HAY GENTE PARA TODO

La chirigota del ‘terrateniente’ Pablo Iglesias y su casoplón

En la vida se puede hacer de todo, memos el ridículo y eso es lo que han hecho el líder de Podemos y su consorte con el casoplón de Galapagar.

Lo que en cualquier otro político habría pasado prácticamente desapercibido se convirtió para muchos de los simpatizantes de Podemos en la prueba de que el partido era ya tan casta como el que más.

Porque Pablo Iglesias y el resto de líderes de la formación habían hecho del orgullo de clase (la clase de «los de abajo» frente a la «casta extractiva» de «los de arriba») uno de los pilares de su acción política.

Y eso pesar de formar parte en su amplia mayoría de los estratos sociales más acomodados de la sociedad española, como demuestran los casos de Rita Maestre, Carolina Bescansa, Ramón Espinar, Íñigo Errejón o el mismo Pablo Iglesias.

La contradicción, insoslayable en algunos casos, fue toreada con mayor o menor fortuna por el partido hasta que Pablo Iglesias e Irene Montero pagaron 600.000 euros -tirando por abajo y más de un millón probablemente- por un chalet con piscina y terreno de dos mil metros cuadrados en el acomodado barrio madrileño de Galapagar.

No contentos con ello, forzaron a la militancia a avalar la compra mediante un esperpéntico referéndum que, como es público, arrojó el resultado deseado por la pareja.

La contradicción con patas.

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