El ministro de Industria pisa terreno pantanoso

José Manuel Soria se trabaja un puestazo en Repsol de la mano de su inseparable Brufau

Desde La Moncloa se miran con recelo sus decisiones y tampoco en Génova 13 andan tranquilos con los pasos que está dando

José Manuel Soria se trabaja un puestazo en Repsol de la mano de su inseparable Brufau
Antonio Brufau y José Manuel Soria. RP

¿Alguien tiene dudas de que uno de los lobbies más influyentes de este país es el petrolero? Pues pregunten a cualquier diputado.

Es lógico: el cambio de una coma en el BOE puede hacer ganar o perder millones a las empresas energéticas. Hay demasiado en juego como para que el mundo de los negocios no busque la cercanía al Consejo de Ministros.

Y si hay un empresario que parece haber ganado la voluntad de un ministro de Mariano Rajoy, ése es, sin duda, Antonio Brufau. «José Manuel Soria come de su mano», señala un compañero político del ministro canario.

¿Las apariencias engañan?

Fíjense en su ocurrencia de abrir la puerta a Repsol para comenzar las prospecciones de crudo en aguas canarias a espaldas del presidente de las islas, Paulino Rivero, que se enteró del acuerdo por la prensa.

Brufau, el mandamás de Repsol, no ha escatimado esfuerzos para «trabajarse» al ministro de Industria, Energía y Turismo. Su laberinto personal está en juego, primordialmente porque uno de los socios claves de la petrolera, la estatal mexicana Pemex, cuestiona abiertamente su retribución y gestión.

Ahora bien, Soria también pisa terreno pantanoso. Desde La Moncloa se miran con recelo sus decisiones. Tampoco en Génova 13 andan tranquilos con los pasos que está dando el ministro.

«Ha debido ir con mucho más tiento antes de dejarse marcar ese gol por Brufau», señala, escamado, uno de los VIP del edificio madrileño de la gaviota.

El Gobierno autonómico de Canarias y partidos políticos como PSOE, Izquierda Unida o Coalición Canaria, entre otros, así como decenas de organizaciones ecologistas y ONG se han unido con el objetivo de detener las exploraciones frente a Lanzarote y Fuerteventura, que Brufau, de la mano del ministro, desea comenzar en junio.

Eso sí, antes de agujerear en busca de El Dorado la costa canaria Repsol debe superar el escollo administrativo de un informe de impacto ambiental que tiene sobre su mesa otro ministro, el de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el rocoso Miguel Arias Cañete.

Y es que el turismo es el motor económico de las Islas Canarias, en especial el proveniente de Europa, donde son reconocidas como un paraje medioambiental de primer orden.

La contestación que el proyecto de la petrolera está teniendo debería haber puesto en prevención a un «listo animal político» como José Manuel Soria.

Sobre todo porque es consciente de que el PP cuenta con que vuelva a casa para enfrentarse en 2015 a Rivero e intentar arrebatarle la Presidencia de la comunidad autónoma.

Así no es de extrañar que las brocas de acero de Repsol se dejen sentir como una cuchilla que corta hasta el aliento en el seno del propio Partido Popular de las islas, preocupado por pagar en las urnas los llamativos compadreos de su líder con Antonio Brufau.

De puertas afuera, a los populares solo les queda acudir al argumento de que la alta tasa de paro en el archipiélago hace «imprescindible» reducir su dependencia del turismo y diversificar su actividad productiva.

«Si las prospecciones tienen éxito», decía esta semana en el pleno de la Cámara Alta el senador tinerfeño Antonio Alarcó, «España reduciría en un 10% la importación de hidrocarburos y derivados, lo que se traduciría en un ahorro de 36.000 millones en 20 años».

Pero no es la primera vez que Brufau y los adláteres que marchan a su alrededor dan como seguro lo que luego se ha demostrado ser un cuento de la lechera.

Por ejemplo, la próxima semana Antonio Brufau quiere «vender» como éxito su último fiasco en Argentina.

No contento el presidente de Repsol con conducir a su empresa a perder el negocio sudamericano (tras la expropiación de su 51% en YPF), ahora informará a su Consejo de Administración de un acuerdo con el Gobierno argentino por el que la petrolera renuncia a 4.000 millones de euros respecto a las perspectivas depositadas en la compensación legal.

Todo un acierto de Brufau.

Tampoco hay que minusvalorar la falta de coherencia que con este asunto transmite el Partido Popular.

¿Cómo se puede defender en Canarias lo contrario de lo que dice sobre las prospecciones frente a Baleares o la Comunidad Valenciana?

En definitiva: chirría que, con el carajal que tiene montado con la factura de la luz, José Manuel Soria dedique su tiempo a defender la cuenta de resultados de una empresa como Repsol, tan en cuestión por los errores de gestión de sus directivos.

Además, el fondo del asunto tiene que ver con la obligación de todo gobernante de no someterse a las presiones de los poderosos cuando para ello debe faltar a los compromisos adquiridos con quienes lo eligieron.

Porque actuando así, claro, lo que consigue José Manuel Soria es agrandar esa impresentable sombra llamada «puerta giratoria».

Es decir: asentar en la opinión pública la sospecha (por falsa que sea) de estarse labrando desde el cargo de ministro de España un retiro dorado en Repsol.

 

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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