«Conocí a la Duquesa Roja en 1982 y me sentí parte de su vida»

"Conocí a la Duquesa Roja en 1982 y me sentí parte de su vida"

La viuda de la Duquesa Roja intenta conservar la calma. Liliana Dahlmann llegó a la vida de la duquesa de Medina-Sidonia en 1982 y hoy días, tras la muerte de la duquesa, es la presidenta de la fundación. Entre el patrimonio de la fundación están el palacio, las obras de arte que contiene y su inmenso archivo. No hay territorios porque su señorío no era territorial y, por tanto, los duques no fueron los dueños de esta zona. El testamento se conocerá en poco tiempo.

Las dos mujeres se casaron horas antes de la muerte de la duquesa pero Liliana no quiere hablar de ello:

«Es algo en lo que no quiero entrar. Forma parte de nuestra vida privada. Hay cosas que se hacen cuando se tienen que hacer».

Sobre la mala relación entra la duquesa y su hijos, su viuda cuenta que:

«La gran ruptura se produce cuando Isabel consigue en 1990 crear la Fundación. No se puede decir que fueran unos niños abandonados. Entonces iniciaron una serie de pleitos contra ella. De la finca de Mortera la duquesa quedó como usufructuaria y cuando cada hijo cumplió 21 años, les dio la parte que les correspondía. Quedan aquí en Sanlúcar unas 15 piezas, entre obras de arte y muebles, que pueden recoger cuando deseen. Pero no quisiera entrar en esta espiral de desmentidos y aclaraciones que puede convertirse en una locura. La justicia tiene mecanismos para establecer la autenticidad de esas reclamaciones».

El País, que es quien le ha entrevistado, le pregunta por la personalidad de la fallecida.

«Era un torbellino, una mujer incansable. Fíjese simplemente en lo que significa organizar todo este archivo. Quiso conseguir ayuda para tan ingente trabajo, pero al final lo hizo sola. Dormía unas cuatro horas, se levantaba a las nueve, se acostaba hacia las cinco. Escribió más de 20 libros. Un montón de ellos de historia, pero hizo también novelas. Cuando apareció Internet se embarcó en un master de informática, y no tardó en tener allí unos cinco sitios donde escribía de todo: de actualidad, de historia, ficción… La conocí en 1982 y todo fue saliendo sin ninguna premeditación. Enseguida me sentí parte de su vida y de su obra».

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