Economía
Edad, natalidad, demografía, vejez y envejecimiento de la población. PD

EL grave declive demográfico que afronta España, fruto del creciente envejecimiento de la población y la baja tasa de natalidad, tiene importantes repercusiones tanto a nivel económico y presupuestario como social, ya que afectará a la sostenibilidad de las cuentas públicas a medio y largo plazo, pero también a la propia vertebración del país.

El medio rural es el más afectado por la despoblación, con todo lo que ello supone en cuanto al cuidado y el mantenimiento de un territorio que han dejado en herencia las generaciones pasadas (España sufre la tormenta demográfica perfecta).

En la actualidad, ya no se producen las masivas migraciones del campo a la ciudad que tuvieron lugar en los años 60 y 70, lo cual es un indicador positivo, pero un elevado número de pueblos y provincias corren el riego de convertirse en eriales debido a la ausencia de relevo generacional.

Prueba de ello es que 36 provincias han perdido habitantes en los últimos años, y en 14 más del 80% de sus pueblos tienen menos de mil empadronados. El problema demográfico y el de la despoblación deberían ser asuntos prioritarios en la agenda de todos los partidos políticos, ya que las administraciones públicas pueden adoptar medidas para evitar una tendencia que amenaza con convertir a buena parte de España en un desierto desde el punto de vista poblacional.

La primera y más importante consiste en fomentar la natalidad. Urge poner en marcha una auténtica estrategia de apoyo a las familias, así como eficaces políticas de conciliación laboral, para facilitar e incentivar el nacimiento de nuevos niños, especialmente en el medio rural, donde la presencia media de mujeres es más baja que en las ciudades por culpa de la ausencia de servicios básicos.

El menor acceso a la sanidad o la educación resta atractivo a estos pueblos, de ahí la importancia de que la financiación autonómica y local se guíe también por factores demográficos para incrementar la inversión pública e incluso establecer ciertas primas salariales a los funcionarios que trabajen en zonas despobladas.

Es fundamental además impulsar la actividad económica para propiciar oportunidades laborales y elevar la calidad de vida en estos municipios. El desarrollo de un sector agroalimentario competitivo ya está cambiando, tanto la imagen como las perspectivas económicas del empleo rural, pero se puede hacer mucho más.

Es preciso eliminar trabas burocráticas y ofrecer incentivos fiscales a los trabajadores y empresarios que apuesten por establecerse en los territorios con menos habitantes. Si a todo ello se suma la extensión y mejora de las telecomunicaciones para aprovechar los avances tecnológicos, como, por ejemplo, el teletrabajo, es posible frenar la despoblación. Hay soluciones, pero falta voluntad política.