los que competimos.

Además necesitamos un contrato a tiempo parcial más flexible y una reglamentación para las empresas de trabajo temporal menos encorsetada. También es preciso modernizar el Inem, privatizarlo.

Luego está el polémico asunto que he puesto en la mesa hace unos días, el de flexibilizar la extinción del contrato de trabajo, que esté más en la media de los países europeos. Los sindicatos saben que el actual coste del despido es una penalización a la contratación. Y no hablamos de tocar los derechos de los trabajadores que tienen ya su contrato y sus derechos adquiridos, sino que se refiere a las nuevas contrataciones.

Además, conviene externalizar la gestión de todos los servicios públicos en los que la empresa privada sea más eficiente, reducir tanto las cotizaciones a la Seguridad Social como el Impuesto de Sociedades, mantener los incentivos en I+D+i . También abogamos por la supresión total del Impuesto sobre Actividades Económicas y del de Sucesiones y Donaciones. Además, es preciso abrir un debate nacional sobre la energía nuclear.

¿Por qué defiende abaratar el despido justo cuando se están perdiendo puestos de trabajo?

Porque precisamente es el momento. Los que van a hacer un ERE, lo van a hacer porque no tienen más remedio y da igual a cómo esté el coste del despido. O lo hacen o quiebra la empresa y lo que queremos es que disminuya el temor a hacer contratos nuevos.

Pero desde esta misma casa le han criticado, le han dicho que no es el momento de plantearlo

Los que han dicho eso no saben lo que dicen o tienen otros objetivos que defender los intereses empresariales.

¿A cuantos días el abaratamiento? ¿A 20?

Los 45 días es un disparate que penaliza la creación de empleo, más en tiempos de crisis. La media europea está en 20 días. No quiero proponer cifras, no sería elegante antes de hablar con los sindicatos.

El Gobierno dijo que cualquier acuerdo del diálogo social necesita consenso y los sindicatos, ¿no va a ser difícil que lo acepten?

Nosotros no nos vamos a levantar nunca de una mesa de negociación. Vamos a intentar convencer a los sindicatos de que lo que planteamos es bueno y llegaremos hasta donde podamos. Si en un punto ya no hay acuerdo, pues el Gobierno está para gobernar.

En España se está omitiendo que había una crisis anterior a la financiera, y no se iban abordando las reformas que se necesitaban. En ese momento, a usted se le ha criticado que ha sido demasiado benevolente con el Gobierno

Yo decía que las cosas iban en la buena dirección, pero eran insuficientes. Y lo sigo diciendo ahora.

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