Banco de Pagos Internacionales (BPI)

Jaime Caruana pide «no aguar» las reformas y establecer un marco analítico más allá de la pura regulación

Caruana (BIS) dice que cuando hay "perturbaciones" no es momento de bajar los requisitos de capital

Jaime Caruana pide "no aguar" las reformas y establecer un marco analítico más allá de la pura regulación
Jaime Caruana. PD

El próximo mes de octubre, Jaime Caruana, exgobernador del Banco de España y el español que actualmente desempeña el cargo más relevante en la economía mundial, pondrá fin a un periplo de casi diez años al frente del Banco de Pagos Internacionales (BPI), la institución financiera internacional más antigua del mundo, pues sus orígenes se remontan a 1930, conocida como el banco de los bancos centrales e impulsora de la cooperación monetaria y financiera internacional.

Al frente del BPI desde abril de 2009, Jaime Caruana, quien entre 2003 y 2006 ya había presidido el Comité de Basilea, destaca en una entrevista con Europa Press los avances «muy significativos» en estos casi diez años en la agenda regulatoria, «que en buena parte está finalizada», aunque advierte de que «no es el momento de aflojar o de ‘aguar’ las políticas que se han venido haciendo de cara a reforzar el sistema financiero» y plantea la necesidad de contar, más allá de la regulación, con un mejor análisis y seguimiento de los profundos cambios que están experimentando los sistemas financieros y las economías en general (Caruana (BIS) dice que cuando hay «perturbaciones» no es momento de bajar los requisitos de capital).

«Desde la perspectiva del BPI ha sido una agenda muy, muy ambiciosa que en buena parte está finalizada», señala el director gerente del BPI, quien hace hincapié en que los informes que van saliendo de la propia entidad o del Instituto de Estabilidad Financiera han empezado a dejar de versar tanto sobre nuevas regulaciones como sobre el análisis de la implementación y de cuáles son los efectos de las mismas.

«Lo que nos queda ahora por delante es terminarlas, implementarlas de forma consistente y analizar sus efectos», apunta Caruana, quien añade también la necesidad, desde el punto de vista del BPI, de examinar en profundidad las razones que había detrás de la crisis y por qué los factores financieros no se han integrado suficientemente en los análisis que soportan las políticas económicas» de manera que no fueron capaces de ver la crisis con una cierta antelación».

«Es algo que llevará tiempo y que va más allá de la pura regulación. La estabilidad financiera requiere no sólo regulación, sino que las políticas económicas tengan más presentes los mecanismos y desequilibrios financieros y todo ello requiere de un marco analítico que todavía no está completo», sostiene.

A este respecto, el exgobernador del Banco de España defiende el enfoque a medio y largo plazo del BPI, «cuando normalmente las salidas de crisis suelen enfocarse mucho al corto plazo», lo que ha permitido a la entidad con sede en Basilea ofrecer en su análisis «ideas diferentes a lo que normalmente es el consenso».

Asimismo, el director del BPI destaca la importancia concedida por el banco de los bancos centrales a los aspectos financieros a la hora de efectuar su análisis, cuando «normalmente los marcos analíticos habituales no dan suficiente importancia a todo lo que es financiero», añadiendo que antes de la crisis «probablemente se tendió a infravalorar los contagios entre las políticas de un país y las de sus vecinos».

«Necesitamos un análisis que internalice mejor los efectos de lo financiero en la economía real. Todavía no se ha alcanzado y todos estamos tratando de contribuir con humildad», apunta.

En este sentido, al preguntarle sobre su futuro una vez que finalice en octubre su mandato en el BPI, Jaime Caruana, cuyo nombre suena en quinielas tan diversas como las que apuntan al BCE como sucesor de Vítor Constancio en 2018, como a tomar las riendas de alguna gran entidad española, asegura que durante los próximos seis meses no se planteará nada.

«Después de Basilea toca Madrid. Ni me lo he planteado, tengo seis meses en los que me voy a dedicar a pensar, pero no voy a hacer nada», asegura.

NO HAY QUE ‘AGUAR’ LA REFORMA FINANCIERA.

Cuestionado sobre la incertidumbre respecto a la postura de la nueva Administración estadounidense en cuanto a la regulación del sector financiero, Caruana recuerda que no es la primera vez que estos cambios conllevan tener que esperar hasta ver cuál será la nueva política de una nueva administración.

«Esto no es algo nuevo. En estos momentos, lo que corresponde es esperar a conocer exactamente los nombramientos y los detalles de las políticas que quiere plantear EEUU», afirma.

«Pienso que será posible llegar a un acuerdo, pero no me atrevería a decir cuando», apunta el español, señalando que son los bancos más solventes, aquellos que cuentan con más capital, los que contribuyen más a la economía y recordando que EEUU normalmente ha tenido unos requisitos de capital más elevados que los mínimos acordados por el Comité de Basilea.

«Creo que no es el momento de aflojar o de ‘aguar’ las políticas que se han venido haciendo los últimos años de cara a reforzar el sistema financiero», concluye.

LOS BANCOS CENTRALES NO RESUELVEN PROBLEMAS ESTRUCTURALES.

Por otro lado, Caruana no duda en reconocer que el papel de los bancos centrales quizás se haya convertido en «algo demasiado entretenido», explicando que las políticas monetarias muy acomodaticias de estas entidades pueden proporcionar tiempo para realizar reformas, pero «no son la solución a problemas que en buena parte tienen carácter más estructural» , por lo que advierte de que si estas políticas no convencionales persisten por un largo periodo de tiempo «pueden crear distorsiones en los mercados».

A este respecto, el director del BPI señala que la política monetaria tiende a ser más eficaz cuando la economía es más flexible y cuando el sistema financiero está más saneado, por lo que considera necesario reequilibrar la combinación de políticas económicas en favor de reformas estructurales y de saneamiento de balances en el sector financiero, algo que se hizo con anterioridad en EEUU.

De este modo, señala que para la banca en general la normalización gradual de tipos y una curva de tipos con una pendiente más pronunciada favorece una mayor rentabilidad en la intermediación y la generación de recursos internos que es una importante fuente de solvencia, aunque apunta la existencia de otros retos para el sector.

«Sin duda la banca tiene otros retos, por ello es importante completar la reforma regulatoria, y facilitar que las entidades centren sus esfuerzos en mejorar los servicios a sus clientes y en los nuevos retos y oportunidades como los derivados de la innovación tecnológica y los nuevos competidores», añade.

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