El economista analiza en Más Vale Tarde las consecuencias que puede tener la cuestión catalana en la economía de la región

Gonzalo Bernardos se lo deja claro a los independentistas: «Una parte de catalanes ha decidido suicidarse económicamente»

Más claro imposible. Los empresarios alzan la voz sobre la preocupación en Cataluña por las escenas violentas vividas en las calles esta última semana durante las protestas contra la sentencia del procés. Sobre ello también se ha pronunciado la ministra de Economía en funciones Nadia Calviño, que ha asegurado que son actos de carácter puntual, por lo que confía en que «no tengan un impacto material sobre la economía catalana y el conjunto de España», según recoge el autor original de este artículo lasexta y comparte Manuel Trujillo para Periodista Digital.

Gonzalo Bernardos, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, señala que esto ya ocurrió en 2017: «Al repetirse no es un hecho puntual. Nos encontramos con el declive de una ciudad de un gran éxito. Barcelona estuvo entre la élite mundial».

«En Cataluña estamos en un declive imparable».

Así, explica que Barcelona, y el área metropolitana, que son el 71% del PIB de Cataluña, lleva la siguiente evolución: desde 2017, veíamos cómo crecía el PIB por encima de la media española 0,3 puntos, ahora crece por debajo; la afiliación a la seguridad social crecía muy por encima, ahora crece por debajo; y el dato del mercado inmobiliario, el año pasado las ventas bajaron el 10,5% en Barcelona mientras que en el resto de España subió un 9,5%.

Por ello, el experto asegura que «estamos en un declive imparable» si no se atienden a las cosas que son importantes. «Hay una parte de la población que ha decidido que se suicida económicamente, bien, pero que no obliguen a la otra a que también le vaya mal», reivindica el economista.

Además, Bernardos se muestra crítico con la situación: «Los constitucionalistas estamos prisioneros en un sitio en el que las cosas importantes como son la tranquilidad, una vida con un buen salario, las oportunidades de empleo, o poder dar una magnifica educación a tus hijos están perdiendo importancia «. Por contra, señala que «todo se está centrando en un sentimiento, una ambición», algo que acabará «pasando factura» a Barcelona.

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