Kiko Matamoros y su casa en 'La Finquilla'

He intentado explicar a un amigo inglés la disputa televisada sobre la titularidad de la vivienda que ocupaba Kiko Matamoros. Sin éxito.

Makoke dice que es suya. El Belga( deberían concederle el pasaporte por las jornadas vividas en La Clínica Bruselas ) dice que la ha pagado él. Y el primogénito de aquella, Tudelita, la ha ocupado y vaciado de todo lo que huela a uva.

La situación no puede ser más kafkiana: el que dice haberla pagado pasa las noches en un hotel; la que afirma ser propietaria vive en un plató de televisión y dice desconocer quién estará ocupando tan preciado bien; y el que realmente la está habitando y arrasando con la bodega es un muchacho al que se nos presentó como empresario y modelo ( podían, al menos, habernos anestesiado previamente ) y que ni siquiera es hijo del supuestoPagafantas.

Pero el misterio no termina aquí. Matamoros tiene una deuda con Hacienda que supera el millón de euros. Su sueldo está embargado y, desde hace tiempo, es un mileurista. Cómo paga la casa y el hotel? Cómo paga los gastos de comunidad, la luz, el gas, el jardinero, el coche y las botellas de Vega Sicilia? Misma pregunta para la que dice ser propietaria.

Matamoros ha afirmado públicamente, sin avergonzarse, que no piensa pagar la deuda fiscal. Telecinco y La Fábrica de la Tele han premiado tan ejemplar comportamiento cívico asignándole la defensa del espectador en Sálvame. Más tarde, en una de sus habituales patrañas, ha dicho que ha presentado un recurso. Inviable por extemporáneo y porque requeriría, en todo caso, la aportación de avales o fianzas que no posee.

Esta entelequia solo puede tener una explicación. La casa no es de Makoke, ni de El Belga, ni de Tudelita. Es del Banco, de una entidad financiera catalana para más señas. Que habría señalado un plazo, un vencimiento, para su venta a un tercero que pueda hacer frente a la hipoteca. En este periodo transitorio sería Makoke quien iría haciendo frente a los vencimientos con los ingresos de su presencia, a título mobiliario, en la Casa de Guadalix.

Matamoros ha demostrado una particular destreza para la conciencia forense, para hacer desaparecer pruebas que le delaten. No sólo en asuntos de índole económica.

Pero debemos confiar en que los funcionarios de la Agencia Tributaria, la Abogacía del Estado o la Fiscalía terminen entregando el dichoso adosado en La Finquilla al patrimonio nacional. O, en su caso, otorgarle la condición de inquilino de Instituciones Penitenciarias. Estamos hablando de un 'bien de interés fiscal'. Del Fisco y de la Fiscalía. Que nos pertenece a la totalidad de los contribuyentes.

(Acabo de recibir una nueva llamada de mi amigo inglés. Está escandalizado. Ha leído hoy que un fiscal pide cuatro años de prisión para el autor del hurto de un bocadillo de jamón. Le he tranquilizado con un argumento incontestable: somos España, amigo¡)

 

FRANCISCO RODRÍGUEZ
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