Entre Bambalinas.- El reconocimiento es la recompensa del trabajo bien hecho.

MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Ya lo dijo Virginia Wollf: «Ser una misma es mucho más importante que todo lo demás», ese leitmotiv, sin duda alguna, lo llevan a gala las personas que luchan incesantemente por conseguir la igualdad de los derechos humanos y también la igualdad entre hombres y mujeres. Esta última batalla es la que durante años ha impulsado el «Club de las 25», una asociación de mujeres que con sus premios anuales reconoce la labor de otras que luchan por la ansiada paridad y por el reconocimiento de la mujer en el ámbito social y profesional.

En las últimas ediciones de premios, María Teresa Fernández de la Vega venía siendo una asidua asistente a la cena de entrega que se celebra en el hotel Palace, pero esta vez fue ella la galardonada en reconocimiento a su trayectoria profesional y por su contribución a impulsar la igualdad de las mujeres. En esta XV edición también se premio a la cineasta Isabel Coixet por su documental titulado «Escuchando al juez Garzón», que recibió el galardón de manos del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz.

La deportista Gisela Pulido, ocho veces campeona del mundo en su especialidad Kitesurf, y la bloguera Shahinaz Andel Salam recibieron también sendos premios, unos abanicos pintados a mano por Ouka Leele. A la bloguera egipcia Shahinaz Andel Salam se la premió por la creación de su blog en el que desde hace seis años escribe sin tapujos sobre la realidad de su país, opinando sobre política y religión así como por denunciar con valentía el régimen de Mubarak y la violación de los derechos humanos. Una sonriente Maruja Torres le hacía entrega del emblemático abanico.

El mundo de la interpretación también recibió su reconocimiento, este año Julia Gutiérrez Caba recibía el premio de manos de Juan Diego Botto por toda una vida dedicada a los escenarios y por pertenecer a una de las familias con más solera en el mundo teatral y cinematográfico. Sus palabras de agradecimiento por ser la actriz elegida fueron muy emotivas. Una vez más, esta dama de la escena hizo gala de su humildad y sencillez.

Una mención especial le quiero dedicar a José María Iñigo, con él y con su encantadora esposa Pilar Piniella pude departir durante la cena de la gran noche del Club de las 25. Iñigo aún no sabía que la «Academia de la Televisión» le premiaría por «Toda una Vida» dedicado al medio y por una valorada y reconocida trayectoria profesional. Más de cincuenta años trabajando en radio, televisión y prensa no caen en saco roto, ya que anécdotas, vivencias inolvidables y experiencias, unas buenas y otras peores, no faltan en su mochila. Para una periodista a la que aún le quedan unos cuantos años de profesión, o al menos eso espero, es muy enriquecedor escuchar a un hombre que a su manera forma parte ya de la historia de la televisión en España. Sus dos hijos estudian periodismo, algo que a él no le hace ni pizca de gracia: «Hubiera preferido que hubiesen estudiado una profesión en la que no fuese posible el intrusismo», me dijo, y no tuve más remedio que darle la razón. Será a finales de junio cuando recoja su merecido trofeo coincidiendo con sus recién cumplidos setenta años. Felicidades José María.

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