El Juli: Diez años en la cumbre

El Juli: Diez años en la cumbre

(Mario Juárez/Burladero).- Cuando Julián López Escobar recibió los trastos de matador de toros, un 18 de Septiembre de hace ahora diez años, ya había revolucionado el toreo. Jamás un torero había conseguido tanto desde tan joven.

Cinco días antes, había entrado en Madrid con una tarde de figura, como novillero, frente a seis novillos, uno de ellos de Victorino. Puso el «No Hay Billetes» un domingo cualquiera de septiembre, cortó las orejas, salió a hombros y ratificó todo lo que había conseguido en sus intensas campañas de novillero.

Desde que a mediados de los noventa el maestro Gregorio Sánchez pregonase a los cuatro vientos las virtudes de un rubio chaval que acudía a diario a la escuela de la casa de Campo, el toreo no hacía más que hablar de ese Juli de Velilla.

Yo recuerdo que ví a El Juli sería en el año 94 o así, en una de esas becerradas que se celebraban en la placita de la casa de campo. Guardo todavía alguna foto casera de entonces, cuando parecía un matador de toros en pequeño. Por su forma de ser y estar en la plaza, incluso por su forma de comportarse fuera de ella. De los grandes maestros absorbió como una esponja consejos, técnica, secretos… y todo ello quedó procesado en una cabeza con mayor capacidad que el mejor de los ordenadores.

Poco después lo vi participar como becerrista invitado en un concurso de novilleros sin caballos. Aquello fue televisado por Canal+ y mucha gente le puso cara a ese Juli.

Muchos lo descubrieron en aquél entonces, aunque algunos llevábamos un par de años pendientes de sus evoluciones. Por Villaverde ya le habían comenzado a seguir unos amigos, sin peña oficial aún, y por entonces muchos nos preguntábamos dónde llegaría aquél fenómeno.

Tras pasar un año y medio por México, donde se forjó y donde pudo torear, donde reventó la Monumental en aquella histórica tarde del indulto de «Feligrés», se presentó en España. Recuerdo aquél mano a mano en Leganés con Miguel Abellán, en febrero de 1998.

Era sólo el prólogo de una temporada de las de golpear fuerte como matador de novillos, de dejar su poso y peso en las plazas, de llenos y triunfos diarios, de revolucionar con fuerza el tinglado, con la coronación de Madrid. Por entonces, Julián disfrutaba y hacía disfrutar con una variedad capotera trabajada a fuerza en México, con las lopecinas y escobinas tan de su repertorio como en el toreo fundamental.

Llega la alternativa

Hace ahora diez años que Manzanares le cedió la muerte, en presencia de Ortega Cano, del toro Endiosado, de Daniel Ruiz. Aquello se convirtió en un auténtico fenómeno social y taurino. Tanto, que por vez primera Televisión Española retransmitía en directo para España desde Francia.

Julián tiró de la raza que ha caracterizado tanto su carrera: apretaron los maestros pero apretó el neófito, que tiró de sus lopecinas para volcar el coliseo y salir en hombros en «su» tarde. Fue el primer «No hay billetes» de su carrera como matador.

A pesar de que la alternativa llegó a finales de Septiembre, Julián sumó quince corridas antes de partir hacia América, donde se convirtió en el torero del invierno.

Toreó tres corridas en La México, con tres llenazos, y tres salidas en hombros, en las que fue paseado por los alrededores de Insurgentes hasta el hotel. La primera de ellas, después de haber cortado «sólo» una oreja tras pinchar varias veces al toro «Platero» de De Santiago.

1999: Arrasa el «Fenómeno Juli»

Su primera temporada completa como matador de toros acumuló llenazos, reventa, miles de kilómetros de plaza en plaza y una atención mediática sin procedentes. Con la hierba en la boca, El Juli fue todo un huracán, que irrumpió con fuerza en el grupo de cabeza del toreo, dominado hasta entonces por Joselito, Rincón y Ponce en los 90, y que desde un par de años antes comenzaba a encabezar José Tomás en sus mejores años.

Pero la máquina de El Juli funcionó engrasada a la perfección. Fueron 134 paseíllos en Europa, con un verano frenético, en el que pasó con una fuerza arrolladora. Desde que arrancó el 28 de Febrero en Elche hasta el 17 de octubre en Jaén, fue una temporada arrolladora. El 7 de marzo estoqueó por vez primera seis toros, en esta ocasión en Olivenza.

Puntuó en Valencia, Castellón y Sevilla, donde sufrió su primera cornada de mucha gravedad. Un toro de Jandilla al que tenía cortadas las dos orejas y que le permitía abrir la Puerta de El Príncipe lo mandó a la cama con 16 años. Otra cornada grave sufrió en pleno verano en Calahorra, que le obligó a detener el carrusel fortísimo del verano. Hubo varios dobletes en un año que alcanzó registros frenéticos.

2000: Llega Madrid… y Zaragoza

El Juli arrancó la temporada triunfando en Castellón con la corrida de Victorino Martín. Desde sus comienzos, el madrileño ha sido torero de apostar y de, todos los años, marcar hitos importantes. Pero a nadie se le escapaba que ese año era Madrid la plaza que debía examinarlo. Confirmó con una corrida de Samuel sin fondo que dejó a las claras dos cosas: que la de Las Ventas iba a ser la plaza más cara de rendir, y que Julián no iba a parar hasta conseguirlo.

Toreó una segunda tarde con ejemplares de El Pilar, bajo la lluvia, donde dejó importantes momentos al natural, y también hizo el paseíllo en la corrida de Beneficencia, donde arrolló con el último toro de Victoriano del Río hasta arrancar la oreja. Lo recibió de rodillas a la verónica, lo puso galleando en el caballo, hubo quite por lopecinas, banderillas y momentos de alto nivel en la muleta. Pero llegó el pinchazo.

Por segundo año consecutivo, El Juli pasó de las cien corridas. 106 marcó aquella temporada, que dejó el zambombazo final para las postrimerías de la temporada. Otra plaza de primera, como el año anterior Sevilla, cayó rendida. En esta ocasión fue Zaragoza, donde Julián cortó las dos orejas y el rabo del toro «Ropalimpia», un bravo ejemplar de Núñez del Cuvillo al que cuajó de cabo a rabo. La temporada quedó en lo más alto y anunciaba tambores de guerra para la siguiente.

2001: La conquista de Bilbao

Sin ser la novedad de las dos anteriores temporadas, Julián tenía ante sí el reto de comenzar a evolucionar. Medido con fuerza por empresas, compañeros y público. Presente en todas las ferias, entregado en Valencia, Castellón y Sevilla; Madrid fue plaza clave. Con la atención del abono centrada en su figura, se anunció con un toro de Victorino en la Corrida de la Prensa.

Fue el año que las figuras se apuntaron a las «duras» en Madrid, el que José Tomás se dejó vivo un Adolfo… y el que El Juli dejó alto su cartel después de cuajar a la perfección y entre pitos a un impresionante toro de Guardiola, al que cuajó de capa, banderilleó, cuajó dos series de naturales de cante grande y, finalmente, cuando estaba entre los pitones, herido de gravedad.

Mientras en Sevilla se reconocía lo ocurrido un par de años antes, en Madrid algunos ignorantes lo protestaron cuando era llevado a la enfermería, sin consciencia, con el muslo rajado de par en par.

No bajó el ritmo en ese tercer verano. Sus temporadas, casi consecutivas, sin parar en invierno, le hicieron caer en enfermo en Alicante. En Valencia cuajó un faenón histórico después de un memorable tercio de quites con Joselito a un toro de Daniel Ruiz, para el que se pidió el indulto y que una presidenta sin criterio dejó sin premio mientras el público y la crítica lo reconocía sin complejos.

Ese verano también pagó con sangre su apuesta. En Málaga comenzó de rodillas una faena a un toro de Salvador Domecq y recibió una grave cornada en el gemelo.

Pero la raza de El Juli no conocía límites por entonces. Tras Sevilla y Madrid, Julián se había marcado una nueva meta: Bilbao. Doble cita televisada y apuesta con los Victorinos. Todavía cojo, sin poder apoyar la pierna, El Juli rindió El Bocho. La primera tarde cortó una oreja a cada uno de sus ejemplares de Victorino. Se pidió el segundo trofeo en el sexto.

Sólo 24 horas después, Julián cuajaba una grandísima faena al quinto Torrealta, un toro serio y armado que en un derrote secó lo marco para siempre. Le partió la cara, literalmente. Una grave cornada en la boca dejó para siempre una cornada de las de espejo.

Rajada de par en par, sangrando abundantemente, El Juli volvió al toro como si tal cosa; con más rabia contenida, y toreó todavía mejor. Un espadazo puso en sus manos las dos orejas y, de nuevo, el cambio de la puerta grande por la enfermería.

Muy castigado por los toros y exigido por sí mismo, Julián no bajó el ritmo en lo que quedó de verano. 88 paseíllos protagonizó el rubio torero, que se encaramaba a la primera posición del toreo, que volvía a triunfar en Zaragoza y que despedía la campaña paseando un rabo en Jaén.

2002: La faena de Vistalegre

Apenas quince días después de que José Tomás dijese adiós a los ruedos; y uno después de su 19º cumpleaños, El Juli cuajó la faena del año en la madrileña Vistalegre. En la corrida del adiós de Curro Vázquez, se destapó El Juli cuajando una faena de las que marcan una época, a un gran toro de Victoriano del Río al que cuajó de capa, muleta y espada. Con la muleta siempre a rastras, encajada la figura, roto el torero, hundido el mentón, metidos los riñones, El Juli dijo e hizo el toreo.

El año que se había resistido Madrid, con el torero instalado definitivamente en la primera fila del toreo, fue el año en que la transición como torero alcanzaba cotas altísimas. Más seguro y reposado, sin la necesidad del triunfar día sí y día también, Julián buscó las grandes faenas, y las encontró. Desde la que cuajó al toro de Reyes Huerta el 5 de Febrero, donde cortó un rabo, a la de Vistalegre; entre medias quedaron las de Pamplona, San Sebastián, Linares, Arles, Bilbao y Logroño.

En Bilbao se anunció tres tardes consecutivas. Eje del abono vizcaíno, no defraudó. Y volvió a triunfar, de nuevo con la corrida de Torrealta. Un año después de pagar con sangre el triunfo, salió en hombros tras desorejar a un gran toro de la misma vacada. Por aquél entonces, El Juli empezaba a llevar el timón del toreo. A partir de ahora llegaba lo más duro.

2003: La encerrona de Madrid

Fuera de los ruedos José Tomás, a El Juli le tocó soportar en solitario todo el peso de la púrpura. El planteamiento de la temporada fue de máxima auto exigencia, de querer más y más, de mandar en la fiesta, de llevar el peso del toreo. Como había hecho Joselito «El Gallo», con quien siempre se le ha comparado, un siglo atrás. Fue el año de las «gestas», cuando Julián decidió encerrarse con seis toros en varias plazas y ferias.

Las empresas, siempre tan reacias al poder de los toreros, intentaron cortar en freno una temporada tan importante. Salsa al guiso añadió Victorino, que se negó a que Julián lidiase su corrida en Madrid, lo que lo dejó fuera de San Isidro. Por eso El Juli se la jugó toda a una carta: seis toros en la corrida de la Prensa, donando sus honorarios. Y con seis toros de seis encastes.

No iba bien la corrida en los tres primeros turnos. Con el ambiente totalmente a la contra, con una intransigencia que habría desesperado a más de uno, El Juli comenzó a dar la vuelta a la tortilla en el cuarto, un toro de Javier Pérez Tabernero al que pudo haber cortado una oreja.

Pero dice el refrán que no hay quinto malo, y el destino aguardó entonces un bravo ejemplar de Fuente Ymbro con el que El Juli escribió en Las Ventas las tres mejores series de naturales de esa temporada. Encajado, asentado, reunido, seguro y templado, también Madrid caía rendida a las grandes faenas del de Velilla. Sólo que el palco, como ocurriría más veces después, también se sumó a esa corriente anti-juli tan de Madrid y le negó la Puerta Grande.

Todavía recuerdo aquél puñado de lágrimas que dejó escapar El Juli al finalizar la faena. Lágrimas de haberse vaciado por completo, de haber toreado como muchos sueñan y casi ninguno alcanza. Por haber dado la vuelta a una tarde tan importante y tan dura a la vez. Vista con el paso de los años, me reafirmo en lo que comenté entonces: había sido la tarde más decisiva de su vida. La que marcó un antes y un después en su carrera.

Tras la de Madrid, llegaron las encerronas de Santander, Linares y Zaragoza, que se saldaron con cuatro orejas cada una. La tarde de El Pilar, El Juli se consagró no como lo que ya era, la primera figura del toreo; sino un gran maestro del toreo: por su dominio de todas las suertes, de la lidia y de las cuadrillas. Fue una tarde casi científica, en la que manejó a cada uno de sus hombres de manera perfecta.

2004: Comienza la transición

En el invierno se incorporó Roberto Domínguez a la carrera de El Juli. Tras la convulsionada etapa anterior, Julián buscaba a su lado a un hombre que pudiese transmitirle conocimientos, seguridad y, sobre todo, con el que recorrer junto esa transición interior que tanto anhelaba. Dio en el clavo. La línea estaba marcada entonces en Madrid y Zaragoza, y desde entonces, la búsqueda de la maestría no se detuvo.

Dejó las banderillas de manera radical, fue aminorando la presencia de lances vistosos para profundizar en el toreo fundamental; y se buscó y trabajó de manera incansable el poder del toreo de muleta. No fue fácil, sobre todo porque el gran público se encontraba entonces con un Juli muy distinto al que había conocido años atrás. No se cansó Julián ni cejó en el esfuerzo.

2005: La México, o la faena de su vida

Si hay una faena que El Juli recuerda siempre, que late de manera continua en sus pensamientos, fue la del 5 de febrero de 2005 en La México. Ese día indultó al toro «Trojano» de Montecristo en el coso de Insurgentes. Será de las más completas de su carrera. Otras habrán tenido importancia, por el momento o por el escenario, pero ese fue el día que El Juli cerró el círculo de su evolución y su transformación en maestro del toreo.

Aquella fue una faena plena de hondura, de encaje, de toreo rotundo, de muleta rastrera; una lección de colocación, poder… una tauromaquia resumida en veinte minutos. Esa manera de dejar la muleta muerta en el mismo hocico para tirar del toro una y otra vez… Lo había cuajado a la verónica y concluyó, en la misma puerta de chiqueros, con unos muletazos al paso que pusieron fin a una obra de auténtica maestría.

2006: El toro de Ana María Bohórquez

Liberado de la tensión de saberse aceptado y reconocido, finalizada la transición como torero y persona, El Juli empezó a disfrutar en 2006 del toreo. Con el mismo peso de la púrpura, los faenones del madrileño fueron sucediéndose sin tregua. El más importante tuvo lugar en Madrid, cuando cuajó a «Novelero» de Ana María Bohórquez en Madrid. Ha sido su faena más rotunda en Madrid, sin una fisura, sin un tiempo muerto, sin un pero. Salvo el de un presidente incompetente que, pese al clamor, dejó en un trofeo una labor para la historia.

El Juli había encontrado su propio camino. Su posición en el toreo había cambiado. No sólo era la gran figura, no sólo era el que tiraba del carro. Era el maestro del toreo. Había dado con el toreo que siempre le había gustado, el que había asimilado en la Escuela de Madrid, el que tanto había visto en los vídeos, el que tanto le habían contado y cantado, el que tanto le obsesionó tantos años.

2007: Y Madrid… por fín

A la tercera fue la vencida, y en 2007 El Juli consiguió la foto que siempre soñó como torero: la de su salida a hombros por la Puerta Grande de Madrid. También tuvo que sudarla, porque otro inepto en el palco volvió a negar el segundo trofeo después de un faenón de antología.

Julián tuvo la fortuna de encontrarse con «Cantapájaros» de Victoriano del Río. Un buen toro que tuvo la gran suerte de que enfrente estuviese el torero de San Blas. Por entonces, yo no recordaba una labor tan intensa como la que protagonizó El Juli en aquellos veinte minutos. Se espatarró el torero, echó la muleta y fluyó el toreo más hondo, más profundo, más de verdad. Las series se sucedían como una catarata de toreo puro, bello, de cante grande. La espada cayó en el sitio y El Juli, por fín, se proclamó torero de Madrid.

Julián no daba crédito entonces a la absurda decisión del palco presidencial. Aun así, no se hundió y tiró adelante. Y arrancó con una faena inverosímil la oreja del quinto. Y la foto a hombros en la plaza soñada. La que había rendido días antes de convertirse en matador de toros. La que le faltaba por conquistar en el toreo.

La pasada fue la temporada más redonda de El Juli. La de mayor regularidad y la de mejor toreo. Barcelona, Málaga, El Puerto, Albacete, Valencia, Nimes… ratificaba su posición, que la evolución había sido la correcta y que había mucho Juli por delante.

2008: Evolución permanente

Tras la apabullante temporada de 2007, El Juli no ha mantenido la misma regularidad este año. Sin embargo, el torero de Velilla está alcanzado límites casi impensables cuando, hace diez años, saltó de escalafón. Sin darse una tregua, aguantando al frente la competencia de nuevos compañeros y el regreso de José Tomás, puntuó en Castellón y Valencia, dejó boquiabierta Sevilla con una faena de arrear hasta lo inalcanzable con un toro de Victoriano del Río; con la gran faena del año en Arles; el triunfo de Barcelona; los grandes momentos de Badajoz, Alicante, Ávila o Huelva; y el agosto en que ha recobrado la sonrisa en El Puerto, San Sebastián, Bilbao, Almería, Dax y Arles.

Ya han pasado diez años de aquella efeméride. Quince desde que el maestro Gregorio Sánchez comenzase a hablar y no parar de aquél rubio torero de Velilla. Y se ve que El Juli no ha dicho basta. Ni siquiera conforme con su evolución actual. Que sigue buscando y buscándose. Que sigue bajando la mano como el que más, que quiere llevar a los toros al límite.

Muchos le definieron como el Gallito del siglo XXI. Particularmente, creo que en Julián entroncan muchos más toreros. También de los que marcaron época.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído