El pesado que no se callaba ni debajo del agua

(PD).- La policía de la localidad alemana de Speyer, al oeste del país, no se ha visto antes en una actuación como ésta. Los servicios de emergencia recibieron la llamada desesperada de una mujer de 48 años que pedía que la rescatasen de un amigo que fue a visitarla y le estuvo hablando durante 30 horas seguidas.

Los servicios de emergencia de la localidad alemana de Speyer recibieron la llamada desesperada de una mujer de 48 años que pedía que la rescatasen de un amigo que fue a visitarla y le estuvo hablando durante 30 horas seguidas.

El amigo comenzó a exponer a la ciudadana alemana sus problemas personales. Pero combinó sus confesiones y lamentos con el alcohol, y lo que comenzó como una charla entre amigos se convirtió en un monólogo sin fin. El estado de embriaguez, lejos de arrastrarle al descanso, le llevó a hablar sin parar.

La mujer intentó convencerle para que parase, pero todo fue inútil. Sin otra solución posible, recurrió finalmente a llamar al número de emergencias.

El portavoz de la policía local ha declarado que «después de unas increíbles 30 horas de charla y varios intentos fallidos de que la visita le dejara, el pasado sábado, a la mujer no se le ocurrió nada más que llamar a una ambulancia». Pero ello no fue suficiente, porque la ambulancia se negó a llevarse al amigo parlanchín, por lo que la mujer optó por llamar a la policía. Los agentes se llevaron al pesado amigo y lo dejaron en su domicilio.

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