Los 21.000 recién jubilados incorporados al sistema

El nuevo jubilado español cobra 19.446 euros al año, más que la mitad de los asalariados

El nuevo jubilado español cobra 19.446 euros al año, más que la mitad de los asalariados
Jubilados

Las nuevas pensiones que este 31 de julio de 2017 paga la Seguridad Social son motivo de orgullo, pero ponen de relieve los graves problemas financieros de un sistema que ya no cuenta con suficientes ingresos como para hacer frente a los derechos adquiridos por miles de trabajadores.

Los 21.000 recién jubilados incorporados al sistema durante julio van a percibir una primera nómina de 1.389 euros, equivalente a un salario bruto anual de 19.446 euros. Una cifra que casi coincide con la del salario mediano español, de 19.466 euros, según el INE. Ese salario medio hace referencia al punto que separa al 50% de empleados que cobran por encima de esa cifra y al 50% cuyo sueldo es inferior.

Como subraya José Luis Bajo Benayas en ‘El economista’, ya lo advirtió Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social, en una reciente comparecencia parlamentaria.

 Sueldos y pensiones se parecen cada día más, hasta el punto de que la tasa de sustitución (que compara la cuantía de la pensión de un retirado con lo que cobraba antes de jubilarse) se sitúa en nuestro país ampliamente por encima del 80%, una de las más elevadas de la Unión Europea.

En Alemania, país de referencia por sus reformas, se sitúa levemente por encima del 40%. Y en Francia, con el mayor gasto público del continente, levemente por encima del 70%.

Pero, ¿por qué la nómina de pensiones ha crecido tanto y los salarios, aparentemente, tan poco?

Los motivos son variados, pero el fundamental es el de que la contención en los sueldos ha sido, hasta este año, la gran clave para que España recupere competitividad respecto a sus socios europeos y, de paso, salga de la crisis.

Mientras, las pensiones han crecido con vigor gracias a las sucesivas revalorizaciones, especialmente intensas en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero (a excepción de la congelación de 2010), y más moderadas con Mariano Rajoy en el Gobierno (del 0,25% anual, incluso cuando el IPC medio anual de 2014 y 2015 se situaba por debajo de esa cifra).

De esa manera, en una década la pensión media mensual de jubilación se ha incrementado en 300 euros. Si en 2007, justo antes de entrar en recesión, se situaba en los 766 euros, en el mes de julio se ha colocado en 1.064, una revalorización que no encuentra comparativa en el mercado laboral, donde la congelación fue protagonista en el periodo 2008-2011 y la devaluación, clave en los años 2012-2015.

El futuro, más complicado

Hay que insistir en este punto en que la pensión media de jubilación se refiere a más de seis millones de personas retiradas, casi siempre mayores de 65 años, y que la pensión media bruta de 1.389 euros se refiere a las últimas altas de la Seguridad Social.

Pero es la segunda cifra la que da una idea aproximada de las cuantías que van a tener que abonarse a partir de ahora, siempre superiores a ese salario mediano español y, en cualquier caso, muy por encima del sueldo más común, que se sitúa en nuestro país levemente por debajo de los 15.000 euros anuales según la encuesta de Estructura Salarial del INE.

Es de esperar, por tanto, que las reformas de un sistema que acumula a día de hoy un déficit superior a los 18.000 millones de euros se encaminen a bajar la «generosa» tasa de sustitución o reemplazo -palabras de la propia ministra Báñez- y aleje, de nuevo, el valor de salarios y pensiones.

Está por ver los acuerdos que alcanzan los partidos políticos en el seno de la subcomisión del Pacto de Toledo, que ha estado desarrollando trabajos desde finales del año pasado sin que por ahora haya quórum.

Suenan la posible extracción de las partidas de Viudedad y Orfandad de la Seguridad Social (por un valor de 19.000 millones) o la extracción, a su vez, de las bonificaciones a la contratación (otros 2.000 millones).

Pero sigue sin abordarse la manera en que el Estado sufragará esas partidas, ya que cambiarlas únicamente de caja no serviría para nada. El PSOE es el único partido que, por ahora, ha elevado la voz y habla de crear un impuesto ad hoc. El ejemplo más cercano es el francés, que cuenta con un recargo sobre el IRPF que sirve para financiar los retiros.

Por otro lado, el Ministerio de Empleo ha cambiado también de estrategia y ha pasado a la ofensiva, reclamando, después de años de esfuerzo, que suban los salarios, clave para que la recaudación por cotizaciones crezca y logre rebajar el agujero que hoy sufre el sistema.

Las cotizaciones dejaron el año pasado 103.000 millones y este año apuntan a un avance cercano al 5% -casi 110.000 millones-, sustancial pero insuficiente para bajar el déficit en un momento en el que la hucha de las pensiones se ha quedado con apenas 11.602 millones de euros.

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