Técnicamente, hemos salido de la crisis

El PIB español crecerá al 1% en 2014, aunque aún no llegará a la economía real

La recuperación será débil si no se profundiza en reformas pendientes

El PIB español crecerá al 1% en 2014, aunque aún no llegará a la economía real
Economía, finanzas, bolsa y crisis. PD

Si bien en un principio predominaban los fondos más interesados en distress, seguimos por un inversor más de carácter financiero y, ahora, vemos un capital más industrial

La primera reunión de expertos del año del Ecómetro de KPMG-elEconomista concluye que la mejoría económica de los últimos meses es motivo de esperanza, pero no es sinónimo, todavía, de fin de la crisis, sobre todo si el Gobierno no ahonda en su agenda reformista.

En detalle, la previsión de crecimiento para 2014 que arroja el consenso de los expertos es del 1% del PIB, acorde con los pronósticos de la Comisión Europea y algo menos optimistas que las últimas estimaciones que maneja el Ejecutivo de Mariano Rajoy.

No obstante, aunque el cambio de tendencia en la evolución económica, iniciada en los últimos meses de 2013, vaya a ir consolidándose, hubo unanimidad a la hora de señalar que el viraje en los indicadores tiene aún difícil encontrar un verdadero impacto en la economía real y, sobre todo, en la creación de empleo, para lo que es necesario profundizar en las reformas pendientes, con objeto de corregir los desequilibrios existentes en la economía española.

En la segunda edición del panel de expertos participaron Almudena Semur, coordinadora del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos (IEE); María Jesús Fernández, analista de Coyuntura de la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas), Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research; Josep Sayeras, profesor de Economía de Esade; Javier Díaz-Giménez, profesor de Economía del IESE y Francisco Uría, socio responsable del Sector Financiero de KPMG en España.

Cuidado con el optimismo

«Lo peor ha pasado y aunque haya un cambio de tendencia, es necesario mantener el pulso reformista y cumplir con el objetivo de déficit «, expuso Semur.

En este sentido, Fernández advirtió de que su temor «es que el optimismo lleve a dejar de ahondar en las reformas que siguen siendo necesarias». La economía española está empezando a crecer pero las previsiones llegan repletas de salvedades.

Así, la analista de Funcas expone que «la deuda pública prevista, que superará el 100% del PIB, va a hacer necesario mantener una política fiscal restrictiva durante bastante tiempo, lo que frenará las capacidades de crecimiento de la economía».

Del mismo modo, Díaz-Giménez se muestra muy prudente y asegura que «lo que estaba siendo una tendencia al alza podría estancarse en los próximos meses» y vincula la recuperación a «dos elasticidades: la de las importaciones y la de la creación de empleo».

Por su parte, Uría certifica una corriente de reconocimiento internacional hacia España, aunque hace hincapié en «trabajar por la estabilidad regulatoria y la reforma de las Administraciones, fundamental para reducir el déficit público».

Mantener la devaluación

En opinión de Semur, también urge ahondar en la reforma laboral, para que se traduzca en mayor flexibilidad:

«Hay que mantener el proceso de devaluación interna hasta que tengamos un crecimiento sostenido , así como eliminar la dualidad de contratación haciendo converger las indemnizaciones entre contratos temporales e indefinidos. Igualmente deben reformarse las políticas activas de empleo, haciendo un seguimiento del parado e insistiendo en su formación».

No en vano la cifra de desempleo prevista para el cierre de este ejercicio por el Ecómetro es aún elevada: 25,2% de la población activa, bajo la previsión de que se creen 70.000 empleos netos en este ejercicio, de acuerdo con los cálculos de Cardoso.

Esa creación de puestos de trabajo se producirá en un contexto de «regreso de la contratación pero con cautelas, a tiempo parcial; sólo más adelante, mostrará mayor estabilidad», según indica Díaz-Giménez.

Uría, por su parte, incide en la reforma fiscal, «probablemente la gran palanca del Gobierno para lograr tres objetivos que solo se pueden hacer compatibles con una gran audacia política: mantener la recaudación para reducir el déficit público, rebajar la presión fiscal efectiva sobre las capas que están soportando la tributación más excesiva (trabajadores por cuenta ajena) y reducir el fraude».

Pero no basta únicamente con aflorar recursos hasta ahora evadidos, tercia Semur, en la medida en que la futura reforma fiscal también «debe estimular la economía». Y la representante del IEE propone dos decisiones, entre otras, para lograrlo:

«Bajar el tipo del IRPF para no penalizar el ahorro o el consumo y, en segundo lugar, en cuanto al Impuesto de Sociedades, hay que reducir el tipo nominal para acercarlo al efectivo».

Dualidad económica

Más allá de los cambios concretos y limitados, Uría anima al Gobierno a ampliar sus miras y atacar la «dualidad estructural» de la economía española, una tendencia que se está acentuando y sobre la que «tendríamos que reflexionar».

«Hubo siempre una parte de la economía española muy competitiva, la más industrial e internacionalizada, y otra parte no tan eficiente. El sesgo reformador del Gobierno ha incidido sobre esa parte mejor de la economía española, pero hay que reforzar la otra».

Precisamente, el comportamiento de las importaciones y exportaciones en los últimos meses trae algunas señales de alarma para los expertos del Ecómetro. Tras un periodo de aumento de las exportaciones y decremento de las importaciones, en los meses de noviembre y diciembre de 2013 la proporción se invierte.

Fernández, apunta a que el hecho de que la demanda externa esté empezando a hacer una aportación negativa es «síntoma preocupante de que no se ha producido el cambio estructural hacia un modelo de crecimiento más equilibrado».

Por su parte, Díaz-Giménez avisa de que «cada punto que suben las importaciones le resta tres décimas al consumo interno».
Miguel Cardoso se muestra más optimista y pone el foco en la economía internacional:

«El entorno ahora mismo es favorable para las exportaciones españolas, pues la previsión general es de cierta aceleración del crecimiento mundial y con expectativas de estabilización».

Respecto a las importaciones, el experto de BBVA Research no prevé un crecimiento sostenido de la demanda en 2014 ni que se mantenga el ritmo de avance del consumo del 2% que se ha visto al cierre de 2013.

Aunque también deja patente su preocupación sobre la desaceleración de las exportaciones, Cardoso liga el cambio a «un problema de demanda más que de oferta» y aclara que todavía quedan vías para ganar en competitividad:

«La misma competitividad que está permitiendo a las empresas ganar cuota en el exterior también está permitiendo a las empresas ganar cuota dentro».

Sin perder de vista a la Fed

Sayeras llama a la cautela, pues es cierto que las previsiones de crecimiento global, especialmente de los emergentes, son buenas pero no hay que perder de vista el riesgo de que la retirada de los estímulos en Estados Unidos por parte de la Reserva Federal les reste fortaleza.

Tampoco conviene minusvalorar la «posibilidad de que se produzca una nueva guerra de divisas».

De nuevo en clave interna, el profesor de Esade destaca su preocupación por el problema del paro, en este caso ligado al modelo productivo.

«El ritmo de creación de empleo es bajo, así que el stock de paro va a ser difícilmente asumible en mucho tiempo».

Sayeras alerta, además, acerca de la «fiebre por el emprendimiento» creada en el contexto de elevado desempleo y que a su juicio «crea la ilusión de que la mitad de la gente que está en paro podrá autoemplearse, lo que es una confusión y, además, contraproducente».

Mientras, persiste el problema del crédito en España, aunque Cardoso nota ya «cierta recuperación en el crédito nuevo a empresas y al consumo». Fernández aplaude esa recuperación, pero insta a no perder de vista que el endeudamiento en el sector privado continúa en niveles elevados.

Ese último hecho, con todo, no es tan preocupante a juicio de Sayeras, puesto que, desde el punto de vista de las familias, «mientras se tengan ingresos, se mantendrá la amortización» y las empresas «han generado en los últimos años fondos propios que van a permitirles autofinanciar los próximos proyectos».

Y también llegan recursos desde fuera, según Uría. El socio de KPMG pone de manifiesto que «se está notando una corriente de mayor interés por España por parte de inversores internacionales.

«Cada vez vemos más actores y de perfil más productivo. Si bien en un principio predominaban los fondos más interesados en distress, seguimos por un inversor más de carácter financiero y, ahora, vemos un capital más industrial».

Además, «también el perfil del cliente de la deuda pública está cambiando», apunta Uría.

Desequilibrio estructural

En relación con la capacidad de financiación del sector público, Javier Díaz-Giménez aún cree que hay motivos para la preocupación. No en vano «si sumas el 4% del PIB que hay que destinar al pago de intereses, más el 3% del PIB que aún absorben las prestaciones por desempleo, el resultado es que tienes tienes un 7% de déficit casi estructural», asegura.

La otra cara del déficit es la deuda pública y, en este ámbito, tampoco hay lugar para la complacencia, de acuerdo con las estimaciones de Cardoso, en la medida en que «el Producto Interior Bruto tiene que crecer entre el 3 y el 4% anual» para provocar una reducción del pasivo de las Administraciones a cotas comparables a los años anteriores de la crisis.

Más allá del sector público, Díaz-Giménez llama a estar alerta ante el exceso de stock de capital invertido en el sector inmobiliario, a la depreciación en bienes de equipo, al fraude fiscal y «a un capital político muy deteriorado».

 

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