El ex ministro socialista Boyer dispara contra ZP por la entrada de Lukoil en Repsol

(PD).- «La posibilidad de que una empresa extranjera adquiera un paquete de acciones con peso decisivo para la gestión de Repsol es muy negativa para la industria española; pero si la empresa compradora fuera la rusa Lukoil se alcanzaría una cota rayana en el absurdo«. Miguel Boyer, ministro de Felipe González, dispara también contra ZP por esta operación: «Si se produjera, ello pesaría muy negativamente en el juicio final sobre la política industrial y la política frente a la crisis actual de la etapa de Rodríguez Zapatero«.

Miguel Boyer escribe también sobre el tema de Lukoil. El que fuera ministro con Felipe González aprovecha las páginas de El País para dar su opiión:

Este absurdo no debe consentirse por el Gobierno español. Es evidente que el Gobierno y los bancos deben contribuir a resolver el problema de endeudamiento Sacyr Vallehermoso, lo mismo que es racional -y así se está haciendo en Estados Unidos y en Europa- el que ayuden a las entidades financieras o industriales más importantes que, siendo viables y bien gestionadas, atraviesan un periodo muy duro debido a la crisis económica general, una de cuyas causas principales ha sido la errónea política de tipos de interés excesivamente bajos practicada por la Reserva Federal americana y, por arrastre, por el Banco Central Europeo entre los años 2003 y 2005.

Si no se encontrase una solución, que sería lo más sencillo, para el problema de la deuda de Sacyr -que se convierte en un problema sobre el control de la estratégica Repsol-, el Gobierno no debería mantenerse en la pasividad frente a un asunto de tal trascendencia, con la cantinela de que «es un asunto entre empresas privadas». No sería absurdo, en absoluto, que el Estado asuma la participación accionarial en Repsol que pretende Lukoil, comprando a un precio razonable.

A la vista de la presencia estatal en las empresas europeas del sector de la energía, la vuelta parcial del Estado a Repsol no sería una anomalía, sino que corregiría la ingenuidad en que se incurrió con su privatización total. Y, si dentro de tres o cinco años el Estado decidiera deshacer la compra, probablemente haría un buen negocio.

Y concluye:

Tras el paso de Endesa a manos de Enel, si, además, se produjera ahora la toma de control de Repsol por Lukoil, ello pesaría muy negativamente en el juicio final sobre la política industrial y la política frente a la crisis actual de la etapa de Rodríguez Zapatero.

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