Santiago Carbó achaca el deterioro de Bankia tras la salida a Bolsa a la segunda recesión no prevista

El deterioro de Bankia en los meses posteriores a su salida a Bolsa en julio de 2011 y que derivó en la nacionalización de la entidad a mediados de 2012 fue consecuencia de la recaída en recesión no prevista de la economía española, del incremento del paro y del ajuste del mercado inmobiliario, según aseguran los catedráticos Santiago Carbó y Francisco Rodríguez Fernández, asesores de instituciones internacionales como la Reserva Federal o el BCE.

Así lo reflejan en un informe pericial entregado en la Audiencia Nacional en el marco del ‘caso Bankia’. El documento, al que ha tenido acceso Europa Press, contrasta con el de los peritos judiciales Víctor Sánchez Nogueras y Antonio Busquets, quienes aseguraron ante el juez Fernando Andreu que no consideran determinante para el deterioro de Bankia la evolución macroeconómica de España en esos años.

Ahora bien, Carbó y Rodríguez Fernández explican a lo largo de un análisis de cerca de 130 páginas que ni las grandes instituciones públicas como el FMI, el BCE, la OCDE, el Banco de España, la oficina estadística europea Eurostat o el Instituto Nacional de Estadística (INE) ni las privadas, caso de las agencias de ‘rating’, esperaban en julio de 2011, momento en el que Bankia saltó al parqué, que España caería en una segunda recesión.

«En 2011 se consolidaría la recuperación económica en España y en 2012 se reafirmaría» con una aceleración del PIB, según consideraban entonces todos estos organismos y entidades. «La evolución del entorno económico después de la salida a Bolsa de Bankia puede explicar el deterioro sobrevenido de sus activos y de su balance desde julio de 2011, con respecto a la información financiera incorporada al folleto de emisión de la oferta pública de suscripción (OPS), sin que fuera posible anticipar los deterioros que se produjeron y que fueron conocidos con posterioridad», concluyen los expertos.

En concreto, las instituciones internacionales preveían en el momento de la salida a Bolsa de la entidad nacionalizada un crecimiento del PIB de entre el 1,5% y el 1,7% en 2012, mientras que las previsiones de los organismos privados oscilaban entre el 1,3% y el 1,9%, cuando realmente descendió un 1,6%.

ERRORES DE ESTIMACION DE LA MAYORIA DE ORGANISMOS.

«No fue hasta los primeros meses de 2012 cuando se comenzaron a ofrecer previsiones de caída del PIB en ese año y su magnitud no fue realmente aproximada a la realidad hasta la primavera de ese año», afirman, y añaden que la mayoría de los institutos de previsión incurrió en un error de estimación de unos tres puntos porcentuales.

«Lo que da una idea de lo imprevisible de la situación que se produjo en la macroeconomía española en el año posterior a la salida a Bolsa de Bankia», explican. La «sorpresa» de la evolución económica en España fue de tal calibre para todos, insisten los expertos, que hasta el BCE adoptó en la primera mitad de 2011 dos subidas de tipos de interés, «más coherentes con un entorno de recuperación económica que de recesión». «Los tipos tuvieron finalmente que bajar para estimular la economía en 2012. Otro signo claro de la imprevisibilidad de la situación», apostillan.

«La percepción del giro sobrevenido en la situación económica, poniendo de manifiesto un profundo deterioro económico, tardaría bastante en producirse para todos los agentes públicos y privados», indican.

La caída del PIB, que estuvo motivada en parte por factores exógenos como el agravamiento de la crisis griega, estuvo acompañada de una «intensa destrucción de empleo», ya que en 2011 creció en 585.100 personas la cifra de parados y en 2012 se registraron 733.700 desempleados más, de manera que a final de ese año España contaba con algo más de seis millones de parados.

EL PARO DISPARO LA MOROSIDAD.

Este repunte del paro provocó que la morosidad y el volumen de créditos dudosos se disparara, al tiempo que la calidad de la demanda de crédito se resintió. En concreto, en el año previo a la salida a Bolsa de Bankia, la tasa de morosidad creció en 1,45 puntos, al pasar del 5,48% de julio de 2010 al 6,93% de julio de 2011, mientras que subió más del doble (3,16 puntos) entre julio de 2011 y de 2012, hasta llegar al 10,09%.

Tampoco en 2011 contaban los economistas con esa destrucción de empleo, recalcan los expertos. En el momento de la salida a Bolsa, el consenso estimaba un crecimiento de puestos de trabajo en 2012, en el entorno del 0,6%, es decir, que se generarían en ese año alrededor de 106.000 nuevos empleos.

Sin embargo, se destruyeron 823.000 puestos de trabajo en 2012 y la tasa de paro repuntó hasta el 24,8% de la población activa, cuando los expertos estimaban en el momento de la salida a Bolsa que bajaría del 20,5% de 2011 al 20,1% en 2012.

MAYOR EXPOSICION AL SECTOR INMOBILIARIO.

Carbó y Rodríguez Fernández apuntan a que a esta situación además se sumó la aceleración del ajuste en el mercado inmobiliario «en una magnitud superior a la prevista» y el cierre del acceso a los mercados por la crisis de deuda soberana. «La aceleración del ajuste del mercado inmobiliario tuvo un papel destacado en el efecto negativo de la macroeconomía sobre el sector bancario», indican.

Los expertos subrayan que «el deterioro de los activos, rentabilidad y solvencia de Bankia se resintió de forma algo más importante que el del sector en la segunda mitad de 2011 y en 2012 por su nivel de especialización en activos vinculados al sector inmobiliario, cuya pérdida de valor se aceleró con el cambio inesperado en la macroeconomía».

Además, pone el foco en cómo la bajada del ‘rating’ soberano del Reino de España tuvo «significativas» consecuencias sobre la calificación crediticia de los bancos españoles y, en particular, de Bankia.

DECRETOS ‘GUINDOS I’ Y ‘GUINDOS II’.

De hecho, recuerdan que el contexto de deterioro económico sobrevenido se manifestó de forma «más notoria» en el sector financiero tras la entrada en vigor de los dos decretos de saneamiento del sector financiero, conocidos como ‘Guindos I y Guindos II’, en febrero y mayo de 2012, respectivamente.

Estas medidas para ‘limpiar’ los balances exigieron a los bancos españoles la recapitalización en algo más de 50.000 millones de euros. Además, conllevaron que las pérdidas por deterioro de activos en 2012 superaran en casi un 40% los ingresos netos del sector, con las consiguientes pérdidas registradas por la mayoría de entidades financieras españolas en 2012.

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