Ventajas de invertir en depósitos bancarios

Ventajas de invertir en depósitos bancarios
Ahorros Pixabay

Los depósitos bancarios son productos financieros pensados para aquellos agentes económicos que quieren sacar una rentabilidad extra a sus ahorros. Ser seguros y no tener excesivo riesgo han sido siempre las principales ventajas frente otros tipos de inversión, no alcanzables para aquellos ahorradores o inversores más sencillos, es decir, las familias.

Sin embargo, las razones por las que invertir en depósitos bancarios son más amplias. Estas son algunas de las ventajas:

Es un producto fácil de adquirir: no son necesarios unos amplios conocimientos sobre banca e inversión. Cualquier familia o ahorrador puede contratar un depósito, ya que es un producto ofertado en casi cualquier banco. En entidades como Banco Mediolanum existen tipos de depósitos con rentabilidades diferentes para adaptarse a todas las posibilidades.

Tienen rangos de plazo ajustables: si se tiene una pequeña cantidad de dinero para rentabilizar, pero se va a necesitar a largo plazos, es posible contratar un depósito de menos tiempo. Existen productos financieros desde seis meses hasta incluso los 48 meses.

Son muy seguros: el banco que oferta un depósito debe estar adscrito al Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito Español. Es un requisito obligatorio y este permite asegurar la devolución del importe invertido en caso de quiebra, siempre con un máximo de 100.000 euros. De esta forma, los pequeños ahorradores como las familias siempre tendrán a salvo su cantidad inicial de dinero.

Son productos transparentes: la sencillez de su funcionamiento permite que la letra pequeña sea muy concisa y clara. Tanto la duración del contrato como la rentabilidad del mismo quedan explicados desde el primer momento al cliente.

Tipos de depósitos bancarios

En casi todas las entidades bancarias se ofertan diferentes tipos de depósitos para adaptarse a las necesidades de los clientes. Cuanto mayor se diversifique la oferta, más inversores se pueden captar. En Banco Mediolanum, por ejemplo, la diferencia se centra en el tipo de rentabilidad. Los depósitos existentes a grandes rasgos para elegir invertir son:

Cuenta de ahorros: es un tipo de depósito muy común. Es habitual contar con una cuenta de ahorros, en la que se deposita el dinero que se ahorra mes a mes. No tiene domiciliación de recibos ni se usa como forma de pago, como se hace con la cuenta corriente. A cambio de no mover el dinero depositado en estas cuentas, los usuarios reciben un interés que les rentabiliza mes a mes sus ahorros. Suelen ser tipos bajos de interés pero, suficientemente percebibles por el mero hecho de tener el dinero.

Depósitos a plazo fijo: en este tipo de producto financiero, se acuerda un tiempo estimado en el que el dinero va a estar rentabilizando bajo las condiciones ofertadas. Durante ese tiempo, no se puede tocar ni sacar, puesto que incurriría en penalizaciones. Cuanto más tiempo se fije, más alto será el tipo de rentabilidad. Es una apuesta segura siempre y cuando no se necesite el dinero invertido. Es imprescindible que el cliente tenga claro el plazo en el que no va a poder disponer de esa liquidez.

Depósitos con interés variables: estos depósitos incluyen algo más de riesgo que los anteriores. No se firma un tipo de interés fijo, que otorgue por ejemplo, un 1,25% al mes. El depósito se dejará afectar por las inclemencias del mercado. Un mes podrá ser 1,25 pero al mes siguiente es posible que tan solo se obtenga un 0,6%. Índices como el Euribor determinarán estos cambios y se les sumará el factor tiempo, el mismo aplicable a los depósitos a largo plazo.

Contar con la opción de un depósito siempre puede ser un beneficio para aumentar los ahorros, pero hay que hacerlo con la mayor información y documentación posible.

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