Conozca los 10 trabajos más extraños que se extinguieron para desespero de pocos

Si es un experto en colocar bolos o cazar ratas… ¡olvídese de encontrar un empleo a su medida!

Serenos, despertadores humanos, 'avisadores de aviones enemigos', toda una oferta de antaño que ya no tiene demanda

Si es un experto en colocar bolos o cazar ratas... ¡olvídese de encontrar un empleo a su medida!
Un cazador de ratas Captura

Colocadores de bolos, despertadores humanos, cazadores de ratas… estos son algunos de los empleos más extraños que se extinguieron y de los que da cuenta ‘ABC‘:

Colocadores de bolos

La evolución tecnológica ha dado lugar a que veamos como automatizadas muchas tareas que antaño se llevaban a cabo de manera manual. Las hemerotecas y los fondos fotográficos nos dejan contemplar algunas llamativas imágenes de estos curiosos puestos de trabajo, algunos de ellos recogidos por la «web» norteamericana Business Insider.

Es el caso de los colocadores de bolos, por ejemplo. Antes de que Gottfried Schmidt inventara el mecanismo automático en los años 30 del siglo XX los encargados de realizar esta tarea eran normalmente niños, como se puede ver en las imágenes de las boleras estadounidenses de la época.

Despertadores humanos

Durante principios de siglo XX resultaba habitual ver en las calles de Reino Unido a los llamados «knocker-up», despertadores humanos que, mediante cerbatanas con las que lanzaban cacahuetes a las ventanas, palos o piedras, interrumpían el sueño de los empleados de las fábricas y les recordaban que comenzaba una nueva (y larga) jornada de trabajo.

‘Avisadores’ de aviones enemigos

Antes de la existencia de los radares, los ejércitos contaban con personal que hacían uso de espejos acústicos, micrófonos y altavoces integrados en complejos dispositivos para detectar los aviones enemigos.

Lectores en las fábricas

Para amenizar las jornadas de trabajo en las fábricas se creó la figura de los «lectores», que desde una tarima solía leer noticias o libros a los empleados. Se cree que la práctica se originó en Cuba y resultaba común en las plantas de fabricación de cigarrillos.

Cazadores de ratas

En algunas ciudades fueron contratados cazadores profesionales de ratas para evitar que se propagaran enfermedades que transmitían los roedores, como sucedió en Sydney (Australia), que sufrió a comienzos del siglo XX un brote de peste bubónica.

Serenos

Los serenos, una figura habitual en las calles españolas hasta hace pocas décadas, eran los encargados de vigilar las calles y su iluminación por las noches, o abrir las puertas de los portales si algún vecino lo solicitaba. En la capital española desaparecieron, de manera oficial, a mediados de los años 80, cuando estos trabajadores fueron asumidos por el Ayuntamiento de Madrid.

Cortadores de hielo

Dado que no existían sistemas de refrigeración, los bloques de hielo debían cortarse de manera manual en los lagos congelados. Posteriormente, se empleaban en la conservación de alimentos, en las bodegas. Era un trabajo que se realizaba en condiciones, muchas veces, extremas.

Operadoras de teléfono

Antes de la aparición de las tecnologías digitales y las centrales automáticas, las operadoras se encargaban de transferir las llamadas telefónicas de manera manual.

Lechero

Ante la ausencia de sistemas de refrigeración adecuados, era necesario que diariamente se repartieran alimentos y bebidas básicos, como la leche. Por ello, una de las figuras más recordadas en muchos países es la del lechero, que día tras día, aproximadamente hasta los años 50 en EE.UU. y Reino Unido, recorría las ciudades y pueblos, puerta por puerta.

Fábricas textiles de cáñamo

La fibra de cáñamo era un material que se utilizaba comúnmente (aún se sigue empleando) en la fabricación de productos textiles. Su uso exigía personal especializado (los llamados en inglés «hemp dressers») para separar las partes más ásperas de las útiles, que posteriormente se emplearían en los tejidos.

 

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