Atrapados por la publicidad

El marketing recurre a la ciencia para saber cómo decidimos y diseñamos estrategias más sutiles y eficaces. El reportaje lo han hecho Mónica Salomone y Pilar Gil en la revista Quo y no tiene desperdicio.

Colgar a personas vivas de una valla publicitaria podría parecer lo último en publicidad agresiva, pero hoy en día los recursos de que se sirven los gurús del “¡Cómprame!” derrochan extravagancia y sofisticación: la empresa Harris Hynd ya comercializa el equipo Turning Heads (cabezas que se giran), un dispositivo que hace hablar a cualquier superficie publicitaria con la calidad de un CD, y el empeño de crear la llamada “conciencia de marca” ha llevado a Panasonic a abrir en Tokio su Dinosaur Factory, un centro de exposición mezcla de museo y parque jurásico en el que se pueden probar sus últimos productos.

Según la empresa Mediaedge:cia, el pasado septiembre se emitió una media diaria de 8.408 anuncios televisivos en todo el territorio nacional. Por tanto, para conquistar la voluntad del consumidor, los estrategas del marketing tienen que aguzar al máximo el ingenio.

Su última vuelta de tuerca es infiltrarse directamente en el cerebro de sus objetivos. En sentido literal.

Cuentan para ello con una herramienta inesperada, pero muy poderosa: el neuromarketing, que es la aplicación de los descubrimientos científicos sobre cómo percibimos el mundo y cómo tomamos decisiones en la elaboración de estrategias empresariales.

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