Economía
Okupas, Carmena y afectados de un derrumbe en Carabanchel.

Así están las cosas en España, que ni a trabajar se puede uno ir tranquilo sin temor a encontrarse a la vuelta una cerradura nueva en la puerta de su propia casa, y con un inquilino nuevo en su interior cachondeándose a mandíbula batiente. (La tragedia de la mujer desahuciada en Chamberí deja en evidencia que las promesas de Carmena eran mentira).

Es lo que le ha pasado a una tal Amparo, vecina ella del barrio madrileño Los Olivos en Mejorada del Campo, y esforzada cajera de un supermercado para más señas.

Un buen día no muy lejano, su padre la telefoneó al trabajo para comunicarle que un extraño señor estaba asomado en la ventana de su vivienda -que lucía con los barrotes forzados-, y así, rauda y presurosa, para allá que se fue encontrándose con la sorpresa de que su llave ya no encajaba y que no podía entrar.

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Según da cuenta 'Libre Mercado', -que informa que esta buena mujer esta ahora a la espera de la sentencia de un juicio exprés que la saque del surrealista atolladero-, la víctima hizo lo que buenamente pudo:

"Llamé al timbre y me abrió la puerta un chico rumano que me dijo que un hombre marroquí le había vendido mi casa por 500 euros y que ese piso era suyo".

A pesar de que llamó a la Guardia Civil presa de un ataque de nervios, los agentes poco pudieorn hacer, ya que la ley no está del lado del dueño de la casa, sino del okupa:

"Esto es una pesadilla. Resulta que como este señor tiene dentro sus cosas, yo no puedo entrar a mi vivienda porque se considera allanamiento de morada y me llevarían detenida, ¡como a una ladrona!, ¡por entrar a mi propia casa!".

Pero Amparo no quiso quedarse de brazos cruzados y tuvo la feliz idea de cambiar la cerradura aprovechando que el okupa habia sido llamado a declarar. Pronto, sin embargo, se le pasaron las ganas:

 "Me dijeron que eso también se consideraba allanamiento de morada, así que olvidé este pensamiento y puse la denuncia correspondiente".

Mientras tanto, a su lado en la comisaria, escuchó cómo su okupa alegaba que "tenía una chica embarazada y que esperaba un bebé".

La lentitud del sistema judicial hace que la orden de desalojo de los okupas no se dicte hasta meses posteriores a la celebración del juicio, o sea que lo lleva claro.

Y para colmo, el inesperado 'invitado'

"quiso negociar conmigo una cantidad para irse. Si yo le pagaba, él abandonaba mi hogar. Llegó a decir que si le daba dinero se iba. También propuso pagarme 200 euros al mes, pero no quise pactar con él nada. Sólo quiero recuperar mi casa",

concluye la desamparada Amparo.

José María Rodríguez es redactor en Periodista Digital. @JMRMontero

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