Howard Liu tiene entre manos una idea que, según cree, podría generar decenas de miles de millones de dólares

“Nuestra idea no la entendió nadie al principio, pero ahora vale más de US$1.000 millones»

“Nuestra idea no la entendió nadie al principio, pero ahora vale más de US$1.000 millones"
Howard Liu Airtable

Las grandes nacen son siempre así. Y con un poco de suerte, según le dice a la BBC, será su empresa la que la ejecutará, según recoge el autor original de este artículo Dave Lee en BBC y comparte Francisco Lorenson para Periodista Digital.

«Es una oportunidad increíblemente grande, con una escala similar a la de Amazon, Facebook o Google», comenta el fundador y director ejecutivo de AirTable, una start-up de muy rápido crecimiento que está transformando el mercado de las tradicionales hojas de cálculo.

«Creo que va a ocurrir un cambio radical en la forma en la que la gente interactúa con el software», agrega.

¿Su gran idea? Hojas de cálculo pero mejores; hojas de cálculo, pero enriquecidas.

Usualmente las hojas de cálculo son usadas por profesionales como los contadores para ordenar los datos, generar tablas y hacer sumas. Pero la mayor parte de las personas las consideramos demasiado técnicas como para ir más allá de sus funciones más sencillas.

Liu asegura que AirTable cambia eso, haciendo tan fácil su uso que personas que normalmente no están acostumbradas a programar pueden crear un sistema complejo en la nube sobre las actividades que realizan.

Por ejemplo, un ganadero, para hacer seguimiento de las vacas y de sus equipos.

La aplicación se ha convertido en un gran éxito, atrayendo a clientes de alto perfil como la compañía de entretenimiento Netflix, el fabricante de autos eléctricos Tesla y la revista Time.

La empresa, además, ya está valorada en unos US$1.100 millones, de acuerdo con los resultados de su última ronda de captación de fondos, pese a que cuenta con un producto que solamente ha estado en el mercado durante cuatro años.

Liu, quien fundó la compañía en 2012, admite que al principio, resultó difícil explicar el concepto a los inversionistas. No sonaba como una idea completamente nueva.

«El concepto de las hojas de cálculo antecede incluso a la computación. Las hojas de cálculo fueron la primera aplicación que se impuso brutalmente sobre su competencia», apunta.

Entonces, cuando él y sus socios acudían a reuniones con los inversionistas armados con su discurso de venta, lo que ellos ofrecían tenía poco que ver con lo que usualmente se espera escuchar en este tipo de encuentros.

«Tú ves todas estas presentaciones de ventas que muestra una tabla de crecimiento, el tamaño del mercado y todas esas cosas. Las nuestras no tenían nada que ver con eso», rememora.

En lugar de ello, hacían una defensa filosófica de AirTable y cómo esta herramienta podría transformar el mundo del trabajo.

«Honestamente, creo que muchos de ellos perdían el interés. Recuerdo claramente unos pocos casos, incluso con los inversores que decían que sí, en los que ellos señalaban ‘no entendemos realmente de lo que ustedes están hablando'», cuenta.

Al final, lo que logró persuadir a esos inversionistas fue la confianza en el equipo a cargo de AirTable, algo que Liu considera que quizá tiene una mayor importancia en una etapa tan temprana del emprendimiento.

«Hay muchas formas en las que puede fallar una gran idea con un mal equipo, mientras que incluso una idea incierta con un gran equipo puede triunfar», explica.

Liu hace bromas con el hecho de que su historial familiar es tan complicado que su madre ni siquiera intentó explicárselo hasta que él tuvo unos 10 años.

«Mis cuatro abuelos eran coreanos. Pero durante la II Guerra Mundial se mudaron -como hicieron muchos coreanos- a China. Allí nacieron mis padres, pero se mudaron a Estados Unidos antes de que yo naciera», explica Liu, quien creció en College Station, en el estado de Texas.

Sus padres pensaron que quedaría muy confundido con ese tipo de historia, por lo que hasta que él tuvo que hacer un trabajo para la escuela sobre los orígenes de su familia no se la explicaron.

«Entrevisté a mis abuelos y recuerdo que estaba como ‘espera un momento, yo pensaba que éramos chinos’. Estaba súper confundido», recuerda.

Menos confuso fue aprender a programar. A los 13 años de edad, Liu tomó uno de los libros de su papá sobre el lenguaje de programación C++ y lo aprendió solo en cuestión de unas semanas.

Con apenas 16 años, comenzó a estudiar diseño computadorizado en la Universidad de Duke en Carolina del Norte. Fue allí donde conoció a los otros cofundadores de AirTable, Andrew Ofstad y Emmett Nicholas, aunque no llegarían a trabajar juntos hasta muchos años después.

El primer negocio de Liu fue Etacts, una compañía responsable de un software para ayudar a las empresas a manejar las relaciones con los clientes. Fue vendida en 2011 por una suma no divulgada al gigante informático Salesforce.

Esa venta le permitió a Liu contar con el lujo de la seguridad financiera cuando decidió emprender AirTable, pero también lo dejó con una sensación de vacío.

«Terminé siendo muy afortunado al tener un resultado financiero como este, que te cambia la vida. Pero era un fracaso en el sentido de que nunca llegamos a construir un verdadero negocio, una organización con su propia cultura», apunta.

La operación, sin embargo, consiguió colocarlo en la misma habitación que gente poderosa como Marc Benioff, director ejecutivo de Salesforce y una de las personas más influyentes en la industria de la tecnología, cuando estaba buscando respaldo para AirTable.

Benioff no compró la idea de Liu y, en cambio, le sugirió que intentara crear una forma mejor para recolectar registros médicos digitales. El equipo ignoró ese consejo.

«No se trata de que fuéramos arrogantes y nos creyéramos más listos. Marc fue extremadamente generoso con su tiempo y orientación. Nos estaba haciendo un favor enorme», asegura.

AirTable tiene su sede en San Francisco y apenas cuenta con unos 80.000 clientes comerciales, aunque la cifra va en ascenso.

Una gran cantidad de usuarios famosos ha ayudado a correr la voz, aunque la empresa ha encontrado mucha popularidad también entre firmas mucho más pequeñas, particularmente entre ONG.

Cuando el huracán Harvey golpeó Texas y Louisiana en 2017, AirTable fue usada para registrar a las mascotas rescatadas y ayudar a reunirlas con sus dueños.

La aplicación tiene un plan gratuito, con funciones y capacidad limitada, y planes de pago mensuales para pequeñas empresas.

El éxito convierte a AirTable, de forma bastante cómoda, en un «unicornio», el nombre con el que se conoce a las empresas no cotizadas en bolsa que valen más de US$1.000 millones.

Se trata de un símbolo de status que muchos luchan por alcanzar en San Francisco, pero a Liu no le gusta el término.

«Visceralmente se siente… cursi. Creo que es una etiqueta que tiene un peso innecesario o artificial», señala.

El empresario considera que demasiadas start-ups, particularmente en San Francisco, usan la etiqueta de unicornio para aparentar ser más grandes y más imponentes de lo que realmente se justifica.

«En el corto plazo, puedes mantener las apariencias. Pero si te enfocas tanto en lo que otros piensan de ti, no te concentras en las cosas correctas. En el largo plazo, lo que realmente importa son las bases de tu negocio», agrega.

Alex Wilhelm, editor jefe de Crunchbase, una página web de seguimiento a inversiones, menciona varios motivos que hacen atractiva a AirTable.

«AirTable toca unas cuantas tendencias sobre las cuales los inversionistas de riesgo están interesados en este momento», afirma.

«Se relaciona con la idea de que los consumidores se están mostrando ahora más dispuestos a pagar una pequeña suma para disponer de software que les ayuda a organizar su trabajo o sus vidas. Además, es algo que los propios inversionistas pueden entender y usar por si mismos. Nunca hay que subestimar el poder que tiene eso», concluye.

Autor

Francisco Lorenson

Polifacético e innovador reportero, lleva años trabajando en el sector y aprendiendo de algunas de las personas más inteligentes del negocio.

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