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Ni te imaginas de dónde vienen la ropa, el calzado y los bolsos del ‘top manta’

Suelen fabricarse en el extranjero, y el artículo y el distintivo de la marca acostumbran a entrar en España por separado

Ni te imaginas de dónde vienen la ropa, el calzado y los bolsos del 'top manta'
Manteros RS

Forman parte del paisaje de todas las ciudades españolas, en especial de Madrid y Barcelona.–Una banda islámica se hace con el control del ‘top manta’ en España–

La Gran Vía, la calle Montera o Sol en Madrid; la plaza Catalunya en Barcelona, y tantos paseos marítimos en el litoral son algunas de las zonas donde los manteros colocan sus escaparates ambulantes -Los manteros de Carmena arruinan a los comerciantes madrileños: «Si esto sigue así, tendremos que cerrar e irnos al paro»–.

Pero, ¿cómo llegan hasta allí los productos que venden?, según reoge David G. Triadó en cope.

Nos desvela este enigma Marta Vergés, criminóloga y experta en protección de marca. «Normalmente provienen del extranjero, sobre todo de China y en ocasiones de Marruecos y, una vez están dentro de la Unión Europea, se transportan con libertad, ya que hay libre circulación de mercancías».

Cuando llegan a España, se suelen almacenar en polígonos industriales y desde allí se distribuyen al por menor.

Hacen perder 6.700 millones de euros al año a empresas españolas y 53.000 empleos. Una de cada seis prendas de vestir que se vende es una falsificación

Los artículos que llegan desde el extranjero no suelen llevar distintivo de marca, sino que son copias, es decir, artículos idénticos a los originales pero sin distintivo.

De este modo, les resulta menos complicado entrar los productos en el país. Incluso en algunas ocasiones «usan marcas inventadas» para facilitar el acceso de la mercancía, ya que en esos casos «es más complicado retenerla».

Vergés explica que, cuando los artículos se reparten por el país, «hay redes de personas que pegan las marcas a los bolsos, calzados y prendas de ropa y luego se dedican a distribuirlos o directamente a venderlos».

En cuanto a la legalidad de este procedimiento, no hay dudas: «Cualquier producto que se haya fabricado sin el consentimiento de la marca o no sea de sus fábricas oficiales es ilícito, no puede circular».

Los manteros son los vendedores al por menor de la mercancía. Son ellos mismos los que se dirigen a los polígonos industriales a comprar los productos falsificados que luego venderán en plazas y aceras.

El hecho de que no suela haber mujeres entre los manteros Vergés lo atribuye a que «suelen ser los hombres las personas que inicialmente emigran, con el objetivo de conseguir más dinero y poder ayudar a sus familias, que están en el país de origen».

Para Vergés hay dos elementos básicos que diferencian la mercancía original de la falsificada: un precio anormalmente bajo para esa marca y una calidad más deficiente. La experta asegura que «sobre todo se va a notar en los acabados, son artículos que están hechos rápido y mal».

Pone el ejemplo de los bolsos o el calzado, donde pegan los distintivos de la marca con posterioridad y «se puede apreciar el pegamento» y, en las camisetas de fútbol, en los escudos «se puede ver que no retiran el plástico trasero o que hay hilos sueltos».

La durabilidad del producto falsificado también suele ser menor, porque «son materiales de baja calidad», que no han pasado el proceso habitual y «se estropea mucho antes», según Vergés.

Y añade:

«La falsificación se está convirtiendo en un monstruo; cada vez hay más y es más difícil frenarla».

Y es que no solo los manteros distribuyen productos falsificados, también «hay tiendas al por menor que venden estos productos».

Los expertos en marca como Vergés abogan por no atacar al vendedor final sino al que lo hace al por mayor.

«A los manteros se les pueden imponer multas pero muchas veces son insolventes y no las pagan. Al cabo de dos días vuelven a estar en la calle como si nada hubiese pasado. Nosotros somos partidarios de que las fuerzas y cuerpos de seguridad centren sus esfuerzos en los distribuidores. De este modo el producto no llega a la calle».

Vergés remarca el perjuicio económico que se causa a los negocios tradicionales.

«No pagan impuestos, se fomenta la economía sumergida, y además los establecimientos pierden ventas porque los manteros venden los artículos a un precio mucho menor».

 

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