David Vann dice que «durante veinte años me atrajo mucho la idea del suicidio»

David Vann dice que "durante veinte años me atrajo mucho la idea del suicidio"
. EFE/Archivo

El escritor norteamericano David Vann, ganador del Premio Fémina en Francia y convertido en fenómeno literario en su país por la dramática y sorprendente «Sukkwan Island», reconoce que el suicidio de su padre le marcó durante décadas e incluso le llegó a atraer la idea de poner fin a su vida.

Sentado ante un zumo de naranja en una cafetería barcelonesa, Vann explica, en una entrevista con Efe, que su novela, ambientada en una nevada y salvaje ínsula, tiene su origen en la desaparición voluntaria de su padre cuando él contaba trece años.

Rememora que en ese momento sus progenitores se habían separado y su madre se había trasladado con él a California, dejando atrás sus vivencias en la isla Adak de Alaska, donde nació.

Su padre le pidió al cabo de un tiempo que volviera a vivir con él durante un año en ese lugar apartado de Estados Unidos, pero David respondió que prefería vivir en California. «Dos semanas después de eso -comenta- mi padre se suicidó y yo me sentí muy culpable, porque igual si le hubiera dicho que sí, ahora no estaría muerto. La novela gira alrededor de este dilema».

También se vislumbra por parte del protagonista una cierta crueldad hacia las mujeres, unos seres que Vann considera «mucho más completos que los hombres».

Sin embargo, advierte que la historia protagonizada por Jim y su hijo Roy, de trece años, es inventada e incluso remarca que nunca ha estado en la isla de Sukkwan. «Si la escogí -precisa- fue porque no la conocía y fue terreno abonado para mi imaginación».

De hecho, el lugar que aparece en el relato es, según Vann, «el espejo y el reflejo del alma de los personajes», y añade que también quería demostrar que «la parte más salvaje de la naturaleza es el peor sitio al que uno puede escapar».

Jim, un dentista en crisis existencial, decide un buen día instalarse con su hijo Roy en una ignota isla de Alaska, a la que sólo se puede acceder en barco o hidroavión, con el objetivo de recuperar el tiempo perdido con el niño, pero pronto se dará cuenta de que no ha sido una buena idea recalar en el lugar.

David Vann, que estuvo una decena de años buscando editor para su obra, no esconde que, por su propia experiencia vital, se sintió atraído por todo lo relacionado con el suicidio e incluso durante tres lustros sufrió insomnio.

«Pensaba -confiesa- que si las cosas llegaran a un punto muy negro podría llegar a suicidarme como mi padre, pero luego toqué fondo, sin tener ni diez dólares en el bolsillo, y vi que quería seguir viviendo, lo que supuso para mí un gran alivio. Esos momentos tan duros fueron en realidad los mejores de mi vida».

Profesor en la Universidad de San Francisco, Vann dice que escribe desde siempre y que lo que más le gusta del oficio «es lo que tiene de punto de inconsciencia», a la vez que defiende la función «transformadora» de la literatura, su capacidad de convertir «algo horrible en algo mejor y que llega al lector».

Actualmente, está trabajando en una nueva novela, también ambientada en Alaska, que gira en torno a un matrimonio que no funciona, con otra trama trágica. «Me siento mucho mejor escribiendo así, es como una terapia cuando acabo», apostilla.

«Sukkwan Island» llega a los anaqueles españoles de la mano de Ediciones Alfabia en castellano y de Empúries en catalán, que también tiene previsto el próximo año publicar otros relatos suyos de «Legend of a suicide».

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