El temporero nicaragüense muerto por golpe de calor en España, mientras trabajaba para un empresario ecuatoriano

Eleazar Blandón: «Aquí me humillan, me llaman burro. No estoy acostumbrado a que me traten así»

En la plantación de sandías donde trabajaba se superaron ese día los 44 grados y, según cuentan los amigos de la víctima, a Blandón, en pie desde las cinco de la mañana, no le daban ni agua para refrescarse

Eleazar Blandón: "Aquí me humillan, me llaman burro. No estoy acostumbrado a que me traten así"
Eleazar Benjamín Blandón Herrera. PD

Una vergüenza que encoge el alma.

El trabajador agrícola fallecido este 1 de agosto de 2020 en una finca ubicada entre los municipios murcianos de Puerto Lumbreras y Lorca por un golpe de calor sufrido mientras descargaba un camión de sandías llegó al hospital sin pulso y en parada cardiorrespiratoria, y dio negativo en la prueba de la covid-19.

Así se recoge en el parte médico incorporado al atestado de la Guardia Civil de Águilas, en el que se indica también que el trabajador, B.B.H., de 41 años y natural de Nicaragua, entró en el centro hospitalario Rafael Méndez de Lorca en coma y con livideces en sus miembros.

Según fuentes de la investigación, fue sometido durante cuarenta minutos a un masaje cardíaco, aunque sin resultado positivo, tras lo cual el cadáver fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Murcia para la práctica de la autopsia.

UN GRITO DE DOLOR

 «Aquí a uno lo humillan, me llaman burro. No estoy acostumbrado a que me traten así».

Son palabras, según su hermana, de Eleazar Blandón, el jornalero fallecido.

Blandón, de 42 años, llegó a Bilbao en octubre del año pasado dejando en Nicaragua a su esposa embarazada de cinco meses y cuatro hijos.

No tenía papeles. Buscaba en España una vida mejor para su familia, pero emigró para salvar la suya y la de sus hijos.

Se había involucrado en las manifestaciones contra el régimen de Daniel Ortega y comenzó a recibir amenazas: “Contrólate o pagarás con tus hijos”.Allí pidió asilo, pero, con el sistema saturado, no le convocaron para formalizar su solicitud hasta meses después.

Y llegó la pandemia y todo se paró. Los solicitantes de asilo tienen residencia legal en España hasta que se resuelva su caso y pueden trabajar a los seis meses, pero Blandón, sin poder formalizar su petición, se había quedado en un limbo: no podían expulsarle, pero no podía emplearse de forma legal.

Se mudó a Almería con su hermana y trabajó clandestinamente repartiendo agua y, aunque lo intentó, no consiguió una cita para poner en orden sus documentos. No le quedó más remedio que someterse al trabajo precario y se mudó a Murcia donde le dijeron que podría ganar algo de dinero y hasta regularizarse.

LA FAMILIA PIDE AYUDA

La familia pide ayuda para repatriar su cadáver a Nicaragua. Hasta allí enviaba dinero para su mujer y sus cinco hijos, uno de ellos recién nacido, al que nunca llegó a conocer.

El juzgado de instrucción de Lorca que dirige las investigaciones decretó este lunes la puesta en libertad sin fianza del detenido, P.M.P., el empresario ecuatoriano para el que trabajaba el fallecido, con la sola obligación de personarse en las dependencias del mismo cuantas veces sea llamado y de comunicar puntualmente sus cambios de domicilio.

El auto en el que se acuerda la libertad señala que aunque de lo actuado hasta ahora se deducen indicios “bastantes” para estimarlo responsable, presuntamente, de un delito contra los derechos de los trabajadores, en aplicación de la ley no procede adoptar otra medida más restrictiva de derechos.

Las diligencias del caso, tramitadas por la Guardia Civil de Águilas, señalan que el empresario manifestó en un principio que cuando viajaba en su furgoneta con otros dos trabajadores encontraron en la cuneta a una persona, por lo que procedieron a trasladarla a un centro de salud de Lorca, desde el que después sería trasladado al Rafael Méndez .

Sin embargo, con posterioridad, admitió ante los agentes que la persona fallecida, por la que volvió al centro de salud para interesarse por su estado, era un trabajador suyo que llevaba con él dos o tres días y al que no había dado aún de alta en la Seguridad Social.

Los investigadores recogieron en el atestado las manifestaciones de compañeros de trabajo de aquel, uno de los cuales indicó que por la mañana, a las 10:00 horas, habían hecho un descanso para el desayuno, y que en ese momento el fallecido se encontraba normal.

Sin embargo, cuatro horas después, lo encontró muy mal, hasta el punto de que tuvo que sostenerlo para evitar que cayera al suelo, ya que sufrió un desmayo.

Por su parte, otro jornalero expuso a los agentes que la jornada de trabajo iba desde las 7:00 horas hasta las 15:00, de lunes a sábado, ya que solo descansan los domingos

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