La gente ha empezado a vender por lo que puede

Y en 2012, adiós también al tercer dogma de fe del sector inmobiliario

Se desmorona la tesis de que no se baja el precio por debajo de lo que costó

La crisis inmobiliaria ha provocado una caída del precio de la vivienda pero también de mitos y falsas creencias que durante décadas y varias generaciones sostuvieron el mercado inmobiliario español.

Como explica Idealista.com, al final de la burbuja inmobiliaria llegamos con 3 dogmas de fe en el sector inmobiliario:

  • (i) el precio de la vivienda no puede bajar
  • (ii) alquilar es tirar el dinero
  • (iii) nunca venderé por menos de lo que compré

Los dos primeros cayeron durante los años anteriores y la necesidad de algunos vendedores ha provocado que también pierdan dinero con la vivienda

Que la vivienda no puede bajar suena ya a chiste, pero durante años sobrevoló por la mente de millones de españoles. expresiones como «subirá menos, pero no caerá» eran comunes en las conversaciones sobre el mercado de la vivienda.

Lo mismo ocurría con el que se le ocurría alquilar una vivienda en vez de comprarla. durante años tuvo que aguantar la frasecita de «alquilar es tirar el dinero» como reprimenda a su comportamiento.

Con la caída del precio de la vivienda muchos compradores desearían haber vivido de alquiler al ver como el precio de su vivienda ha caído un 20 o 30%, evaporándose miles de euros que nunca habría gastado vivienda en su casa como inquilino

La estadística demuestra que cada vez más particulares bajan de precio sus casas sin tantos miramientos como antaño y más haciendo un estudio serio del mercado inmobiliario de su alrededor.

Viendo si hay casas de banco alrededor, vecinos vendiendo o conociendo el precio de cierre (y no de anuncio) de las últimas operaciones de compraventa.

Estamos en niveles de rebajas record y durante 2011 ha habido meses en los que más de 30.000 propietarios han bajado de precio sus viviendas, con un recorte medio de más del 8%.

Un comportamiento colectivo que ha llegado desde de años de reticencia a entrar por ese aro

El tercer dogma

Sea como fuere, el mercado nos ha colocado en una situación de atravesar muros de fe como un cuchillo caliente atraviesa la mantequila.

Los compradores de vivienda recuerdan el precio al que compraron su casa durante toda la vida y es algo que queda grabado en sus mentes a fuego.

Da igual que después se paguen impuestos e intereses que disparen el coste muy por encima de esa referencia inicial, mucho han dicho que nunca venderían por menos de lo que le costó

Sin embargo, la erosión del mercado inmobiliario ha provocado que ese límite tampoco sea inquebrantable.

El que realmente necesita vender su casa se olvida también de ese precio y el que tiene realmente en cuenta es de la hipoteca que le queda pendiente con el banco porque ese es el límite entre olvidarse de la hipoteca o seguir con ella a cuestas

Vender por debajo del valor actual de la hipoteca no es posible salvo tener permiso del banco o ahorros suficientes para saldar el resto de la hipoteca.

No es posible porque en el momento en el que se vende ante el notario una vivienda es necesario saldar la hipoteca sobre la casa de la que se va a dejar de ser propietario, por eso, el valor de la hipoteca sí que es realmente un límite de precio y no otros que pasan a ser anecdóticos ante esta circunstancia (como el precio de compra, el máximo al que llegó en 2007 o al precio que vendió el vecino).

Y esta es una de las razones por la que podemos ver pisos similares a la venta a precios diferentes y en los que sus propietaros juran y perjuran que no pueden bajar más el precio.

Incluso aquí los que al comprar su casa hicieron bien los deberes, van por delante del resto.

Es decir, el que abrió una hipoteca por el 80% del precio del piso y ha ido amortizando su hipoteca ahora tiene más flexibilidad para negociar el precio final que el que abrió una hipoteca por el 120% (metiendo muebles, coches e incluso vacaciones), que ahora apenas tiene poder de maniobra y está en manos del banco.

Es en resumen, lo mismo le ocurrió años atrás a los promotores, que no podían bajar el precio y pocos entendían que prefirieran entregar la casa al banco que bajarla de precio.

 

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