Soplar y sorber impuestos

Soplar y sorber impuestos

(PD).- Después de tanta consideración acerca de la presión fiscal, de la conveniencia de aumentarla para poder hacer frente al endeudamiento del gobierno o de la inconveniencia de hacerlo para no entorpecer otras medidas de carácter estimulador, resulta que va nuestro papito ZP y confiesa que ha subido los impuestos del tabaco por nuestro bien, para que no fumemos tanto, para que cuidemos nuestros pulmoncitos y no los manchemos con el humo que ciega nuestros ojos y nuestros alveólos.

Y nosotros -escribe Carlos Herrera en ABC– que creíamos que sólo era por trincar. Y nosotros que estábamos convencidos de que era para hacer frente a tó lo que lleva p´alante, para pagarnos el paro, para cubrirnos las enfermedades, para entregarnos un cheque bebé, para desatascar los bancos, para desapalancarnos en general.

Y no, su preocupación es otra, que no fumemos, que seremos más felices, estaremos más sanos y ahorraremos un dinerito que no está de más. Mira tú lo que tienen las cosas.
A todo esto, seguimos sin saber si subir impuestos es de derechas o de izquierdas.

A la vista de lo que ha decidido el gobierno y de lo que está por decidir, sólo la izquierda puede subirlos sin caer en comportamiento censurable por extorsionador. La presión fiscal acaba de subir y, si bien la del tabaco ha sido por nuestro bien, no sé yo qué aducirá de la de las gasolinas: posiblemente que no quiere que perdamos el tiempo en los atascos.

Dice la OCDE que dicha presión fiscal sube en España seis veces más que la media de los países de dicha organización. El Gobierno argumenta en números brutos que dicha presión ha bajado al 32,8 después de haber llegado al límite del 38 por ciento, más que muchos países anglosajones, pero menos que los países del norte de Europa, que, como es sabido, mantienen un muy costoso estado del bienestar.

Puede ser, pero todo depende de los criterios de medición. Lo explicaba magníficamente el profesor González Urbaneja en su blog de autor: la presión fiscal puede subir por una etapa alcista de la economía sin necesidad de que la presión particular sobre cada uno de los ciudadanos haya variado. De la misma manera, la presión puede descender, como ha ocurrido ahora, sin que necesariamente paguemos menos impuestos: desciende el PIB, desciende la recaudación.

Ese argumento es utilizado de forma intencionadamente confusa por los gobiernos para hacernos creer que no nos ponen el pie en el cuello. Y en eso estamos. Fernández Ordóñez, el gobernador del Banco de España, al que medio gobierno -los que se enteran de lo que dice- le debe estar clavando agujitas en el escroto, ha advertido que si se suben los impuestos se creará un cortocircuito con las medidas estimuladoras de la economía que el propio ejecutivo ha puesto en marcha, dando a entender que no se puede soplar y sorber al mismo tiempo.

De poco servirá: está por ver que tengan en cuenta una sola de las recomendaciones de este socialista rara avis con independencia de criterio. Emboscada en toscos argumentos paternalistas, la subida de impuestos está calentando motores en la antesala de los próximos Consejos de Ministros.

Cuando hace falta dinero, un gobierno sube impuestos, se endeuda o retira subvenciones sociales. Hay que pagar la fiesta y optan por el primer camino, subir varias figuras tributarias -además de las tasas municipales y autonómicas, que esa es otra-, pero sin decir la verdad así les torturen: la propaganda, tan inherente a ellos, les puede, y si es necesario esgrimirán los más peregrinos argumentos en lugar de reconocer que las arcas se han quedado vacías.

Los impuestos sobre rentas del capital van a subir a la vuelta de unas semanas y el recorte de deducciones fiscales es cuestión de días.

Al fondo, inevitablemente, el IRPF.

Todo por nuestra salud, evidentemente.

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