La relación conyugal de ambos y sus respectivos desempeños son en ocasiones objeto de algunas miradas desconfiadas

La ministra Ribera y su consorte: De oficio reguladores

¿Seguro que no han intercambiado tres palabras de no sé qué o vete tú a saber de qué en relación con la intervención del mercado que abandera su consorte?

Mariano Bacigalupo Saggese y Teresa Ribera
Mariano Bacigalupo Saggese y Teresa Ribera PD

Ya en diciembre, cuando los bombos de la Lotería giraban y giraban, causó estupor. Mariano Bacigalupo Saggese, el marido de la vicepresidenta tercera la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, era reelegido como consejero de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC).

Este organismo es al que corresponde vigilar el buen funcionamiento de todos los mercados en interés de consumidores y empresas. Es un organismo público con personalidad jurídica propia, como un matrimonio en el que también suelen converger intereses mutuos.

La relación conyugal de ambos y sus respectivos desempeños son en ocasiones objeto de algunas miradas desconfiadas, pese al buen desempeño de ambos. Las dudas venían, como era obvio, con aquello de la mujer del César, que además de serlo ha de parecerlo.

La cosa, hoy en día, no es que se le tuerza el brazo a la legalidad, que no lo hace, sino que, directamente, se le vuelve la cara a lo ético y a lo estético. Está feo.

Sí, claro que se puede inhibir en aquello que pueda afectar directamente a su mujer, o en los asuntos en los que pueda haber algún conflicto de intereses. Es más, seguro que lo ha hecho y que lo tiene grabado a fuego como norma de funcionamiento.

Pero tampoco puede evitarse que las dudas caigan siempre del mismo lado, máxime cuando las declaraciones públicas de Bacigalupo son sin remilgos milimétricamente coincidentes con las posiciones del Gobierno.

Y sobre ese alineamiento viene la sospecha. ¿seguro que no han intercambiado tres palabras de no sé qué o vete tú a saber de qué en relación con la intervención del mercado que abandera su consorte?

Si de lo de que se trata es de pasar el algodón a la reputación de nuestra historia no hay que caminar mucho para comprobar cómo la cosa no da muchas esperanzas. Desde luego, y a las alturas de los antecedentes de los gestores de lo público, la mejor forma de garantizar malas prácticas es evitarlas. Más claramente, romper esa relación de interés entre un familiar y otro. Y no, no basta con crear cortafuegos, establecer filtros, protocolos que velen por la limpieza de los procedimientos. Uno u otro tiene que estar en otras ocupaciones. Quien evita el riesgo, evita el peligro.

Es cierto, que hay quien puede pensar que el marido, como profesional del ramo, no tiene culpa de que su mujer sea vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que no debe ser ‘castigado’.

Tal vez el castigo supremo lo tendrá el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en las urnas como consecuencia de su errática gestión; sobresaliente en propaganda y muy deficiente y errática en gestión. Varios ex ministros del PSOE del Gobierno de Zapatero han manifestado sin rubor en público que cada vez que Ribera dice que bajará la luz, sube el pan electoral. “Es un agujero electoral para el PSOE”, ha dicho alguien cuya capacidad de atraer votos para los socialistas está fuera de toda duda.

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