Los agujeros negros de la OPA de ACS sobre Iberdrola

Las últimas semanas han sido intensas en torno a la compañía eléctrica Iberdrola debido al interés de ACS conjuntamente con alguna otra empresa en lanzar una OPA sobre la empresa.

Sin embargo, existen ciertos datos para dudar de las verdaderas intenciones de las empresas implicadas en esta historia, de todos salvo la propia Iberdrola.

La compañía ha sufrido un ascenso impresionante en los últimos ocho ejercicios. En el año 2000 Iberdrola se situaba en el puesto decimonoveno de las eléctricas del mundo, mientras que actualmente es la cuarta, si bien cuando Suez, la compañía que está inmediatamente por encima de ella en cuanto a capitalización bursátil, se deshaga obligatoriamente de parte de sus activos, Iberdrola será la tercera eléctrica del mundo.

Es al mismo tiempo la cuarta empresa por capitalización bursátil del Ibex, mientras que su filial, Renovables, ocupa el séptimo puesto.

A nivel mundial Iberdrola figura en el puesto 65 de las 75 mayores empresas a nivel mundial, según el índice DJ Stoxx Global 1800. Con estos datos deberíamos pensar que la empresa que pretende comprarla debería ser más potente. No es así. ACS es la empresa duodécima de las del Ibex 35 en cuanto a valor por capitalización en bolsa, y ocupa un discretísimo puesto 442 a nivel mundial.

A finales de 2006 ACS entra en el accionariado de Iberdrola con un 7,22%, en un momento en el que la acción estaba a un precio de 9,2 euros. La compra se financia a préstamo en un 85%, préstamo que se garantizó con las propias acciones.

Ello obliga a ACS a desembolsar cantidades millonarias de euros en el caso de que el valor de la acción descienda de determinados valores, a lo que suma la pérdida de valor de su participación en Iberdrola. Cuando ACS comunicó a la CNMV el 27 de septiembre de 2006 el Hecho Relevante de su entrada en Iberdrola, informa que no ha tomado decisión alguna para promover la fusión de la misma con Unión Fenosa, y que la participación tiene un carácter estable.

El día 23 de enero la bolsa sufrió la mayor caída de su historia, e Iberdrola bajó como el resto del mercado. Esta bajada suponía un riesgo para ACS por las razones apuntadas.

El 24 de enero surge el rumor del interés por EDF y el precio de la acción se dispara un 16%. Desde ese momento, cada vez que el precio de la acción desciende a niveles preocupantes, surge una nueva noticia que produce un fuerte rebote.

Esto ocurre el 24 de enero, cuando Cinco Días recoge el rumor del interés de EDF por Iberdrola, el 30 de enero, cuando Financial Times publica la posible negociación de ACS y EDF y el 5 de febrero tras la intervención de Carlos March y las notas de ACS y REPSOL.

Estos rumores tienen un doble efecto: Por un lado la acción de Iberdrola se revaloriza más que las del resto de los valores del Ibex, por otro, se revaloriza por encima del 30% respecto a sus competidores europeos. Todos los ojos se vuelven hacia la eléctrica vasca.

La legislación española permite que una empresa absolutamente estratégica pueda ser comprada por una empresa con el 80% de capital público de un estado vecino, siendo ACS la principal beneficiaria, pues detiene la caída del precio de su participación en Iberdrola, evita pagos por caída de su valor y opta a una importante cantidad de plusvalías resultantes de la operación, operación que se contradice con su declaración de intenciones realizada al entrar en la compañía, ya que entonces, lo que se pretendía era «crear un núcleo accionarial estable, de carácter nacional, que respalda plenamente la gestión que realiza su equipo directivo, encabezado por su Presidente y con vocación de permanencia».

Estos principios apenas han durado un año y medio hasta que se ha considerado más oportuno estudiar una OPA contra la compañía junto a una empresa de capital francés.

Ni ACS ni EDF tienen capacidad financiera para adquirir el 100% de Iberdrola, que a precio actual, en un proceso de OPA, debería rondar los 100.000 millones de euros. EDF tiene una deuda neta de 58.000 millones de euros y unos fondos propios de 27.000 millones de euros.

Su apalancamiento financiero es del 68,4%, y su valor de mercado 127.000 millones de euros. ACS tiene una deuda neta de 16.900 millones de euros, unos fondos propios de tan solo 4.700 millones de euros y un apalancamiento, por consiguiente, del 78,4% en una empresa con un valor de mercado de 12.400 millones de euros. Con estos números, ninguna de las dos empresas puede controlar Iberdrola, necesita socios externos.

Así pues, la jugada puede quedar en una maniobra pensada, en primer lugar, para mantener el precio de la acción por parte de ACS. Esta maniobra levantó el interés de diversas empresas que saben que Iberdrola es una empresa muy rentable económicamente, ya que el valor de la compañía es asumible teniendo en cuenta las plusvalías que puede generar su venta fragmentada. La venta por partes de la compañía, indudablemente daría un valor muy superior a su cotización bursátil actual, pero si esa fuera la estrategia, los accionistas de Iberdrola podrían decidirlo por sí mismos, sin esperar a que terceros realicen la operación.

Se pondría fin a una historia de 106 años en los que, desde un grupo de familias ahorradoras vasca se formó un gigante mundial de la energía, sólido, rentable y modélico en muchos aspectos, al que tan solo la ambición de parte de su accionariado, la decisión de la CNE de limitar la capacidad de actuación de las compañías españolas, legislación como el Real Decreto Ley 11/2007 que perjudica únicamente a esta compañía, eliminando la señal económica y la medioambiental, determinadas contradicciones regulatorias y un déficit tarifario poco entendible puede suponer un golpe mortal a un futuro realmente prometedor.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído