LA ESPERANZA DE VIDA EN 2050 SERÁ SEIS AÑOS SUPERIOR A LA ACTUAL

¿Qué pasa con las rentas vitalicias si vivimos más de 90 años?

Los españoles de hoy llegaremos con facilidad a los 90 años, incluso a 100. Esto supone todo un desafío para las aseguradoras y los planes de pensiones que paguen rentas vitalicias. Los nuevos instrumentos financieros pueden suponer una ayuda

¿Qué pasa con las rentas vitalicias si vivimos más de 90 años?
Ancianas. PD.

En la última reforma de la Seguridad Social se introdujo un mecanismo llamado factor de sostenibilidad, por el cual la cuantía de las pensiones futuras se ajustaría, entre otros elementos, a la evolución de la esperanza de vida, con el fin de evitar la quiebra del sistema público de pensiones. Pues bien, los sistemas privados también tienen algo parecido.

Cuando una persona se jubila y tiene dinero ahorrado para financiar su retiro, a través de un fondo de inversión, un plan de pensiones, un plan individual de ahorro sistemático o un plan de previsión asegurado, lo normal es que adquiera una renta vitalicia, esto es, que en vez de coger de golpe todos esos recursos acumulados se opte por cobrar una renta mensual, normalmente mediante la contratación de una renta vitalicia con una compañía de seguros.

El problema es que para que a las aseguradoras les salgan las cuentas y puedan afrontar esos compromisos de pagos sin incurrir en pérdidas, la esperanza de vida de una sociedad tiene que permanecer constante. Si la gente vive más tiempo de lo previsto, entonces la aseguradora puede verse corta de fondos para atender los pagos comprometidos. ¿Qué es lo que hacen, entonces? Ajustar la cuantía de la renta que van a pagar a la evolución de la esperanza de vida y como ésta última no deja de aumentar, entonces no queda más remedio que reducir la cuantía de las mensualidades de las rentas vitalicias para que las cuentas cuadren.

Este asunto es especialmente importante en España, donde la esperanza de vida ha pasado de los 72,36 años en 1970 y los 75,62 en 1980 a los 82,5 años de 2014. Pero este proceso de mejora no concluye aquí. Según las proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Estadística, la esperanza de vida en 2050 será de 89 años. Algunos científicos extranjeros estiman valores incluso más elevados para ese mismo año en los países desarrollados. El demógrafo estadounidense James Vaupel calcula que estará por encima de los 90 años y el académico ruso Valeri Chereshnev estima que se podrá vivir hasta los 110-120 años. Teniendo en cuenta que España es el cuarto país del mundo con la mayor esperanza de vida, es fácil suponer cuánto puede llegar a vivir un español a partir de esos cálculos.

Estas cifras reflejan el desafío que supone el aumento de la esperanza de vida para las compañías aseguradoras que pagan rentas vitalicias a los jubilados. También ilustran la dificulta de cuadrar las cuentas sin reducir el importe de las mensualidades, o, al menos, sin hacerlo de forma drástica. La innovación financiera, sin embargo, empieza a acudir en su auxilio.

La primera cosa que ayuda a las aseguradoras a afrontar el aumento de la esperanza de vida es la aparición de la deuda pública a muy largo plazo. En España, concretamente, se emiten obligaciones del Estado a 50 años desde el pasado 1 de septiembre y se unen a las obligaciones a 30 años que se emiten desde hace tiempo. Para quienes ofrecen rentas vitalicias estos son productos de inversión muy interesantes porque les permite afrontar mejor las consecuencias del aumento de la esperanza de vida. El problema es que las cantidades emitidas a tan largo plazo son muy pequeñas.

En Wall Street, por su parte, han empezado a desarrollar los llamados bonos de longevidad. Se trata de instrumentos financieros que cubren el riesgo para las aseguradoras y los planes de pensiones derivado del aumento de la esperanza de vida. Estos bonos se venden a los fondos soberanos, los hedge funds y otros inversores institucionales similares, los cuales solo ganan dinero si la gente vive menos de lo esperado. Si viven más, el dinero invertido cubre las mayores necesidades de capital de las aseguradoras y los planes de pensiones para seguir pagando las mensualidades durante más tiempo.

La primera entidad financiera en emitir un bono de longevidad fue el Deutsche Bank, que lo hizo en febrero de 2012. Luego le siguieron entidades como Goldman Sachs, JPMorgan Chase y Morgan Stanley. Pero este instrumento afronta dos tipos de problemas. En primer lugar, aún no se sabe si habrá demanda real de este tipo de bonos, teniendo en cuenta que habría que esperar veinte años para obtener beneficios, si se consiguen. En segundo término, hay quien los critica por considerar inmoral el realizar apuestas financieras con la esperanza de vida de la gente.

Sea como fuere, lo cierto es que si la aseguradoras y los planes de pensiones no encuentran fórmulas para compensar el efecto del aumento de la esperanza de vida, el importe de las rentas vitalicias que pagarán a los jubilados será, probablemente, más bajo. En este contexto, lo que una persona tiene que plantearse de cara a la jubilación es o bien ahorrar más, o bien retrasar el momento del retiro, o bien contar con otras fuentes de ingresos, o una combinación de las tres cosas.

economiadelavida@periodistadigital.com

Autor

Emilio González

Emilio González, profesor de economía española, europea y mundial en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid.

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