El uso del ‘fracking’ permitiría la independencia energética de España

La silenciosa revolución energética

Los precios de los hidrocarburos podrían reducirse a la mitad

La silenciosa revolución energética
Unas bombas extraen petróleo de un pozo. EFE/Archivo

En el verano de 2005, el banco de negocios Goldman Sachs publicó un informe en el que preveía que la cotización del petróleo pudiera llegar a supera los 250 dólares por barril en la actualidad e, incluso, situarse por encima de los 300 dólares. En la actualidad, el precio del barril de Brent se encuentra ligeramente por encima del nivel de los 90 dólares y bajando. ¿Otro error de los que se dedican a auscultar el futuro de la economía? Ni mucho menos. Lo que ocurre es que está teniendo lugar una verdadera revolución, contra pronóstico, en el mundo de la energía que está destrozando las expectativas de quienes pensaban que los precios del petróleo y del gas estarían a estas alturas por las nubes. Esa revolución se llama fracking, o, en español, fractura hidráulica.

La fracturación hidráulica permite la extracción de petróleo o gas del subsuelo mediante la inyección en un pozo de agua mezclada con determinados elementos químicos que fracturan la roca en la que se encuentra el petróleo o el gas, lo que facilita su salida a la superficie. Con la aplicación de esta técnica, Estados Unidos está a punto de adelantar a Arabia Saudí como primer productor mundial de crudo y de convertirse, también en el primer productor de gas natural a precios entre un 25% y un 40% de los que venían registrándose en el mercado a comienzos de 2014.

Gracias a estos recursos, conocidos como hidrocarburos no convencionales, también se está modificando la forma en que se negocian los contratos de petróleo y gas en los mercados mundiales. El incremento de producción de crudo por parte de Estados Unidos está forzando las bajadas de su precio. En cuanto a la cotización del gas, ésta se establecía a través de contratos de largo plazo que la vinculaban con la evolución del precio del petróleo y los compradores europeos y asiáticos no tenían más remedio que aceptarlo porque eran contratos del tipo ‘lo tomas o lo dejas’. Ahora, en cambio, se fijan cada vez más mediante el cruce de oferta y demanda, como en cualquier mercado, con lo que su precio se abarata ante una oferta en constante crecimiento.

La utilización de la fracturación hidráulica está permitiendo que el incremento constante de la demanda mundial de petróleo, derivado, sobre todo, de los procesos de desarrollo de las economías emergentes, con grandes naciones como China, India o Brasil a la cabeza, no se traduzca en subidas de precios gracias a una oferta que aumenta de forma más rápida. Las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía y de otros organismos, que indicaban que habría problemas de escasez de petróleo hacia mediados de este siglo, por agotamiento de las reservas, se han visto pulverizadas por la realidad. Además, el gas obtenido mediante esta técnica puede sustituir al carbón, que es altamente contaminante. Pero el fracking también tiene sus problemas, fundamentalmente de carácter medioambiental. En este proceso puede liberarse metano, un gas relacionado con el efecto invernadero que puede ser nocivo si las fugas no se reducen por debajo del 2%.

La utilización de hidrocarburos procedentes de la fracturación hidráulica está permitiendo que Estados Unidos empiece a reindustrializarse y generar puestos de trabajo, porque el ahorro en costes energéticos que implica equivale a una reducción del 17% de los costes salariales estadounidenses. Este hecho, unido a sus niveles de productividad, permite a buena parte de la industria norteamericana competir con la de países emergentes como China y, por ello, crear empleo.

En España se calcula que, si se utilizara la fracturación hidráulica, nuestro país tendría en estos momentos reservas de gas natural para 70 años. Estos depósitos se encontrarían en muchos puntos de España, en especial la cuenca vasco-cántabra y el norte de La Rioja, el arco mediterráneo, la costa andaluza y Canarias. Su explotación permitiría a la economía española alcanzar la independencia energética y a precios mucho más bajos que los actuales.

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Autor

Emilio González

Emilio González, profesor de economía española, europea y mundial en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid.

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