MUJER HOY ENTREVISTA A LA ACTRIZ DE 'SALVAJES'

Salma Hayek: “Sé que soy bajita y rechoncha, pero mi marido me quiere así”

Salma Hayek: “Sé que soy bajita y rechoncha, pero mi marido me quiere así”
Salma Hayek.

La famosa actriz latina es muy consciente de su físico y se lo toma con mucho sentido del humor. «Para lo que como y para el poco ejercicio que hago, no estoy tan mal -sonríe-. En realidad, me gustaría comer mucho más. Soy de las que comerían hasta reventar». Sé que podría estar mucho mejor, pero no hago suficientes esfuerzos».

Pero Hayek no es de las que se disculpan. Al contrario. Siempre ha reivindicado sus curvas. «Ya sé que soy bajita y rechoncha pero mi marido me quiere así», dice satisfecha.

Sobre su último trabajo junto a Oliver Stone, explica que «siempre había querido trabajar con Oliver, sobre todo porque escribió el personaje para mí y eso es halagador». «Cuando empezamos a ensayar, todo lo que yo hacía le encantaba -añade–. Llegó a traer una grabadora para incluir mis frases en el guión. ¡Yo estaba feliz!»

Habla con pasión arrebatada de su trabajo, de su proceso para encontrar el alma de cada personaje. Supo que quería ser actriz cuando, de niña, fue a ver «Willy Wonka y la fábrica de chocolate». A los 23 años, la telenovela «Teresa» la convirtió en una estrella en México.

Pero no quería ser una actriz de culebrón y se plantó en Los Ángeles sin hablar una palabra de inglés. Nadie se la tomó en serio hasta que Robert Rodríguez vio en ella a la amante del mariachi Banderas en «Desperado». Y cuando las puertas de Hollywood se abrieron, Salma aprovechó la oportunidad. Poco con el paso de los años, su aspecto marcadamente latino le puso las cosas difíciles y Hayek cambió de plan.

Si Hollywood no era capaz de encontrarle un hueco, tendría que buscárselo ella misma. Le costó mucho, pero en 2002 produjo y protagonizó su proyecto más personal: «Frida». Y la industria se lo reconoció con una nominación al Oscar.

Pero cuando, hace cinco años, se convirtió en madre, sus prioridades cambiaron. «Tuve la tentación de decir adiós a Hollywood, pero fue antes de quedarme embarazada. Yo ya estaba con mi esposo, aunque nadie lo sabía aún, y empecé a producir más y a actuar menos. Fue él quien me animó a volver a la interpretación».

Salma está casada con François-Henri Pinault, dueño del conglomerado de marcas de lujo PPR, que agrupa a firmas como Yves Saint Laurent, Bottega Veneta y Gucci. La relación de Salma con Pinault también tuvo sus dosis de suspense. Ahora, esos altibajos son historia y es madre de familia numerosa.

Pinault tiene dos hijos de su anterior matrimonio y Hayek habla de ellos como si fueran suyos. «Yo tengo más hijos, los de mi marido». Confiesa que fue una niña mimada. Su madre, la cantante de ópera Diana Jiménez Medina, y su padre, Sami Hayek, ejecutivo de una petrolífera que probó suerte en la política local, se encargaron de que nunca le faltara de nada. Quizá se excedieron, pero a Hayek no le preocupa cometer el mismo «pecado» con su hija. «La mimo mucho. Para mí no hay límite para mimar en lo que a demostraciones de amor se refiere».

Hayek vive entre París, donde su marido maneja los designios de su imperio, Los Ángeles y los aeropuertos de medio mundo. Ahora, España le queda más cerca que nunca. El año pasado protagonizó la cinta de Álex de la Iglesia «La chispa de la vida».

Sobre trabajar con Almodóvar, tiene claro que «si él hubiera querido trabajar conmigo, ya me habría ofrecido un papel. Yo no le voy a presionar. No tengo que estar en todas las películas de los directores que adoro, me basta con que no dejen de hacerlas porque me inspiran como actriz».

 

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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