El cine pierde la mirada de Paul Newman

El cine pierde la mirada de Paul Newman

(PD).-El cine perdió ayer a una de las grandes estrellas del siglo XX, el actor y director estadounidense Paul Newman, que falleció a los 83 años víctima del cáncer de pulmón. Siguen vivas, eso sí, las lecciones que impartió en sus más de cincuenta interpretaciones magistrales, todas sus múltiples vidas cinematográficas: del boxeador de «Marcado por el odio» (1956) al jugador de billar de «El color del dinero», pasando por el timador de «El golpe» o el detective «Harper».

El actor y director estadounidense Paul Newman, una de las últimas grandes leyendas del Hollywood dorado, falleció ayer en su domicilio de Connecticut a los 83 años tras una larga pelea contra un cáncer de pulmón.

Las especulaciones sobre su estado de salud habían comenzado el pasado mes de enero y en un principio fueron desmentidas incluso por el propio actor. Meses más tarde se confirmó que padecía esta enfermedad. Las últimas informaciones, del pasado verano, indicaban que Newman había pedido abandonar el hospital para pasar sus últimos días en casa, junto a su esposa, la también actriz Joanne Woodward, y su familia. «Su muerte fue privada y discreta, como había sido su vida. Fue un artista humilde que nunca pensó en sí mismo como «grande»», según un comunicado de la familia.

A primera hora de la tarde de ayer -hora española-, su Fundación había emitido otro comunicado de condolencias en el que rendía homenaje a esta leyenda de la gran pantalla. «Paul aprovechó lo que la vida tenía que ofrecerle, y mientras él mismo rehusaba reconocer que estaba haciendo algo especial, en realidad estaba cambiando las vidas de muchos gracias a su generosidad, humor y humanidad. Su legado vive a través de la caridad que ha demostrado», indica la nota remitida por el vicepresidente de la Fundación Newman’s Own, Robert Forrester. El actor fundó en 1982 la marca de productos alimenticios «Newman’s Own», cuyos beneficios de ese año fueron donados íntegramente a actividades benéficas. Se calcula que la firma supera los 200 millones de dólares (casi 137 millones de euros) en donaciones.

Pero su faceta de empresario de éxito sólo es un paréntesis en una vida que estuvo marcada por la interpretación, la dirección y unos incisivos ojos azules que le convirtieron en una de las mayores estrellas de cine del siglo XX. Entre papel y papel, Newman se subía a uno de sus coches de carrera, una afición que inició tras actuar en la película «500 millas» (1969) y que le llevó a los circuitos y a ser, con 70 años, el piloto más longevo en una carrera de alto nivel, las 24 horas de Daytona. También era un hombre de familia, una cualidad extraña en Hollywood. Desde hace cincuenta años residía en Westport con su mujer, la actriz Joanne Woodward, con quien tuvo tres hijas. De un matrimonio anterior tenía un hijo y dos hijas. Ese único varón, Scott, murió de sobredosis en 1978, lo que fue un golpe enorme para Newman, que creó en su memoria el Scott Newman Center, un centro para la prevención del uso de drogas.

Había nacido el 26 de enero de 1925 en Ohio, de padre judío y madre eslovaca. Sirvió en la Marina durante la II Guerra Mundial como operador de radio y a la vuelta estudió interpretación en New Haven y Nueva York. Debutó en Broadway y de ahí saltó al cine. Tras varias intervenciones en filmes poco relevantes, su papel como el boxeador Rocky Graziano en «Marcado por el odio» (1956), de Robert Wise, hizo que todas las cabezas se volvieran a mirarle. Después su prestigio fue consolidándose con títulos como «El zurdo» (1958), de Arthur Penn, en el que representaba al legendario pistolero del Oeste Billy el Niño. Desde entonces, su carrera despegó y nunca tocaría suelo más.

En su haber hay una larga lista de títulos que han marcado una época, como «Éxodo» (1960), «Harper, investigador privado» (1966) o «Dos hombres y un destino» (1969), por citar sólo algunas de las múltiples interpretaciones destacadas que jalonan una filmografía compuesta por más me medio centenar de cintas como actor. Además, Newman dirigió seis películas -cinco de ellas protagonizadas por su esposa- después de su debut tras las cámaras en el cortometraje «On the harmfulness of tobacco» («Sobre los perjuicios del tabaco», 1961). Entre sus títulos como director, figuran, entre otros, el de su debut en el largometraje, «Raquel, Raquel» (1968), «El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas» (1972) o «Harry e hijo» -en memoria de su hijo Scott-.

Ganó un «Oscar» al mejor actor por «El color del dinero» (1986) tras nueve candidaturas y recibió otro honorífico en 1985.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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