The Economist recopila situaciones que, más allá del humor, son muy reales

Guía para vagos: cómo escaquearse sin que se note y que además te acaben ascendiendo

Hay muchas formas de convertirse en 'especialista' del escaqueo

Es importante mejorar el curriculum acuñando cargos como "director de visión estratégica" o "vicepresidente de análisis de datos relevantes"

El arte de perder el tiempo en el trabajo es centenario y cuenta con defensores y detractores. Tanto el Gobierno como la patronal abanderan cruzadas contra la pereza y plantean medidas para incrementar la productividad y controlar el absentismo.

Pero también hay expertos que afirman que dedicar un tiempo de la jornada laboral al descanso es beneficioso para el trabajador e, incluso, hay quien piensa que es la única forma de prosperar…

Hay muchas formas de convertirse en ‘especialista‘ del escaqueo. La revista The Economist recoge, en un artículo titulado «A guide to skiving» y que lleva como subtítulo «How to thrive at work with the minimum of effort» las conclusiones del académico Roland Paulsen, de la Lund University de Suecia.

Paulsen es autor del libro ‘Trabajo Vacío’, donde compila innumerables análisis en los que se establece que, de media, un empleado dedica entre una hora y media y tres horas al día a no hacer nada.

Que parezca que estás siempre presente:

El primer principio para dominar el deporte de hacer el vago es «estar sin estar». Para alcanzar el resultado deseado hay técnicas como la de ‘la chaqueta’ o la del ‘mail programado’.

Cuando el jefe se de un paseo por su sitio a última hora y vea su chaqueta en la silla, sabrá que está ocupado con alguna reunión o solucionando algún problema, aunque se haya abandonado la nave hace rato.

Lo mismo con el correo: si se deja programado un mail para que se envíe a medianoche, por ejemplo, su superior percibirá una amplia entrega por su parte.

The Economist cita otra herramienta apta para los más hábiles, consistente en desaparecer fortuitamente cuando se estén asignando tareas (este procedimiento puede usarse también a la hora de pagar la cuenta).

Eso sí, hay que poner atención en no hacerlo de forma visible y, en el caso de que el encargo sea inevitable, hay que mostrarse «ansioso» por realizarlo.

El doble filo de la tecnología:

El segundo ‘mejor amigo‘ de los escaqueadores profesionales es la tecnología. Tanto el ordenador como, más recientemente, los smartphones permiten distraerse del trabajo diario sin que se note.

Sin parar de teclear, dando la impresión de «trabajar duro», destaca el semanario británico, el empleado puede estar reservando un restaurante, programando sus vacaciones o chateando con un amigo. Y con el móvil uno puede abstraerse de una reunión sutilmente siempre que mantenga su cara de interés.

Eso sí, no hay que olvidar la contrapartida de la sociedad tecnológica: la monitorización. Hay estudios que mantienen que decenas de millones de asalariados en todo el mundo son espiados a través de sus ordenadores de empresa.

También juega en contra la actividad en redes sociales, ya que dan muchos detalles sobre la actividad ‘holgazana’ si no se ha configurado una privacidad suficientemente restrictiva.

«El escaqueo es como la libertad, solo puede prosperar si el Gran Hermano se mantiene a raya».

Que no haya una relación directa entre producción y resultado:

La tercera clave para vaguear sin consecuencias depende de la firma para la que se trabaje. A ser posible, es conveniente elegir un puesto en el que la medición y seguimiento de los resultados sean difusas.

En este punto, The Economist apunta al sector público como el paraíso de los vagos por aunar estas dos características. Y aporta ejemplos: en 2004, en una oficina del fisco finlandés, tardaron dos días en darse cuenta de que uno de sus compañeros había fallecido. Estaba sentado en su puesto.

En 2009, la Administración de Aviación Civil de Suecia descubrió que algunos de sus empleados pasaban tres cuartas partes de su horario viendo pornografía en Internet. Y en el 2012, un funcionario alemán envió un mensaje de despedida a sus compañeros en la que confesaba que no había hecho absolutamente nada durante los últimos catorce años de su carrera.

Que la empresa sea lo más grande posible:

Es fundamental también elegir una gran corporación frente a una pyme. Una buena muestra de esta afirmación se encuentra en el libro ‘Los muertos vivientes’, escrito por David Bolchover.

Este ex empleado de oficina en una gran corporación estadounidense relató en 2005 como arrancó su vida laboral en una pequeña firma donde trabajaba mucho por un bajo sueldo y escaso reconocimiento y acabó en una gran compañía en la que tenía un puesto importante y una retribución elevada sin tener apenas carga de trabajo.

Su conclusión es que la presión laboral es inversamente proporcional al tamaño de la empresa.

Que la empresa tenga una política ‘moderna’:

Puede parecer extraño, pero en ocasiones es el propio empleador el que fomenta la actitud pasiva de los trabajadores.

Es fundamentalmente el caso de las corporaciones de nueva creación, sobre todo dedicadas al sector tecnológico. Aunque su finalidad suele un descanso que impulse la eficiencia y la productividad, los verdaderos expertos en haraganear saben aprovechar la oportunidad que se les brinda.

Lugares como Google y Facebook, con salas de relax y vídeoconsolas, son una opción para que los vagos más astutos aprovechen el descanso sin molestarse en esforzarse.

Es importante también aprovechar la filosofía de estos empleadores y mejorar el curriculum acuñando cargos como «director de visión estratégica» o «vicepresidente de análisis de datos relevantes».

Que la responsabilidad no arruine tu carrera:

Por último, el principio final es el que tiene que ver con el viejo mito de que el esfuerzo conlleva la recompensa. The Economist recuerda que existen pocos estudios acerca del tema, pero que los que existen demuestran que el ‘escaqueo’ predomina en las partes más altas y más bajas del rango salarial.

Uno de ellos, realizado en Finlandia en 2010, estableció que aquellos que contaban con »tiempo libre» en sus trabajos ganaban de media más de 80.000 euros anuales o menos de 20.000 euros anuales.

«Puede ser difícil ascender sin algo de esfuerzo inicial, pero el secreto es rebosar ideas inteligentes que hagan otros. Y los problemas acabarán cuando te conviertas en jefe: simplemente podrás delegar todo tu trabajo mientras pasas los días en conferencias internacionales o cultivando las relaciones con los inversores».

 

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