Michael Paatz compite en un equipo bautizado con el nombre de su hija, quien ha visto a su padre correr toda su vida

De la cuna al coche: la historia de Michael y Mathilda Paatz

Ahora, la joven plantea empezar a conducir en el mismo Seat León Cup

De la cuna al coche: la historia de Michael y Mathilda Paatz
Michael y Mathilda Paatz The Motor Lobby

El mundo del automovilismo es pura pasión, un sentimiento que es compartido por millones de personas que se sienten conectadas por un vínculo muy fuerte. Muchas veces, el motor une a hombres y mujeres alrededor de todo el mundo, la vida de miles de personas gravita entorno a tal pasión. Tanto es así, que en muchas familias se ha llegado a convertir en el trabajo de todos o la mayoría de sus miembros. Hay casos ilustres como los hermanos Michael y Ralph Schumacher, Hans Stuck y su hijo Hans-Joachim, la familia Villolta, Carlos Sainz y Carlos Sainz jr, Jaime Algersuari padre e hijo… y un sinfín de ejemplos, famosos o no, a lo largo y ancho del mundo. El último caso es el de Michael Paatz, piloto de un SEAT León Cup Racer que participa en la categoría TCR, que junto a su hija Mathilda, han creado una de las historias más entrañables de las parrillas mundiales.

Michael capitanea en el Mathilda Racing Team, equipo de carreras en el que compite, que ha sido bautizado con el nombre de su hija. Siendo un bebé su padre ya la llevaba a las carreras y ahora, con tan solo siete años, sigue sin perderse ni una competición. Cuando le preguntan no lo afirma con rotundidad pero ya apunta maneras:  “Todavía no lo sé, pero de mayor puede que quiera ser piloto de carreras”.  La pequeña lleva oliendo gasolina desde que estaba en la cuna. Su padre la ha llevado a muchas de las carreras en las que ha venido participando desde que nació. Reconoce que al principio se le hacía “aterrador” verse “con un cochecito de bebé entre boxes pensando, realmente ¿quieres que la niña esté por ahí corriendo con 3 ó 4 años?”

Pero los años pasaron, “entre todos mis amigos la cuidamos”, y hoy Mathilda se mueve por boxes como pez en el agua. “¿Para qué sirven estos botones, papi?” “Con estos puedo hablar por el micro” “Y este otro, ¿para qué sirve?” “Este es el botón de arranque. Yo no tengo una llave normal como los otros coches” La curiosidad de Mathilda no tiene límites y su padre es feliz teniéndola cerca cuando compite. Un binomio perfecto.

Se aproxima una de las fechas más esperadas. Llega la carrera al mítico circuito de Nürburgring, donde se corren las 24 horas junto a Nordschleife. El tiempo no acompaña, cae una fuerte lluvia que de vez en cuando se vuelve granizo, pero a los participantes no les importa. Y ahí está Michael en representación del Mathilda Racing Team, Antes de comenzar la carrera padre e hija se abrazan. La pequeña le desea suerte mientras asegura orgullosa que su padre “es el más rápido de todos”.  Desde luego que ya sabe de lo que se trata esto.

Termina la carrera y Michael y Mathilda se reencuentran. La pequeña se sube directamente al coche, se pone el casco y lo mira todo. Michael sabe del interés de Mathilda por convertirse en piloto, pero asegura que una decisión así se debe tomar entre los 10 y 12 años, con “más criterio para decidirlo. Entonces, asegura, “si quiere hacerlo estará bien. Conozco los riesgos y creo que no estaría en desacuerdo”. El relevo generacional en esta familia, pues, parece garantizado. Lo que unió el motor, que lo fortalezca la familia y que no lo separe nadie.

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