Un Gobierno sin criterio ni brújula económica

Un Gobierno sin criterio ni brújula económica

(PD).- Cinco días ha durado la previsión oficial de déficit público. El viernes se aprobó en Consejo de Ministros el Plan de Estabilidad y el miércoles ya se había permitido a las Comunidades Autónomas rebasar esa previsión en medio punto del PIB.

Subraya Fernando Fernández en ABC que puede parecerles una nadería, total, qué son 5.000 millones de euros, pero es más del doble de lo que recaudan la subida de tabaco y gasolina.

Y todavía no se ha cerrado la financiación autonómica, veremos nuevas ampliaciones a medida que el presidente Zapatero se vaya reuniendo con los distintos presidentes y sucumba a sus querencias.

Tampoco vale como excusa que la cifra inicial no era creíble, el consenso de economistas españoles prevé en público un déficit público superior en más de un punto del PIB, porque se trata de gastos adicionales, a más y más de las estimaciones existentes. Es un comportamiento impresentable, impropio de un gobierno serio.

No crean, no es una reacción corporativa al herir mi sensibilidad de economista seriamente dañada ya por tener que sobrevivir al clamor popular de que no servimos para nada. Se trata de algo más serio, de la credibilidad de un gobierno que considera al Consejo de Ministros un ejercicio inútil, una especie de reunión de amiguetes para ver si cuela, que es incapaz de adoptar una posición definida en un tema concreto y sostenerla luego, ni siquiera dentro de su propio partido.

El caso de las cuentas públicas no es el único. Otro tanto ha sucedido con el todavía nonato plan de rescate bancario. La vicepresidenta Salgado acude a una universidad de verano, ese agradecido sucedáneo de Parlamento Nacional en estío, y anuncia a bombo y platillo que el gobierno acabará con el derecho de veto de las Comunidades en las fusiones de Cajas de Ahorros.

A los dos días, con motivo de la inauguración de una terminal aeroportuaria, el presidente tiene un día tierno y necesitado de cariño y le asegura a Cataluña y Andalucía que nadie les tocará un ápice de su juguete financiero.

Mucho menos ese converso de Fernández Ordóñez, que anda diciendo por ahí que habrá que intervenir y fusionar alguna Caja. Insensato, pero no sabe a quién le debe el puesto, no se ha enterado todavía de que la decisión final la toma el gobierno y antes arderá el sistema que Zapatero se atreva a cerrar algo tan sagrado como eso.

Total, qué más dan unos cuantos miles de millones de euros más de déficit si con eso evitamos la exclusión financiera, no de los individuos -los siervos de la gleba no cuentan-, sino de los territorios, que es lo verdaderamente importante en esta España medieval y posmoderna.

Y qué me dicen de la promesa de que una región rica recibirá financiación por encima de la media porque contribuye más. Curiosa reinterpretación de Robin Hood, que devuelve más al que más paga. Vamos, que los cincuenta españoles del Forbes pueden respirar tranquilos, sobre ellos recaerán las subvenciones de la economía sostenible, que para eso son los que más cotizan a Hacienda. Hay más ejemplos de criterio volante.

Todos ellos tomados de la edición de ayer de ABC, no crean que me los invento. Costas podrá tenerle manía a los chiringuitos, pero en Andalucía ha dejado de tener competencias en la materia. Por capricho, no por ley, no se crean que estamos en un país serio. Leire Pajín podrá justificar la subida de impuestos en las necesidades sociales, y hasta Salgado podrá intentar argumentar responsabilidad fiscal.

Ejercicio inútil porque luego viene el presidente y lo aclara: se hace por motivos de salud, no vayan ustedes a coger la gripe esa tan peligrosa. Estos jueguecitos de salón no dan más de sí. ¿Habrá alguien que ponga sentido común, se atreva a reconocer que se ha caído la recaudación fiscal un 20 por ciento de manera permanente y que si queremos evitar la quiebra fiscal hay que entrar con la tijera en el presupuesto de gastos del conjunto de las administraciones?

Subir los impuestos para cerrar esa brecha no es alternativa, simplemente no habrá economía, ni recaudación. Pero parece que se trata sólo de aguantar y que la ruina le estalle a otro.

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