Sindicalistas contra Esperanza Aguirre: «La próxima visita, será con dinamita»

(PD).- Siguen «enamorados» de Zapatero, a pesar de los más de 4 millones de parados. A la que parecen odiar a muerte es a Esperanza Aguirre y este jueves montaron una trifulca de espanto, con amenazas, apedreos y algaradas en la Asamblea de Madrid. Fueron desalojados de la tribuna de invitados, montaban el pollo alentados por diputados de del PSOE e IU que aplaudían sus insultos. En la calle, ante una policía pasiva y contemplativa, se dedicaron a apedrear la Asamblea.

Trabajadores de Iveco, BP Solar y Arcelor Mittal se concentraron a las 16:00 horas de este jueves frente a la Asamblea de Madrid para reivindicar el mantenimiento de los puestos de trabajo de las tres empresas, pero un grupo de ellos asistió como invitados al parlamento regional y montaron un circo.

Cuando los parlamentarios debatían sobre el volumen de parados, un grupo de energúmenos comenzó a gritar con ataques personales al vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y a la presidenta, Esperanza Aguirre, en una muestra más de la estrategia sindical: hay que atacar al gobierno regional y evitar enfrentamientos con el Ejecutivo que dirige José Luís Rodríguez Zapatero.

La presidenta de la Asamblea, Elvira Rodríguez, tras varias llamadas al orden, tuvo que pedir a Seguridad que los desalojara, pues sus voces y actitud amenazante no dejaban continuar con la sesión de control al Gobierno. Rodríguez también ha expulsado al diputado socialista José Quintana después de que éste irrumpiera a gritos y Elvira Rodríguez le rogara varias veces que se callara. Los diputados del PSOE e IU les aplaudieron entusiasmados su actitud y abandonaron en tropel el pleno en un acto que se está convirtiendo en una costumbre en la oposición dentro y fuera de la Asamblea. De hecho, el jefe de los socialistas, Tomás Gómez, ha boicoteado ya varios actos institucionales de la Comunidad de Madrid al negarse a asistir, como en el homenaje a las víctimas del 11-M o el acto del Día de la Comunidad.

Los trabajadores, afectados por la presentación de expedientes de regulación de empleo (ERE) en sus respectivas empresas, comenzaron la trifulca cuando Esperanza Aguirre abandonaba el salón de plenos en medio de la intervención de su consejero de Economía, Antonio Beteta, sobre la situación del sector industrial. «¡No nos hace ni puto caso!», «¡que nos vea!», «¡no al cierre!», han gritado los trabajadores que asistían al pleno, mientras cerca de un millar de compañeros permanecían concentrados a las puertas de la Asamblea.

Los manifestantes se han abalanzado hacia la entrada de la Cámara, donde también han hecho explosionar petardos al grito de «Con nuestro curro no se juega» y la «Próxima visita será con dinamita», entre otras proclamas. Han tirado las vallas que delimitaban el espacio de su concentración en la acera de enfrente del Parlamento y, aunque la policía lo ha intentado impedir de forma pacífica, han llegado hasta la misma puerta de la Asamblea, y han tirado piedras y tuercas.

El único gobierno que ha sufrido las protestas sindicales desde que comenzó la crisis es el de Aguirre, cuando los dirigentes de CCOO y UGT encabezaron el pasado 19 de abril una marcha “por el empleo”, que en realidad era una manifestación contra Aguirre.

Nadie sale a la calle en Andalucía, la comunidad autónoma con más parados de España, ni protesta contra la política del Ministerio de Trabajo y resulta impensable algo así en el Congreso de los Diputados.

Iveco, BP Solar y Arcelor Mittal

En Iveco, 1.024 trabajadores de la planta situada en la carretera de Barcelona están afectados por un Expediente de Regulación de Empleo (ERE).

Sobre el resto de la plantilla -unos 1.880 empleados- amenazan medidas de suspensión de jornada que se aplicarían de forma rotatoria hasta final de año.

En el caso de BP Solar se ha planteado el cierre de sus dos centros madrileños -el de San Sebastián de los Reyes y el de Tres Cantos-, lo que afectaría a 480 personas.

Por su parte, ArcelorMittal propone, dentro de sus planes de ajuste internacional, la suspensión de toda la actividad de la fábrica de Villaverde, con una plantilla de más de 400 personas durante un año completo.

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