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Felix Morales Gabarron: «Brexit, o los renglones torcidos de la política»

Felix Morales Gabarron: "Brexit, o los renglones torcidos de la política"
Brexit PD

A pocas semanas del desenlace definitivo, el proceso de negociación y definición del Brexit ha dejado tras de sí en Reino Unido una gran inestabilidad parlamentaria, dimisiones de altos cargos, cambios forzados de otros y una debilidad alarmante en la figura de la Primera Ministra, Theresa May.

Presionada por Bruselas, por los partidos de apoyo y coalición parlamentaria, nacionalistas escoceses y su propio partido conservador con moción de confianza incluida, Theresa May tiene pocas alternativas de éxito y dos peligros de índole diversa: el fracaso total de las negociaciones y el ostracismo individual político. Ostracismo al que ya sucumbió Cameron, entre otros.

Un precio muy alto por lo que, por definición, era un ejemplar proceso de consulta democrático vía referéndum. Analicemos el conjunto de variables, una por una, que han llevado a este proceso nacido, teóricamente, de forma ejemplar a una grave situación de indefinición política e ideológica con costes graves a nivel financiero y político en el conjunto del Reino Unido.

1. Términos y planteamiento del Brexit para su voto en referéndum

A día de hoy, los nombres de Boris Johnson y Nigel Farage no suenan como actores de la negociación con Bruselas pero en el periodo de definición de ideas previa a la votación, Johnson y Farage tuvieron un papel clave en el apoyo de la idea de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Salida, además, propuesta de forma casi radical, lo que llamamos Brexit duro, amparada por la idea de que la Unión Europea resultaba perniciosa para la independencia de la política británica.

En este punto cabe destacar un primer error de planteamiento. Puede ser discutible la idea de que Bruselas pueda ser un freno a la hora de tomar ciertas medidas políticas en Reino Unido pero plantear un referéndum en esos términos tiene ciertos costes futuros. Básicamente, se presentó a la Unión como culpable ante la sociedad británica sin tener en cuenta que se debería pactar con ella más tarde.

Aunque las sociedades democráticas avanzadas se comportan civilizadamente, Bruselas se tomó como una afrenta y un acto de absoluta deslealtad el planteamiento del referéndum en esos términos. Ejemplos:

  • Mastodonte burocrático
  • Unión de mercaderes al servicio de Alemania
  • Política de fronteras caótica

No todos los actores políticos del Reino Unido plantearon el debate con estas premisas pero la irresponsable cobertura mediática británica dando un protagonismo extremo a ideas de corte sensacionalista añadido a la ola populista de Donald Trump consolidaron el debate político en términos casi de orgullo nacional.

Salir de la Unión puede ser una alternativa correcta para el Reino Unido si se explican los beneficios y las ideas futuras. El principal problema fue el enfoque. La afirmación del uno mismo no empieza por la negación del otro. En la campaña hubo más negación del otro que afirmación del uno mismo.

No parece ilógico que Theresa May encuentre en Bruselas frialdad y ausencia total de apoyo. Las últimas visitas de la Primera Ministra a Bruselas son ejemplo de ello. En el momento en el que Theresa May de forma más angustiosa necesitaba arrancar alguna línea a favor para presentar en el parlamente británico, Bruselas se ha mostrado más que severa. La venganza se sirve fría en la Unión.

2. Planteamiento de negociaciones

A partir de la votación el proceso de destrucción política ha sido imparable. Dimisión de Cameron, nuevo gobierno, Boris Johnson nombrado Ministro de Exteriores (Otro nuevo dardo simbólico contra la Unión) y la idea de que había empezado una nueva era donde el Reino Unido se sentía libre para tomar medidas y políticas sin pensar más que en ella misma. La negociación con Bruselas se entendía como algo no demasiado complejo. ¿Quién desea procesos largos y costosos? La idea básica era que la Unión tenía mucho que perder con una guerra de trincheras administrativa y qué por propio interés de los dos actores, sería solo cuestión de tiempo llegar a un acuerdo conjunto. El paso de los meses ha dejado claro que no ha sido así.

El segundo error de planteamiento de Reino Unido ha sido cómo entender la negociación. La independencia política no la da el resultado del referéndum. La da la salida de la Unión y eso, tiene su proceso. Mientras la unión se tomó muy en serio el resultado del referéndum y apremió para acelerar lo máximo las fechas, Reino Unido descuidó un elemento esencial a la hora de negociar: consensuar internamente la agenda negociadora.

3. Ausencia de consenso interno – indefinición negociadora

A partir de este momento, si por grupos o diferentes colectivos en Reino Unido, el Brexit se había entendido como una victoria desde algún punto de vista, la realidad dejó a la vista de forma gradual todas las lagunas de planteamiento y de definición negociadora.

3.1 Ausencia total de consenso

  • El Brexit ganó, sí, pero por estrecho margen. Una gran parte de la sociedad británica no estaba por esta vía.
  • Los nacionalistas escoceses empezaron a plantear un segundo referéndum.
  • Los actores que ampararon de forma más insistente y radical el apoyo al Brexit comenzaron a desaparecer de la escena política.
  • Los mercados vieron venir un mar de dudas que desembocó en nuevas ventas de la Libra esterlina y en la bolsa británica.
  • El empresariado británico reclamaba fechas claras.
  • Agotada la función populista, los medios de comunicación britanicos se centran en las dudas de liderazgo y en nombres propios.

Liderar las negociaciones se tornó en algo incómodo y salieron a la luz las reales carencias políticas del Brexit: improvisación, indefinición y carencia de un debate parlamentario maduro contemplando diferentes escenarios.

3.2 Peticiones británicas sin respaldo parlamentario

Dejar la responsabilidad de la decisión final de la salida de la Unión Europea, al conjunto de la sociedad británica eliminaba, de algún modo, la necesidad de un gran consenso político. Al fin y al cabo, el pueblo es soberano.

¿Qué mejor consenso puede haber que la libre decisión de los ciudadanos?

El tercer error de planteamiento fue el poco trabajo parlamentario en aras de una futura negociación con Bruselas. Si el Parlamento británico hubiese planteado a la ciudadanía unos claros escenarios de actuación en caso de votación afirmativa, la sociedad británica podría haber respaldado de forma más realista y menos populista un proceso de salida. Comenzar por el referéndum sin pasar por un debate parlamentario nítido se ha traducido en dejar para el último día el grueso del trabajo y el más complejo ¿Cuántos somos y qué queremos?

La Unión Europea sabe cuantos son y lo que quieren. Reino Unido ha sometido a su Primera Ministra a una moción de confianza. Para empezar, la diferencia es obvia.

  • ¿Qué nuevas líneas puede arrancar Theresa May de Bruselas si ya es un cadáver político más (Theresa May no será líder del partido tras las nuevas elecciones) y si no es capaz, tan solo, de someter a votación el pacto con Bruselas?
  • ¿Representa Theresa May al conjunto del Reino Unido en Bruselas cuando desde el propio parlamento británico se especula con un nuevo referéndum, una moción del partido laborista o la petición de una prórroga de las negociaciones o incluso, con no ejecutar la opción Brexit?
  • ¿Con que seriedad y legitimidad se pueden y deben tomar los ruegos de May en Bruselas por un ajuste del acuerdo?
  • ¿Qué tipo de trabajo político se ha desarrollado en el parlamento de Reino Unido?
  • ¿Es suficiente con un nuevo ministro para el Brexit? En este caso, sería ya el tercero.
  • ¿Es el uso de un referéndum la garantía única y necesaria para el éxito del conjunto de una sociedad o debe existir una base de planteamiento sólida detrás?

A 4 de enero de 2019.

El proceso de negociación sigue abierto y asoma la idea cada vez más clara de una salida no negociada de la Unión. Dada la espiral de novedades continuas y la trituradora de cargos políticos en la que se ha tornado el Brexit, no estaría en absoluto seguro, ya no del desenlace, sino de lo que acontecerá en las próximas semanas o días referente a la Primera Ministra y otros altos cargos. En cualquier caso, mientras no cese la campaña interna partidista de desprestigio contra Theresa May y mientras el conjunto de las fuerzas parlamentarias británicas no entiendan sus obligaciones profesionales en aras de un acuerdo esencial para la economía británica futura, contemplaremos nuevos episodios de impotencia del gobierno y más mano de hierro de Bruselas.

Conviene leer el libro de instrucciones de un referéndum. No todo tiene un boton de reset.

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