Un «mosquito» contra el botellón

(PD).- Se comercializa como «Mosquito» y es lo más efectivo contra el botellón. Es una caja metálica que emite un tenue pitido, no audible para las personas adultas, pero sí para quienes están por debajo de los 25 años aproximadamente, capaces de oír frecuencias más altas. Es como el zumbido del mosquito y resulta muy desagradable cuando se escucha más de cinco minutos, aunque no es insoportable ni daña.

Centros comerciales y zonas residenciales del Reino Unido, donde se han instalado con asesoramiento municipal y policial unos 3.500 aparatos de este tipo, atestiguan su eficacia: grupos de jóvenes han dejado de congregarse en determinados lugares para organizar botellones o molestar a compradores o viandantes, y se han ido con la música y el alcohol a otra parte, tal y como publica Emili J. Blasco en ABC.

Un aparato que no discrimina

Pero el «Mosquito» (palabra española incorporada al vocabulario inglés) ha provocado una campaña de rechazo entre diferentes organizaciones, y el Comisionado para la Infancia solicita su retirada porque «es un aparato que no discrimina y afecta a todos los niños y gente joven, incluidos bebés, independientemente de si se comportan bien o no». La campaña se llama «Buzz off» (zumbido fuera).

El pitido se emite en una frecuencia de entre 16,5 y 17,5 kiloherzios, con una potencia de unos 85 decibelios, y puede ser oído a una distancia máxima de unos veinte metros. Se instala en la fachada a la altura de un primer piso, protegido por unas rejas a prueba de pedradas. Al cabo de cinco minutos resulta molesto. Se apaga automáticamente transcurridos veinte minutos. Puede ser programado para repetir el sonido cuantas veces se desee.

El invento fue diseñado por el ingeniero Howard Stapleton, después de que su hija de 14 años volviera de la tienda sin poder comprar nada porque en la puerta había un grupo de gamberros. Su precio es de 500 libras (unos 700 euros) y ya se han vendido unas cinco mil unidades en todo el mundo.

Trato «negativo» a la juventud

A pesar de los esfuerzos realizados por la compañía que los fabrica con el fin de establecer un código para su uso y control, con participación de los agentes sociales, diversas organizaciones se han lanzado a una campaña contra el artilugio. Denuncian que es un símbolo del modo «crecientemente negativo» con el que la sociedad trata a la juventud.

Según el Comisionado de la Infancia, Al Aynsley-Green, muchos jóvenes con los que ha hablado están «profundamente afectados» por estas tecnologías disuasorias. «Con el uso de tales medidas se está demonizando a los niños y los jóvenes, creando una peligrosa y creciente división entre éstos y los adultos». Para Aynsley-Green, además, el «Mosquito» no contribuye en lo más mínimo a afrontar la causa de las conductas antisociales.

Por su parte, la organización en defensa de los derechos civiles Liberty estima que un aparato como el que combaten no debería tener sitio en una sociedad que valore a los niños. «¿Qué tipo de sociedad usa un arma de ultrasonido contra sus niños?», se preguntó su directora, Shami Chakrabarti. «Se pondría el grito en el cielo si se introdujera un aparato que causara malestar a una determinada raza o sexo», añadió. Para Liberty, el «Mosquito» constituye «una desproporcionada interferencia en el derecho del individuo a su vida privada, y no discrimina entre manzanas podridas y la gran mayoría de los jóvenes, que se atienen a la ley».

Los comerciantes, a favor

En cambio, asociaciones de comercios han mostrado su «pleno apoyo» al uso de esta tecnologías como «último recurso» en situaciones en las que empleados y clientes se ven intimidados por la conducta agresiva o antisocial de jóvenes.

«Si nos quitan la posibilidad de utilizar este tipo de soluciones nos van a hacer más difícil afrontar algunos de los problemas reales que tenemos los comerciantes. Ello reforzaría la idea de que mientras en la Administración hay muchos que nos acusan de fomentar determinadas actitudes antisociales de los jóvenes -dijo James Lowman, directivo de una de las asociaciones, en relación a la venta de alcohol-, son incapaces de pedir cuentas a esos mismos jóvenes por sus acciones».

Asimismo, algunos ayuntamientos han advertido que utilizan el «Mosquito» dentro de un programa que también contempla otros técnicas para dispersar a quienes se congregan para el botellón.

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