España se queda sin multinacionales verdaderamente españolas

España se queda sin multinacionales verdaderamente españolas

(PD).- Endesa, Cepsa, Iberia y quizá Repsol, después de Altadis, Aceralia, Casa, Amena y Airtel. Las ingentes deudas, su debilidad estratégica y la crisis económica están provocando una nueva ola de ventas de grandes empresas españolas a sus rivales extranjeros. Una pésima noticia para la Bolsa, las exportaciones, nuestra influencia política en el mundo y la moral de nuestra clase corporativa.

Escribe Fernando Barciela en Negocios que lejos parecen los tiempos en que un Emilio Botín más contento que unas pascuas anunciaba a la prensa mundial la compra por el Santander del gigante ABN Amro, en compañía de Fortis y el RBS, una de las mayores adquisiciones de la historia: 72.700 millones de euros.

¡Sólo fue hace poco más de un año! Se dice que España es país de excesos y bandazos. Pues ahí está el tremendo vaivén estratégico de algunos de nuestros grandes empresarios para demostrarlo. En menos de dos años hemos pasado de conquistadores a conquistados. Tanto que 2009 no sólo será recordado como una época de fuerte aumento del paro, sino también como aquella en la que España perdió buena parte de sus grandes empresas.

Paseíllo comprador

Y eso que sólo dos o tres años antes España En 2007 nuestras empresas invertían más de 95.000 millones de euros fuera de España protagonizaba un paseíllo sin precedentes por Europa y América. Grandes empresas y bancos, como Telefónica, Iberdrola, Ferrovial, Abertis o el Santander se hacían con codiciadas piezas de caza como O2, Scotish Power, BAA y Abbey en Reino Unido, Sanef en Francia o Energy East en EE UU. Esto, además de la ya citada compra parcial del ABN Amro por el Santander en Holanda, diversos bancos en EE UU o la fallida adquisición de Autostrade en Italia. Por no hablar de la gesta de Repsol, Endesa, Telefónica y el BBVA en Latinoamérica, donde se convertían, entre la segunda mitad de los 90 y la primera de la actual década, en los primeros o segundos de su sector en los países más importantes de la región.

La agresividad adquisitiva de las grandes compañías españolas, propulsada por una economía que crecía al 3% y 4% (debido en buena parte al boom del ladrillo), hizo que nuestro país se situara entre los primeros de Europa en inversión en el exterior. En 2007 nuestras empresas invertían más de 95.000 millones de euros fuera de España. Y no en el Tercer Mundo, sino en Europa, adonde fueron el 75% de estos flujos de capital.

Este escenario ha cambiado de plano. En 2008 aún hubo algunas inversiones de cierta importancia (la mayor parte durante el primer semestre), pero nada comparado a lo de años anteriores, ya que las 15 compras más grandes no superaron los 15.000 millones de euros cuando en 2006 o 2007 una sola adquisición, como las de Abbey o BAA, superaba de largo estas sumas. Y este año será mucho peor. Casi no habrá compras. Y sí muchísimas ventas.

Nuestras empresas están muy endeudadas y sus bancos no están para muchas alegrías. Si las resistencias a renegociar esas deudas en buenas condiciones son muy fuertes no tendrán más remedio que seguir vendiendo. La deuda financiera de algunas de ellas es gigantesca: Acciona y ACS debían (antes de las ventas de Endesa y Fenosa) más de 17.000 millones de euros; Sacyr, casi 16.000 millones; Ferrovial, casi 30.000 millones, y Abertis, unos 13.000 millones. Son apenas unos cuantos ejemplos. La mayor parte de las empresas del Ibex están en situación muy similar.

Y ahora, vendedores

Sacyr se ha deshecho de Eiffage (obligada, eso sí), una concesionaria de infraestructuras muy interesante, y sigue tratando de vender su 20% de Repsol. Ferrovial se deshizo del duty free y los negocios inmobiliarios de BAA. Acciona quiere vender Trasmediterránea y su negocio de handling. Y el Santander ha puesto a la venta o vendido todo lo vendible, desde su Ciudad Financiera a los negocios de activos o fondos de pensiones, pasando por las sucursales (por el sistema sale and lease back).

Tal es la posición vendedora de España como país que todos los llamados fondos distressed, los que van en búsqueda de empresas en dificultades financieras, han convertido a España en uno de sus principales mercados potenciales. También el capital riesgo está al acecho, esperando que los precios bajen.

Tan buenas son las perspectivas que hasta los de KIO, que no debían tener la más mínima gana de volver (después de salir escaldados de su relación con Javier de la Rosa, condenado a 20 años por estafarles), han decidido taparse la nariz y regresar. Hace semanas se anunció la visita de una delegación de la Kuwait Investment Authority (KIA), el fondo soberano del país, al que pertenece Kio, para examinar oportunidades de inversión.

Han dicho que lo que les interesa son las grandes empresas, especialmente las que cotizan en el Ibex 35. Lógico. Nuestra Bolsa es una monumental ganga. Vale el 47,7% de lo que valía en noviembre del 2007. Y más de la mitad de las empresas han perdido incluso el 60% de su valor.

Primero, Endesa

En fin, Endesa ha dejado ya de ser española. La que fue nuestra gran multinacional eléctrica, que no pudo ser alemana, ha pasado a manos de Enel. Se acabaron pues los sueños de grandeza de una compañía que fue nuestra gran eléctrica y se hizo líder en Chile y Argentina de la mano de Martín Villa. Y que se atrevió a desafiar la omnipotencia de EDF en Francia, donde compró Snet. Todo por una operación política mal calculada. Se nos vendió que la alianza Enel-Acciona sería permanente y no pasaron dos años hasta que Acciona decidió vender su 25% en la compañía por 11.000 millones de euros, la cifra que tenía pactada ya con Enel para el caso de que quisiera salirse. Lo que hizo con un año de antelación. No extraña. Con esa suma podrá reducir en un 66,3% su apabullante deuda de 17.500 millones de euros, parte de ella procedente justo de la compra de Endesa.

También Cepsa y Repsol

Además, el Santander ha optado por vender Cepsa ya, ahora mismo. Era una operación que llevaba años amagando y que ahora desea culminar lo más rápido posible. El hecho de que esté dispuesto a ceder su 30,8% de la petrolera por unos 30 euros por título, cuando éste cotizaba en Bolsa a 67 euros, revela la urgencia de la operación. Es un secreto a voces que el Santander necesita dinero fresco. Un reciente informe de Morgan Stanley señalaba que la venta de Cepsa y Banco de Venezuela, junto a la de su negocio de seguros y gestión de activos, podría elevar el core capital (capital más reservas) del banco del 6,32% al 7,39%. La fuerte caída de la demanda de carburantes en España y el hecho de que los resultados de explotación de Cepsa hayan caído el 51% en 2008 (y mucho más en el cuarto trimestre) habrían aconsejado al Santander a acelerar su venta.

Todo indica, por lo que se sabe, que el comprador será IPIC (International Petroleum Investment Co), el fondo estatal de Abu Dabi, que ya tiene el 0,5% de la petrolera y que se haría con un 37% del capital (30,8% del Santander y 5% de Fenosa). Esto, unido al 48,5% de Total, hará que Cepsa pase casi totalmente a manos extranjeras. El que Total fuera, y vaya a seguir siéndolo, el socio operador de Cepsa no cambia algo importante: que la presencia del Santander en su capital aseguraba hasta ahora, de algún modo, una cierta españolidad de la compañía.

Y luego tenemos la amenaza que sigue pendiendo sobre Repsol. Asfixiada por una deuda de casi 20.000 millones (antes de la venta de Itínere), con los bancos acosándola sin piedad, Sacyr intentó lo inimaginable para vender su 20% de Repsol a la rusa Lukoil. Era una magnífica operación, ya que le permitía recuperar la práctica totalidad de lo que invirtió en la compra del paquete en su día. Sin embargo, la indignación provocada en la opinión pública por la entrega de nuestra gran petrolera al gigante ruso paró en seco la desinversión. Un hecho del que se sigue quejando el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev.

Pese al veto, Sacyr no ha desistido. Tampoco es que haya resuelto lo fundamental con la venta de Itínere al Citigroup por unos 7.890 millones de euros, una operación ya firmada, pero sobre la que, en vista de las crecientes dificultades de la entidad estadounidense, podría estar en peligro. De modo que sigue intentando vender Repsol. Ahora negocia con la china Sinopec. El problema es que la operación está casi fracasada, pues los chinos no quieren pagar más de 22 euros por acción, casi el doble de los 12 que vale, pero bastante menos de lo que pagó Luis del Rivero por ese paquete, más de 25 euros por título (más de 6.000 millones de euros).

La unión de Iberia y BA

También Iberia, nuestra compañía de bandera, prepara su fusión con BA prepara su fusión con BA.

Aparentemente sería una integración entre iguales, mediante la creación de un hólding que mantendría las dos marcas por separado. Las dilaciones de los británicos (debido a la caída de su capitalización en Bolsa) demuestra que BA no está dispuesta a dejar que Iberia lleve la voz cantante en el nuevo grupo. Podríamos estar, pues, ante una operación similar a la integración de Aceralia en Arcelor y de CASA en Eads.

Y ya hemos visto los resultados. La compra de Arcelor por la india Mittal Steel ha desmantelado prácticamente los acuerdos fundacionales pactados entre las siderúrgicas española, francesa y luxemburguesa. Por lo que respecta al peso de CASA en Eads, ahí están las últimas noticias para comprobar la escasa influencia de España.

La crisis es responsable de muchas de las operaciones en curso. Ni Cepsa, ni siquiera Repsol, han logrado la masa crítica para situarse entre las capaces de sobrevivir (lo que sí han logrado Iberdrola, Endesa, Telefónica y los dos grandes bancos). Es también el caso de Iberia. La fuerte caída del tráfico aéreo en los últimos meses, después de los terrores petroleros de 2008, la obligan a buscar un socio.

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