Cayetano corta dos orejas por sorpresa y Marco una por paisanaje

Cayetano corta dos orejas por sorpresa y Marco una por paisanaje
Cayetano Rivera Ordonez.

El diestro Cayetano Rivera cortó dos orejas gracias a un «palco» muy condescendiente, y ante la sorpresa de todos, mientras que Francisco Marco paseó también un trofeo fruto del paisanaje, hoy en Santander.

FICHA DEL FESTEJO.- Cuatro toros de «El Tajo» y dos -cuarto y sexto-, de «La Reina», del mismo encaste y casa ganadera, aceptablemente presentados y de poco juego. El segundo, el más completo. El tercero también «sirvió», aunque sin final. Los demás, sin estilo ni posibilidades.

José Antonio «Morante de la Puebla»: pinchazo y media que termina tragándose (silencio); y estocada y descabello (ovación).

Francisco Marco: casi entera caída (oreja); y pinchazo, estocada corta y descabello (ovación).

Cayetano Rivera: estocada en «el rincón» (dos orejas protestadas); y estocada (palmas en la despedida).

La plaza se llenó en tarde de calor comedido.

«PALCO» DESMEDIDO

El ambiente de fiesta en Santander es extraordinario y contagioso. Su feria, fiel reflejo del carácter de la ciudad, festivo y generoso, algo que se nota también en la plaza, donde las orejas muchas veces no están en proporción a los méritos en el ruedo. Por poco que destaque algún torero ya tiene premio.

Sucedió con Francisco Marco, que aunque nacido en tierras navarras tiene estrechos vínculos familiares en Cantabria, o al revés: el caso es que el hombre se reivindica como local a la hora de contratarse lo mismo para Pamplona en sanfermines que para esta plaza y feria de Santander. Y pasó también con Cayetano, con quien se desbordaron los afectos.

No fue buena la corrida que lidió «Joselito», propietario de los hierros de «El Tajo» y «la Reina», aunque dos toros -segundo y tercero-, los de «los triunfos», fueron excepción. Los toreros, por su parte, más o menos inspirados, más o menos resueltos o capaces, más bien menos en todo. Así que el abultado número de trofeos no guarda proporción con lo que pasó.

La oreja que paseó Marco del toro de su reaparición después del percance que sufrió el pasado día 8 en Pamplona, tenía tufo claramente de paisanaje. Fue bueno el toro, muy bueno, por ritmo, temple y calidad.

El hombre, previa larga de rodillas en el tercio, lanceó a la verónica con voluntad, igual que en el galleo por chicuelinas para poner en suerte, y un quite también a la verónica ya no fue gran cosa. A la faena de muleta le faltó reposo y fibra. Aún yendo los muletazos a la velocidad del toro, y ligados la mayoría, aquello tuvo escasa entidad. Poco bueno, y sólo por la derecha.

La estocada tampoco resultó muy ortodoxa. Lo dicho, paseó una oreja que, tal y como tiene el hombre las cosas, todavía le servirá para alimentar la esperanza de futuro en su carrera.

Su segundo toro se movió en plan revoltoso, sin estilo, reponiendo las embestidas, también en ocasiones «haciendo hilo». El hombre lo toreó siempre por fuera, en línea, sin llegar a estructurar faena a pesar de la cantidad de pases que le pegó.

Por agravio comparativo, si a Marco le dieron una oreja en el segundo siendo el toro bueno y poquita cosa la faena, a Cayetano le premiaron con dos en el tercero, primero de su lote, por una labor que tuvo más destreza y sobre todo encanto.

Bien con el capote, en unos primeros lances sueltos pero con finura, y en un bonito quite por gaoneras. Espectacular apertura de faena, con cinco pases de rodillas. Y aunque un punto acelerado en lo fundamental, la faena tuvo momentos notables antes de que el animal pidiera tablas, donde todavía Cayetano le dio «fiesta» con pases sueltos.

La estocada, en «el rincón» que hizo famoso su abuelo, el gran Antonio Ordóñez, dio paso a dos orejas muy protestadas. Cayetano las enseñó antes de entregárselas a uno de sus banderilleros para iniciar la vuelta al ruedo sólo con el capote y la montera en las manos.

El sexto fue brusco y áspero, tomaba la muleta rebrincado, quedándose corto y reponiendo, y parándose enseguida. El trasteo resultó de lo más deslavazado, sin ningún poso.

Dentro de lo poco buena que resultó la corrida, «Morante» cargó con el peor lote. No «sirvió» su primero, protestando mucho por arriba y perdiendo las manos a poco que se le obligaba. Sólo a media altura, y también sólo por el pitón izquierdo, medio «se dejó».

«Morante», siempre en la periferia, no tuvo compromiso de faena.

El cuarto prometió por un momento, pero sin dar tiempo a que el trasteo tomara consistencia. Un par de tandas a derechas, simples pinceladas, antes de que el toro buscara tablas, también con ánimo de echarse. No hubo nada, ni de bueno ni de malo.

 

 

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