El miedo a ser enterrado vivo

(PD).- El miedo a ser enterrado vivo vivió su máximo apogeo durante las epidemias de cólera en los siglos XVIII y XIX, pero mucho antes de eso ya existen historias registradas de personas que fueron enterradas prematuramente.

Como nos cuenta Mailkenai en su blog, cuando se reabrió la tumba del filósofo John Duns Scotus (1266 – 1308), se informó haber encontrado al cadáver fuera de su ataúd con sus manos destrozadas y sanguinolentas por el esfuerzo de intentar escapar.

El miedo a ser enterrado vivo aumentó tras hacerse públicos varios informes de doctores, así como por las historias publicadas en libros y periódicos. Tras haber tratado esta temática en relatos como “La caída de la casa Usher” y “El barril de amontillado“, Edgar Allan Poe escribió “El entierro prematuro“, que fue publicado en el año 1844.

En él se relataba el caso, supuestamente verídico, de un enterramiento prematuro, y se incluía una narración detallada (en primera persona) de lo que el enterrado percibía mientras seguía vivo.

El miedo general a ser enterrado vivo condujo a la invención de muchos dispositivos de seguridad que podían ser incorporados a los ataúdes. La mayoría consistía en algún tipo de artilugio de comunicación con el mundo exterior, como una cuerda o cadena atada a una campana, para que la persona sepultada pudiera llamar la atención de los de afuera en caso de que reviviese.

VÍA Mailkelnai blog (visto en Meneame)

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