Economía
Pedro Sánchez (PSOE) y la economía de España. EP

Esto se está poniendo color de hormiga y no solo porque el 'okupa' Pedro Sánchez y sus colegas proetarras, independentistas y podemitas parecen en las encuestas en condiciones de formar gobierno tras las próximas elecciones generales (España: El centro-derecha baja y el pacto 'Frankenstein' de Sánchez con independentistas y proetarras hace mayoría).

Hace meses que comenzaron a otearse nubarrones en el horizonte y, sin apenas darnos cuenta, ya están cayendo las primeras gotas sobre España.

Las señales de desaceleración económica se acumulan mientras las revisiones a la baja de las previsiones de crecimiento se han convertido en la tónica general. El Banco de España, Eurostat, el FMI y, esta última semana, la OCDE era la encargada de poner negro sobre blanco que en 2019 la Eurozona crecerá nueve décimas menos de lo previsto, hasta el 1%.

España consigue aguantar el tipo con una aparente fortaleza de su PIB -que se estima crecerá un 2,2%-, si bien los economistas aconsejan leer bien la letra pequeña y alertan de que detrás de las buenas cifras se amontonan los indicadores de alerta.

Tal y como pasó con los «brotes verdes» de Zapatero, la economía muestra inapelables signos de desgaste, aunque el PIB aún mantenga la inercia del crecimiento.

El indicador que más preocupación está generando es la evolución de la industria. La primera señal de alarma la han dado las cifras adelantadas de Contabilidad Nacional de 2018. Según los datos del INE, el sector industrial entró en recesión técnica en el cuarto trimmestre al caer su actividad un 0,9% intertrimestral, que se suma al descenso del 0,3% en los tres meses anteriores.

En el conjunto del año sumó tres trimestres a la baja y acumula una caída en el ejercicio cercana al 1,2%, la primera desde el inicio de la recuperación en 2013, mientras el resto de sectores económicos se mantienen al alza.