Lluís Maria Xirinacs, ex cura, ex antifranquista y amigo de ETA

Lluís Maria Xirinacs, ex cura, ex antifranquista y amigo de ETA

(PD/Agencias).- Lluís Maria Xirinacs, ex sacerdote y ex senador, ha sido encontrado muerto el sábado por la tarde en una zona boscosa en la población gerundense de Ogassa. En su despacho de la Fundación Randa dejó escrito un manuscrito anunciando que se suicidaba, en un «acto de soberanía».

El cadáver de Xirinacs fue encontrado por un paseante, a unos 300 metros de una carretera secundaria de tierra que comunica la carretera N-260 con Ribes de Freser y Ogassa. Junto al cadáver, que llevaba entre dos y tres días en el lugar, había indicios evidentes de suicidio, además de una nota, probablemente con el mismo contenido de la que dejó en la Fundació Randa.

En este texto, redactado en catalán –ver la transcripción íntegra en el texto adjunto– Xirinacs alude a los Països Catalans como una «nación esclava» y a él mismo como un «individuo esclavo» y apela a su «liberación y defensa». Y añade que su suicidio es un contrapunto a «la cobardía de nuestros líderes», que así «han perdido un esclavo».

LAS LOAS A UN TRASTORNADO

Xirinacs fue un cura comprometido con la causa antifranquista y hasta consiguió ser elegido senador al instalarse la democracia en España, pero ya desde el inicio de la Transición su deriva radical le fue marginando del sistema democrático hasta hacerle desembocar en posturas tan repelentes como la exaltación del terrorismo etarra.

Al final ha presentado su suicidio como una liberación de la «esclavitud» que, según él, vienen padeciendo los «Països Catalans» desde hace siglos, como consecuencia de su «ocupación» por España, Francia e -¡¡¡- Italia (se refiere a una parte de Cerdeña).

Habríamos pasado, pues, de la canción protesta al suicido protesta en un patético remedo de la autoinmolación de los monjes budistas en Vietnam.

En lugar de guardar un pudoroso silencio sobre la conducta de una persona que tenía ya serios problemas de discernimiento, los nacionalistas catalanes -los confesos y los vergonzantes- se lanzaron ayer a una carrera de elogios y panegíricos para presentar al muerto como un héroe y otorgar a su suicidio el laurel del martirio. Sus palabras son todo un tratado de cómo elevar a un pobre trastornado a la categoría de redentor.

La palma de la sarta de tonterías se la llevó Pujol quien, en un episodio de masoquismo agudo, se dio por aludido por las críticas póstumas de Xirinacs a la «cobardía» de los líderes catalanes que han venido aceptando la opresión, elevándolo a la categoría de «profeta» que «nos fustiga con su muerte» en un último acto de amor a su pueblo.

Pero mucho más grave es que el presidente del Parlament Ernest Benach subrayara su «firme compromiso en la lucha pacifista», obviando su condena por declararse «amigo de ETA» y extender un manto de comprensión hacia esos abnegados terroristas que «no pueden ir al cine ni tener novia» y que encima avisan cuando ponen las bombas a pesar de «lo que cuesta robar la dinamita».

En pocas ocasiones como ésta queda más patente, en suma, que el nacionalismo puede llegar a convertirse en un trastorno mental nada transitorio. Y que el espectáculo de su contagio -¿qué hacía ayer el PSC sumándose al cortejo de estos grotescos ditirambos?- es el mejor termómetro de los niveles de delirio que ha alcanzado esta fiebre en la mayor parte de la clase política catalana.

EX SACERDOTE Y NACIONALISTA

Xirinacs, nacido en Barcelona en 1932, fue ordenado sacerdote a los 22 años. Sin embargo, su faceta más conocida fue la de opositor al franquismo. En 1963, por presiones de las autoridades franquistas, la jerarquía eclesiástica lo desterró de Barcelona a la localidad de Balsareny. Tres años después, su defensa del Sindicato Democrático de Estudiantes lo llevó a una población aun más pequeña, Sant Jaume de Frontanyà.

Xirinacs estuvo en la fundación de la Assemblea de Catalunya, que agrupaba a la oposición democrática catalana contra el franquismo. A raíz de una detención en 1971, se negó a hablar en otra lengua distinta al catalán en la comisaría. Esta actitud le llevó a ser confinado en la cárcel concordataria de Zamora, donde inició su tercera huelga de hambre.

Ese mismo año, fue candidato al Senado por Barcelona, en las elecciones celebradas el 15 de junio. Pero su oposición al texto constitucional y su deriva independentista provocó su expulsión de Entesa dels Catalans, donde se encontraba, entre otros, el senador más votado de España, Josep Benet.

A finales de los setenta, abandonó la vida política y sacerdotal, aunque participó de manera esporádica en algunas plataformas independentistas. Xirinacs consideró, en las obras que ha dejado escritas, que los líderes catalanes que guiaron la transición traicionaron los principios que habían inspirado la lucha antifranquista. A raíz del 11 de septiembre de 2001, la Fiscalía de la Audiencia Nacional interpuso una querella criminal contra Xirinacs por declararse amigo de ETA.

EL MENSAJE SUICIDA

«LA COBARDÍA DE NUESTROS LÍDERES»

«En pleno uso de mis facultades marcho porque quiero acabar mis días en la soledad y el silencio. Si me queréis hacer feliz no me busquéis.

Si alguien me encuentra le ruego que, esté como esté, no quiera perturbar mi soledad y mi silencio. ¡Gracias!

He vivido esclavo 75 años en unos Països Catalans ocupados por España, por Francia (y por Italia) desde hace siglos. He vivido luchando contra esta esclavitud todos los años de mi vida adulta. Una nación esclava, como un individuo esclavo, es una vergüenza de la humanidad y del universo.
Pero una nación nunca será libre si sus hijos no quieren arriesgar su vida en su liberación y defensa. Amigos, aceptadme este final absoluto victorioso de mi contienda, para contrapuntar la cobardía de nuestros líderes, masificadores del pueblo.
Hoy mi nación se convierte soberana absoluta en mi. Ellos han perdido un esclavo. ¡Ella es un poco más libre porque yo estoy en vosotros, amigos!»

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