Los depósitos ofrecen el 1% y la deuda pública el 2%

Las familias, en busca de la rentabilidad

El ahorro familiar se coloca en instrumentos de más riesgo, como los fondos de inversión o las acciones

Las familias, en busca de la rentabilidad
Mario Draghi. Presidente del BCE. PD.

¿En qué pueden invertir sus ahorros las familias españolas? En el pasado, la respuesta a esta cuestión era sencilla y casi inmediata: en deuda pública, en un depósito bancario a plazo o en vivienda, para obtener una renta en forma de intereses o de alquileres. Bonos e inmuebles, además, se consideraban inversiones seguras. Hoy, sin embargo, resulta difícil el poder vivir de recortar cupones, de los intereses del plazo fijo de una cuenta bancaria o del sobre mensual con la renta de los inquilinos. Los tiempos han cambiado, para bien o para mal, y ahora las familias se ven en la necesidad de asumir riesgos que antes eludían por completo si quieren obtener una rentabilidad mínima para sus ahorros.

La deuda pública está dejando de ser una opción, debido a los bajos tipos de interés que ofrece. En el caso de España, además, los bajos tipos de interés no son únicamente el resultado del apoyo que el Banco Central Europeo presta a los países de la zona euro con especiales dificultades de déficit presupuestario y endeudamiento público. Es que, en todo el mundo industrializado, ese fenómeno se repite país a país. El bono español a 10 años ofrece una rentabilidad del entorno del 2,04%, la del alemán es del 0,84%, la del estadounidense sube al 2,22%, la del canadiense llega al 1,94% y la del japonés se sitúa en el 0,49%.

Incluso en países considerados de mucho más riesgo que las economías avanzadas los tipos de interés se encuentran en niveles muy bajos. En México, el bono a diez años ofrece una rentabilidad del 3,29%, la del de Brasil es del 3,9% y la de la deuda de Singapur se sitúa en el 2,25%.

Se trata, por tanto, de un fenómeno de carácter global derivado tanto de las bajas expectativas de crecimiento e inflación como de los bajos precios de los bienes de consumo que se están derivando de la globalización, como de los cambios en la economía mundial que está provocando la extensión y profundidad de la aplicación a la vida económica y empresarial de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

La vivienda, asimismo, está dejando de ser una opción. La Caixa, en su boletín mensual, señala que «los precios inmobiliarios están próximos a tocar fondo pero las subidas futuras se atisban muy modestas». Esto se traduce en que los alquileres seguirán bajos y no cabe esperar, con el tiempo, grandes plusvalías en la compra-venta de viviendas.

Los depósitos también están sufriendo las consecuencias de los bajos tipos de interés. La Caixa indica que, durante el primer trimestre de 2014, «las familias deshicieron posiciones por valor cercano a los 8.000 millones de euros en los activos más líquidos: el efectivo y los depósitos». La causa de este comportamiento se encuentra en «la escasa rentabilidad que ofrecen actualmente los depósitos, que se sitúa alrededor del 1%».

¿Dónde fue a parar ese dinero que salió de las cuentas bancarias y los depósitos? El informe de La Caixa dice al respecto que «los fondos de inversión y las acciones recibieron flujos positivos conjuntos por 9.400 millones de euros». Es decir, las familias optaron por inversiones más arriesgadas para su ahorro ante los bajos niveles de rentabilidad que ofrecen las colocaciones tradicionales.

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Autor

Emilio González

Emilio González, profesor de economía española, europea y mundial en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid.

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