De Guindos ve en la recesión un acicate para impulsar las reformas

Recesión rima con carbón

Zapatero nos ha endeudado cada día en 530 millones de euros

La mayoría de los analistas proponen la creación de un banco malo

El año nuevo aún no se ha estrenado y los malos augurios se confirman desde fuentes autorizadas. El flamante ministro de Economía ya ha advertido de que España entrará en recesión, al prolongarse los resultados de crecimiento negativo que se registran en estos últimos tres meses de año duran- te el primer trimestre de 2012, con un PIB que descenderá entre un 0,2% y un 0,3%. Se acabaron las medias tin- tas o los pálpitos. El país renquea. –-Zapatero nos ha endeudado cada día en 530 millones de euros

Según De Guindos, el empleo y el crecimiento lo tendrán muy complicado en la primera mitad del año entrante. Un anuncio que coincide con las primeras medidas de austeridad que ha emprendido el Gobierno de Rajoy.

Ni el presidente ni el ministro engañanEspaña ya tiene un nuevo Gobierno y ha llegado la hora de la verdad. Todo el mundo sabe cuáles son los males de la economía española y cuáles son -aunque a algunos no les gusten- las medidas que hay que tomar para salir de la crisis económica, financiera, social, política y de valores en que ha sumido a España el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero.

Los más de cinco millones de parados que tiene el país tienen que ser un acicate para no perder ni un minuto más y la clase política española, con el Gobierno al frente -pero con el resto de las fuerzas políticas de la oposición también-, asuma el reto de lograr el consenso necesario en las grandes decisiones de interés nacional para lograr el cambio político que demanda la sociedad española.

Es el momento de la toma de decisiones y de instrumentar esas medidas, por- que la economía española, como anunció ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos, ha vuelto a entrar en recesión.

A la espera de que se conozca la verdadera dimensión del déficit de las autonomías, los recortes en las administraciones con la implantación de límites del gasto público y en los presupuestos de las comunidades autónomas y ayuntamientos son las medidas más urgentes que, junto con las que nos vienen indicadas desde Euro- pa, como la reforma del mercado laboral y el ajuste del déficit público, ocuparán de forma inmediata las labores del nuevo Gobierno.

Un Gobierno que no puede des- pistarse porque va a tener encima a unos mercados que no van a dar tregua y que valorarán lo que haga en los primeros días y, especialmente, el ritmo al que lo haga, que fue precisamente el principal error de sus incompetentes antecesores.

La UE y los mercados ya no creen en promesas, ni vale la confianza o la credibilidad, hoy en mínimos históricos. Es el momento de la verdad, de las políticas eficaces y de la medidas de ajuste, porque como ya no caben devaluaciones de la moneda como antaño, se producirá una devaluación de nuestro trabajo: trabajar más por menos. Es el precio que hay que pagar si queremos conseguir un crecimiento más sostenible que haga más competitiva a nuestra economía.

Además, sería la respuesta lógica al conflicto que plantea el manido recurso a la con- gelación de los salarios de los funcionarios, que será otra de las medidas urgentes del nuevo Gobierno.

En este capítulo de reducción del gasto, habrá que sumar los recortes implícitos en la supresión de organismos y cargos políticos ya realizados, así como la implantación de la tasa cero en la reposición de mano de obra en la función pública, que supondrá un ahorro importante frente al despilfarro al que nos ha abocado la desenfrenada carrera del zapaterismo, que incrementó en 340.000 el número de funcionarios en los últimos siete años.

Dentro del capítulo de medidas urgentes, que incluirá también -claro está- la promesa electoral de actualización de las pensiones, es importante que se dé una respuesta al gran problema financiero de los activos contaminados -en nuestro caso, especial- mente la inversión inmobiliaria- .

La mayoría de los analistas proponen la creación de un banco malo, cuyo éxito o fracaso dependerá de quién la financie. Si al final acaba siendo un gasto público, seguiremos teniendo el mismo problema. Después vendrán el resto de reformas. Tiempo habrá. ahora es el momento de pasar a la acción. la sociedad española y los cinco millones de para- dos así lo demandan.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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