Un empresario holandés vende en Ibiza la isla más cara del mundo

El dueño pedía por Sa Ferradura casi 33 millones de euros, pero dice que el precio final ha sido inferior. El islote, un paraíso de lujo de 6 hectáreas, se podía alquilar hasta ahora por 148.000 euros a la semana.

Cuenta Edwin Winkels en El Periódico de Catalunya que, después de estar dos años a la venta, las seis hectáreas idílicas de Sa Ferradura, una pequeña isla al norte de Ibiza, han cambiado por fin de dueño.

El propietario anterior, un empresario holandés del mundo del textil, pedía el precio astronómico de 32.990.000 euros (5.490 millones de pesetas), lo que la convertía en la isla más cara del mundo, según una clasificación elaborado por la revista Forbes a base de los precios de islas privadas en todo el mundo que están en el mercado.

«Exageran un poco, porque al final no cobraré por la isla esos 33 millones de euros. El precio será algo inferior,» dice desde Holanda Willy Gilissen, dueño de la empresa Wiener BV de Maastricht, en el sur del país.

Gilissen, que no quiere desvelar el nombre del comprador, adquirió Sa Ferradura en 1995. La consideró como una buena inversión y se dedicó desde entonces a reformarla y a convertir las casitas existentes en una mansión de 1.200 metros cuadrados.

INVERTIR MUCHO DINERO
En los últimos años, la isla se alquilaba por semanas a gente adinerada por 148.000 euros para un máximo de 14 personas. Seis ocupantes en temporada baja pagan solo 62.000 euros.

«Pero únicamente lo alquilábamos a gente que estaba interesada en su compra, para que pudieran conocerla», dice Gilissen, a quien Sa Ferradura, también conocida como Des Bosc, le causó algunos quebraderos de cabeza.

«Quedó semidestruida –afirma– tras una gran tormenta y en los últimos años hemos invertido muchísimo dinero en ella. Al final, no creo que haya sido tan buena inversión. Lo consideraba ya más como un cuadro, que iba pintando y que era cada vez más bonito. Pero no creo que volviese a meterme en algo así».

UNA PENÍNSULA
En las fotos de promoción de Sa Ferradura se muestra una isla verde en un Mediterráneo azul (imagen superior), pero en realidad es una península unida a Eivissa por una pequeña lengua de tierra y arena.

El Camí del Mossèn, una senda estrecha y tortuosa procedente de la Hacienda Sa Xamena, un hotel de lujo, lleva hasta la isla. Sin embargo, prácticamente todos los huéspedes suelen llegar en barco a Sa Ferradura.
En el precio de venta se incluyeron varios yates, veleros y coches todoterreno.

La propia casa dispone de 14 salones, siete habitaciones y ocho baños. Cada suite tiene un jardín propio y alrededor de la casa hay varias terrazas y pequeñas playas privadas. Una impresionante piscina al lado de la mansión, una laguna con cascada en la parte sur de la isla, un yacusi, una sauna, un gimnasio y una bodega completan el complejo.

UN EQUIPO DE 20 PERSONAS
Para los que alquilan la casa, siempre hay disponible un equipo de 20 personas, entre cocineros, personal de limpieza, jardineros, etcétera. En total, la isla ha llegado a dar trabajo a unas 45 personas. «No se parece en nada a cuando nosotros la compramos», dice Gilissen, orgulloso de la profunda reforma efectuada.

Sa Ferradura, que está situada en la bahía del Port de Sant Miquel, es una de las pocas islas privadas que existen en la costa española. En textos del siglo XVII es mencionada como un refugio para piratas que huían de los soldados. El vecino islote deshabitado de Madura funcionó durante años como una prisión de la que era imposible huir.

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