El abogado del Duque de Palma, Pascual Vives, dispondría de 10.000 emails de contenido desconocido

La defensa de Urdangarín contrató a un ‘hacker’ para piratear correos electrónicos

El Ministerio de Defensa niega que 'M.B.' trabajara para el CNI

Tuvo que responder a la razón por la cual se le intervinieron 140.000 euros en efectivo durante la operación Pitiusa

El caso Urdangarín se enreda hasta extremos estratosféricos. El último capítulo -hasta la fecha- viene hoy en la portada de El Mundo:

«Un agente del CNI ‘hackeó’ más de 30.000 correos de Nóos. Los tenía en un ‘pen drive’ que le incautaron al ser detenido en la ‘operación Pitiusa’. Reconoció trabajar «para Defensa».

Según asegura el diario, el argentino Matías Bevilacqua hizo el trabajo a petición del entorno de Iñaki Urdangarín, después de que su exsocio, Diego Torres, amenazara con sacar a la luz emails comprometedores para el duque de Palma.

Para ilustrar la primera página, el periódico elige una fotografía de Cristina de Borbón, sonriente tras visitar ayer a su padre en la madrileña clínica de La Milagrosa:

«La Infanta estaba en Nóos pero «no hacía nada», titula, a partir de la declaración de su esposo, el duque consorte de Palma, al juez Castro el pasado 23 de febrero.

Pablo Muñoz, en ‘ABC‘, amplia y detalla la información sobre el hacker.

«El implicado, cuya identidad corresponde a las iniciales M. B., afirma ese dispositivo electrónico se lo había proporcionado el abogado de Iñaki Urdangarín, Mario Pascual Vives, quien le habría contratado para abrir los correos electrónicos que contenía y elaborar luego con ellos un mapa que le sirviera en su estrategia de defensa».

El hacker pudo aplicar programas de recuperación de correos electrónicos, de modo que obtuvo 30.000, diez mil más de los que constan en la causa.

EL MINISTERIO DE DEFENSA NIEGA

El ministro de Defensa, Pedro Morenés, ha desvinculado al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) del robo de los correos electrónicos relacionados con la contabilidad del Instituto Nóos, que controlaban Urdangarín y Diego Torres.

Morenés, en declaraciones a la Cadena Cope, ha afirmado que el ‘hacker’ no es un agente del CNI, sino de una persona que trabajó para el CNI «de acuerdo «a las normas de contratación con el Estado»:

«El CNI aprendió todas las técnicas que este señor sabía y dejó de contratarle porque ya no lo necesitaba».

LA ROCAMBOLESCA HISTORIA

La rocambolesca historia, que a día de hoy sigue siendo investigada por el juez José Castro y el fiscal Anticorrupción Pedro Horrach, forma parte de una pieza secreta que se abrió después de que el magistrado que instruye la operación Pitiusa se inhibiese en favor de su compañero de Palma tras el hallazgo de la información del caso Nóos.

Como es lógico, saltaron todas las alarmas ante la sospecha de que los ordenadores de los investigadores pudieran haber sido hackeados.

El ingeniero informático explicó que desde hacía años hacía algunos trabajos para el CNI, en especial de asuntos relacionados con las comunicaciones en la red.

Dio los teléfonos de sus contactos, que fueron comprobados, y además se pudo ver que en los extractos bancarios de años anteriores había ingresos realizados por el servicio de inteligencia español.

Además, tuvo que responder a la razón por la cual se le intervinieron 140.000 euros en efectivo durante la operación Pitiusa, que justificó diciendo que era de pagos que había recibido del CNI.

Añadió que en esta ocasión se le habían abonado así sus servicios porque, según le dijeron sus contactos, la crisis económica obligaba a reducir costes.

Las explicaciones de M. B. -no se publica su identidad completa por razones de seguridad-, sin embargo, seguían sin dar respuesta a por qué ese pendrive del caso Nóos estaba en su despacho.

La contestación sorprendió aún más: simplemente, dijo, porque le había contratado el abogado del Duque de Palma, que era quien se lo había dado a él.

El trabajo que debía realizar era abrir los correos electrónicos que contenía el pen -en realidad eran los que tenían ya todas las partes, y que habían sido aportados por el juzgado tras abrirse el secreto de sumario-, y posteriormente organizárselos para que tuviera una mejor comprensión de los mismos. Por este servicio habría recibido varios miles de euros, una cantidad que se considera desproporcionada por fuentes del sector para ese trabajo.

No obstante, al ser preguntado el propio Mario Pascual Vives admitió que había contratado al ingeniero informático, lo que justificó por su falta de pericia en el manejo de ordenadores y sistemas informáticos.

Pero según las fuentes consultadas el trabajo del hacker fue más allá, y al parecer aplicó técnicas de recuperación de correos electrónicos borrados.

Con ellas habría recuperado 30.000 de estos mensajes, diez mil más de los que constan en el sumario. Según todos los indicios, el letrado del Duque de Palma dispondría de ellos, lo que ha llevado la inquietud a otras partes personadas en el caso.

Las fuentes consultadas destacan que al menos de momento no se ha podido demostrar ninguna implicación de este ingeniero informático en supuestas estrategias de espionaje en los ordenadores de los investigadores.

Entre otras razones porque el pendrive entregado por Pascual Vives tiene exactamente la misma fecha de los que entregó el juzgado a todas las partes cuando levantó el secreto de sumario.

 

 

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