"No es ni Grecia, ni el Brexit"

Inversores extranjeros: «Cataluña es una tormenta en un vaso de agua»

El Ibex 35 aguanta con subidas del 10% anuales

Inversores extranjeros: "Cataluña es una tormenta en un vaso de agua"
Una Catalupa independiente saldría automáticamente de la UE. CT

Aunque las ansias independentistas en Cataluña puedan suponer la peor crisis política en España en décadas, no es el Grexit, Brexit ni siquiera el Frexit para los inversores extranjeros

Duro golpe a la exagerada autoestima de los catalanes. Aunque las ansias independentistas en Cataluña puedan suponer la peor crisis política en España en décadas, no es el Grexit, Brexit ni siquiera el Frexit para los inversores extranjeros.

Los titulares de acciones y bonos españoles en el extranjero (y los tenedores de valores de la eurozona en general) se han apresurado a descartar comparaciones con la serie de crisis de deuda soberana que afectó a la eurozona entre 2010 y 2012.

Aunque la región más rica de España tiene una economía mayor que la de Grecia, Portugal y Finlandia, la relativa imperturbabilidad de los valores españoles y catalanes hasta la fecha muestra que los mercados están tratando la crisis de Cataluña como un asunto interno con pocas amenazas, por no decir ninguna, para el euro, la banca o la deuda soberana.

El Ibex 35 está a un 7% de sus máximos del año, pero ha ganado más de un 10% desde enero.

Los costes de la deuda gubernamental a diez años y la prima de riesgo frente a su equivalente alemán, son inferiores a las de principios de año y el tipo de cambio del euro apenas se ha resentido. El nivel de deuda de Cataluña (de alrededor de 77.000 millones de euros) es de aproximadamente una cuarta parte de la de Grecia.

Además, algo más de dos tercios (52.500 millones de euros) se adeudan al Estado español, 8.175 millones más a instituciones financieras internas, 6.018 millones de euros al resto del mundo y 10.035 millones de euros a otros, según datos del Banco de España.

La exposición internacional es demasiado pequeña para tener consecuencias en la zona euro incluso aunque hubiese un ‘default’ en Cataluña, y el efecto sobre España sería también limitado. La deuda total de Cataluña al Estado representa apenas un 4,75% de la deuda total a finales de 2016.

La fortaleza de la eurozona predomina

Además, una hipotética independencia no llevaría ni a un impago de la deuda soberana ni a una salida de España de la zona euro. La confianza económica y el riesgo empresarial para las firmas y hogares españoles podría ser un asunto parcialmente a tener en cuenta por los inversores, pero quedaría amortiguado por el crecimiento económico mundial y la mayor expansión económica en la eurozona en más de seis años.

Las posibilidades de secesión son en sí mismas bastante pequeñas. Uno de los principales inversores en bonos catalanes cree que la pretensión de la independencia de la región siempre fue legalmente dudosa.

«En Cataluña, la independencia nunca fue constitucional, no había base legal», comenta Mark Dowding, gestor senior de carteras en BlueBay Asset Management, que lleva invirtiendo desde hace tiempo en deuda catalana.

La brecha entre los bonos catalanes y españoles se amplió rápidamente a su nivel más alto en más de un año tras el referéndum de independencia de la región del 1 de octubre, cuando los inversores huyeron de la deuda de la región. Pero ahora no sólo se han enjugado esas pérdidas, sino que se han situado al nivel inferior desde mediados de julio, en 250 puntos básicos.

Los bancos españoles que tenían sede en Cataluña, Banco de Sabadell y Caixa Bank, se llevaron lo peor durante la crisis, pero ambos han cambiado su sede social de la región y los precios de sus acciones siguen aún un 20% por encima del valor de hace un año.
Una crisis interna y poco más

«Esta es muy diferente de otras crisis que la eurozona ha enfrentado recientemente», señala Nadia Gharbi, economista en Pictet Wealth Management. «Se trata mucho más de un asunto interno y una cuestión nacional para España. No creemos que, según están las cosas, esto lleve a una crisis sistemática, es una tormenta en un vaso de agua».

«Las acciones españolas han sido las más afectadas; los bonos españoles han visto un impacto relativamente modesto y el euro se ha visto principalmente afectado por el BCE», asegura Nicola Mai, analista y gestor de carteras en PIMCO, el mayor inversor de bonos del mundo y tenedor de deuda catalana.

El actual programa de estímulo y de compra de bonos del Banco Central Europeo ayudó a amortiguar la potencial volatilidad. Toda la deuda estatal del sur de Europa (considerada como principal beneficiaria del programa del BCE) ha sido demandada desde entonces y los costes de la deuda a diez años están 13 puntos básicos por debajo del nivel previo al referéndum del 1 de octubre.

«Como inversores, estamos en un ambiente que francamente parece bastante benigno desde una perspectiva de volatilidad», asegura Andrew Mulliner, jefe de cartera en el gestor de fondos Henderson.

El principal índice de volatilidad europeo está cerca de su nivel más bajo desde bastante antes de la crisis financiera de 2008. España fue uno de los países que más sufrió durante la crisis de deuda de la eurozona de 2010-2012, después de ver que su nivel de deuda subía del 37% del PIB al 99% actual tras haber tenido que aceptar un rescate de la Unión Europea para rescatar a sus bancos.

El país atravesó años de recesión que dejó atrás y es hoy una de las economías de mayor crecimiento del bloque. Se espera que la economía española crezca un 2,4% en 2018, según la Comisión Europea, bastante por encima de la media del 1,8% de la zona euro.

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